Entrevista a Isabel Allende

Isabel Allende: «Uno es vulnerable por los secretos que guarda, no por los que cuenta». A pocos meses de cumplir sus 80, la escritora en español más vendida, traducida y leída en esta lengua, vuelve a mostrar la persistencia de su escritura con la novela «Violeta», que marca su regreso a la ficción después de «Mujeres del alma mía».

POR JULIETA GROSSO

Isabel Allende escribi 25 libros y recibi ms de 60 premios internacionales Foto Lori Barra

Con «Violeta», una novela que registra la vida de una mujer entre dos pandemias -la de la gripe española que tuvo lugar en 1918 y la actual de coronavirus-, la escritora chilena Isabel Allende recorre cien años de la historia latinoamericana a partir de una mujer que debe confrontarse a mandatos de géneros y a las adversidades del siglo XX, una trama que despeja toda idea romántica acerca del pasado ya que, según sostuvo la narradora en un encuentro con la prensa, «no hay tiempo pasado en el cual hubiera más gente incorporada a la educación y a la salud o menos gente muriéndose de hambre o de enfermedades incurables».

A pocos meses de cumplir sus 80, la escritora en español más vendida, traducida y leída en esta lengua, vuelve a mostrar la persistencia de su escritura con esta historia que a tono con la cábala que la acompaña desde hace más de 40 años, también empezó a escribir un 8 de enero -el de 2020- y que marca su regreso a la ficción después de «Mujeres del alma mía», el texto autobiográfico que presentó el año pasado donde delineaba un mapa afectivo con mujeres claves de su vida y otras desconocidas que fueron víctimas de alguna forma de opresión ligada al patriarcado.

«Nos silencian una y otra vez. Y por aquí y por allá igual surgen las voces. No se puede cambiar la historia, no se pueden guardar los secretos para siempre. Nuestro papel es constantemente desafiar: desafiar la censura, el machismo, el patriarcado y seguir tratando de que nuestras voces se oigan -destacó en una conferencia de prensa realizada hoy ante numerosos medios de España y Latinomérica-. Hay que tener fe en que entre todas algo vamos a cambiar. Solas somos muy vulnerables, juntas invencibles».

Uno de los retratos incluidos en su libro anterior estaba dedicado a su madre, Francisca Llona Barros -Paquita para sus allegados-, una mujer que murió a los 98 años, poco antes de que se desate la pandemia de Covid-19, y que ahora inspira a la protagonista de «Violeta» (Plaza y Janés) en un ensamble que vincula lo real con lo aspiracional: es que Allende recrea en esta historia ese mundo de relegamiento y obstáculos que le tocó vivir a su madre, pero por obra de la ficción le da la chance de una redención que no tuvo lugar en la realidad.

«Mi madre fue una mujer extraordinaria pero no tuvo una vida extraordinaria porque nunca pudo mantenerse sola y vivió sometida: primero a su padre, luego a su marido, y finalmente fui yo la que pagó las cuentas. Ella no tuvo esa libertad económica que siempre desee para ella y que justamente le di a Violeta, que es un personaje parecido a mi madre en el sentido de que es bella, interesante, fuerte, irónica, atrevida y con una gran visión respecto al futuro y a las cosas…. Se parece a mi madre pero a diferencia de ella puede ser una mujer independiente… no hay feminismo sin independencia económica«, señaló.

El acompañamiento materno ha sido fundamental para la autora chilena: sin ella, según reconoció alguna vez, no habría podido sobrevivir a la traumática muerte de su hija, Paula, en 1992, tras un año entero en coma. Era tanto el amor que se tenían, que madre e hija se habían escrito a diario durante décadas. La escritora aún conserva las más de 24.000 cartas que se intercambiaron y que su hijo Nicolás mandó digitalizar para que no se perdiera ninguna. ¿El amor mueve al mundo?, le preguntaron a la autora de «La casa de los espíritus», que ofreció una visión matizada del sentimiento: «No solamente el amor, también la ambición, el poder, la codicia», aseguró.

Foto Lori Barra

Allende se declaró «tan apasionada y romántica» como cuando tenía 20, 40 o 60 años. «Las relaciones cambian porque la edad por supuesto pesa -señaló-. A los 77 me he casado con un señor de origen polaco con el que no tenemos nada en común, y ahí nos pescó la pandemia y nos dejó encerrados por casi dos años en una casa pequeña en una eterna luna de miel… está resultando de lo más bien», contó.

«Vine al mundo un viernes de tormenta en 1920, el año de la peste», se lee en la primera línea de la novela que a partir de mañana estará disponible en todas las librerías del mundo hispanoamericano.¿Ese mundo que narra la autora en su novela era más amigable o más funesto que el actual? La narradora no tiene dudas: «Ningún tiempo pasado fue mejor, esa es una especie de ilusión que tenemos. Escribo novelas históricas que van desde 1541 y puedo decir que no hay tiempo pasado en el cual hubiera más gente incorporada a la educación y a la salud o menos gente muriéndose de hambre o de enfermedades incurables -enfatizó-. El mundo avanza pero lentamente y en una línea recta. Se está avanzando mucho y por cada cosa horrible que pasa hay otras buenas para contrarrestarla».

Entre todas las reconfiguraciones que definen al actual signo de los tiempos, hay una que Allende rechaza categórica: la tendencia a cancelar obras o autores cuando representan visiones arcaicas o incómodas del pasado. «Tal vez lo más cuerdo sería que la historia se enseñe como debe enseñarse, no solamente la historia que cuenta el vencedor, que generalmente es un hombre blanco, sino la historia con las voces de los derrotados, de los pobres, de las mujeres, de la gente color. Esas voces que están acalladas son las que hay que traer a los textos y a nuestra narrativa del pasado», aseguró.

«Ahora, no se puede ni se deberían eliminar aquellos signos del pasado que nos recuerdan ese pasado sino revisar ese pasado», sostuvo Allende para luego referirse a la controversia que se da actualmente en Chile a partir de un tramo de las memorias de Pablo Neruda en las que confiesa que violó a una mujer. «Hoy día las feministas chilenas quieren eliminar a Pablo Neruda, que es el poeta más importante que ha producido Chile y uno de los más grandes de la historia de la poesía. Una cosa es el hombre fallado y otra es la obra -se posicionó-. Revisemos su vida privada pero no eliminemos todo, porque si no, no queda nadie. Hay que revisar la historia para que se cuente como se debe contar».

En la saga de mujeres insumisas que avanzan a contrapelo de los mandatos de época, la protagonista del nuevo texto de Allende retoma la audacia, el tesón y la impertinencia de algunas de sus heroínas anteriores, como la guerrera de «Inés del alma mía» o la aventurera de «Hija de la fortuna» y se convierte en una suerte de hilo conductor para revisar algunos de los acontecimientos más decisivos de la última centuria, como la crisis económica de 1929 que hizo desplomar muchas economías mundiales, la lucha por generar un mundo más igualitario para las mujeres o las dictaduras sucesivas que bañaron de violencia el continente latinoamericano.

La existencia de Violeta está encerrada entre pandemias. La primera de ellas fue la de gripe española, que tuvo lugar en 1918 y se diseminó a través del mundo por el movimiento de tropas durante la Primera Guerra Mundial dejando unos 50 millones de muertes, al mismo tiempo que se iniciaba la vida de la protagonista. La otra remite a la que sigue agitando al mundo en la actualidad.

Foto Lori Barra

«Me resultó casi poética pensar en esa unión o ese círculo entre la influenza de 1918 y esta situación actual, de manera que la pandemia me sirvió para darle forma a esta novela», señaló Allende, que volvió a aludir a su ritual inamovible para dar comienzo a cada nuevo proceso de escritura: «El 8 de enero me siento aquí, frente a la computadora donde estoy ahora, y empiezo algo que no sé lo que es ni para donde va. Y van apareciendo personajes a medida que los necesito, de manera que el trabajo de empezar un libro es como lanzarse con una vela a un lugar oscuro, donde poco a poco vas iluminando los rincones».

Desde que publicó su primera novela, «La casa de los espíritus», Allende ha dedicado más de cuatro décadas de su vida a la literatura. Escribió 25 libros y recibió más de 60 premios internacionales, entre ellos el Hans Christian Andersen 2012 de Di­namarca por las «Memorias del Águila y del Jaguar». En 2018 se convirtió en la primera escritora en lengua española pre­miada con la medalla de honor del National Book Award, en Estados Unidos, por su aporte al mundo de las letras.

Su popularidad es tan grande que la convirtió en protagonista de una biopic, «Isabel», una miniserie que el año pasado estrenó Amazon Prime y que abarca los primeros 50 años de su vida. Verse representada en la pantalla parece haber resultado una experiencia gratificante: «Me halagó mucho que inviertan en hacer algo sobre mi vida. La mayor parte la encontró estupenda pero los más cercanos como mi marido o mi hijo sintieron que habían expuesto demasiado mi parte mala, pero no hay nada en ese serie que yo no hubiera escrito, de manera que yo misma me he expuesto. Y no guardo ningún secreto. En ese sentido creo que uno es vulnerable por los secretos que guarda, no por los que cuenta», indicó.

Pese a que lleva más de 45 años viviendo fuera de Chile, la relación con el país cordillerano es fluida, entrañable. No solo a la hora de recrearlo como escenario de sus ficciones («es el único territorio al que puedo volver sin pensarlo, lo tengo metido debajo de la piel») sino de estar pendiente de sus vaivenes políticos, y ahora también de la expectativa que atraviesa la sociedad chilena por la flamante presidencia de Gabriel Boric, quien acaba de sumar a su gabinete como ministra de Defensa a Maya Fernández Allende, la nieta del exmandatario Salvador Allende, a su vez primo hermano del padre de la escritora.

«Es una mujer joven que se crio en Cuba y estará en una posición muy especial porque tendrá que entenderse con las Fuerzas Armadas… no nos olvidemos del pasado de las Fuerzas Armadas en Chile -analizó. Lo veo como una cosa curiosa y estoy encantado con el gabinete que ha nombrado Boric porque es muy diverso -hay 14 mujeres y diez hombres- y demuestra una intención sólida de que haya paridad de género. Lo otro es que sea una nueva generación que asciende al poder».

A solo seis meses de llegar a los 80, el clima de balance o epílogo bordea forma parte también del repertorio clásico de conferencia de prensa. A Allende, sin embargo, la pregunta por el futuro no parece inquietarla: «No sé cuál es mi siguiente paso porque no sé si voy a estar viva mañana. No hago proyectos a largo plazo: nunca los hice, pero ahora más que nunca -confesó-. Quisiera seguir escribiendo por mucho tiempo más pero eso va a depender de mi estado mental. Suponte que me ponga paranoica, esquizofrénica, me dé alzheimer… cualquiera de esas cosas se acabó la escritura». Y sintetizó: «Mi plan es seguir teniendo una vida lo más sencilla posible, con mi marido, con los dos perros y ya, no complicarme la existencia».

Fuente: Télam