Desde 1987 se reafirma que la salud de las mujeres sea tratada como un derecho humano integral
El 28 de mayo es una fecha con historia y consigna clara: desde 1987 reafirma que la salud de las mujeres sea tratada como un derecho humano integral. La evidencia global nos demuestra que hablar de salud no implica únicamente la ausencia de enfermedad.
Desde el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) sostenemos que el bienestar integral exige garantizar la integridad física y psicológica de cada persona. Por eso, la violencia contra mujeres y niñas no es un asunto privado, es una crisis de salud pública y una barrera estructural para el desarrollo del capital humano.
Los datos son contundentes:
A nivel global y regional: la OMS advierte que casi 1 de cada 3 mujeres sufre violencia física o sexual a lo largo de su vida. Informes globales de UNFPA revelan cómo las desigualdades se potencian en contextos vulnerables; por ejemplo, las mujeres con discapacidad tienen hasta diez veces más probabilidades de atravesar situaciones de violencia.
En Argentina: los datos de la Encuesta Nacional de Prevalencia de la Iniciativa Spotlight (2022) señalan que el 45% de las mujeres atraviesa o ha atravesado violencia doméstica por parte de sus parejas, socavando su salud física, mental, sexual y reproductiva.
Ante esta realidad, UNFPA ratifica la importancia de acompañar a las mujeres en todas las etapas de su curso de vida, entendiendo que la protección de sus derechos debe ser continua y efectiva, desde la prevención temprana en la adolescencia hasta el cuidado integral en la adultez.
La respuesta no puede quedarse en un enunciado abstracto; se define en la gestión de cercanía, en la primera línea donde las provincias y los municipios actúan día a día. Ahí es donde cobra un gran valor el trabajo de la Red de Mecanismos de Adelanto de las Mujeres, una iniciativa federal de UNFPA y ONU Mujeres que funciona como termómetro de cada comunidad: son quienes conocen de primera mano las barreras que atraviesan las mujeres en situación de violencia, y articulan los esfuerzos para que los recursos y las políticas lleguen de manera efectiva.
Por su lado, el abordaje de la violencia desde el sistema sanitario exige poner el foco en la prevención y en la atención respetuosa. El efector de salud —la salita del barrio, el hospital local— suele ser el primer lugar, y a veces el único, al que una mujer acude. Por eso, resulta vital consolidar servicios de salud que ofrezcan una escucha empática y de calidad, libre de prejuicios y estrictamente centrada en las necesidades, tiempos y decisiones de las sobrevivientes.
Para que estas respuestas sean adecuadas, la articulación fluida entre las áreas de salud, las que trabajan por los derechos de las mujeres y la justicia es una garantía real para no revictimizar a las mujeres y así evitar que quienes ya han sido vulneradas tengan que peregrinar por distintas ventanillas institucionales repitiendo su historia, un círculo burocrático que a menudo las aleja de los tratamientos médicos y del acceso a la justicia.
Conmemorar este 28 de mayo es recordar que la erradicación de la violencia es un componente indiscutible del bienestar integral. Lograrlo exige profundizar la articulación estratégica entre los sistemas de salud y las áreas de protección. Renovamos nuestro compromiso en este proceso, aportando cooperación técnica y apoyo para que este camino sea una realidad efectiva en todo el país.
Fuente: https://www.clarin.com/opinion/erradicacion-violencia-mujeres-ninas_0_3B3il29Gfe.html