Día mundial de la obesidad

Ocho sociedades médicas difundieron 10 motivos que explican la complejidad del origen y el tratamiento de la obesidad.

«Comer menos y moverse más» es una de las recetas más difundidas para bajar de peso. Pero si bien se enuncia con facilidad, llevarla a cabo no es tarea sencilla y aun haciéndolo no siempre se obtiene el objetivo buscado. Es que en el desarrollo de la obesidad intervienen múltiples factores y su tratamiento requiere un abordaje individualizado, que responda a las particularidades de cada persona.

Así lo advierten 8 sociedades médicas, entre las que se encuentran la Sociedad Argentina de Nutrición (SAN), la Asociación Argentina de Dietistas y Nutricionistas Dietistas (AADYND) y la Fundación Cardiológica Argentina (FCA) en vísperas del Día Mundial de la Obesidad, que se conmemora el 4 de marzo.

El avance acelerado del sobrepeso y la obesidad es considerado un problema de salud pública prioritario en el mundo, porque son factores de riesgo clave para el desarrollo de enfermedades crónicas no transmisibles, como cardiovasculares, diabetes y algunos tipos de cáncer.

Pero pese a que todavía persiste desde una mirada estigmatizante la idea de que «es gordo el que quiere», ni la causa ni el abordaje de la obesidad se agotan en la voluntad individual de la persona con exceso de peso.

La ciencia demostró que existen múltiples factores que explican el desarrollo de la obesidad y que median en su abordaje. El documento elaborado en conjunto por las sociedades médicas pone de manifiesto 10 motivos que explican la complejidad del problema.El éxito del tratamiento de la obesidad no depende solo de la voluntad de la persona. Foto Shutterstock.

El éxito del tratamiento de la obesidad no depende solo de la voluntad de la persona. Foto Shutterstock.

  • Más del 60% de los adultos están excedidos de peso

La Encuesta Nacional de Factores de Riesgo es un reflejo del preocupante avance del sobrepeso y la obesidad en el país que, en conjunto, afectaban en la última edición (de 2018) al 61,6% de la población, mientras que en 2013 alcanzaban al 57,9%, y en 2005 al 49%. La escalada es sostenida: desde que empezó a realizarse la encuesta, en cada edición se registra un crecimiento que ronda los cuatro puntos porcentuales.

«Estos son los datos oficiales más recientes que tenemos a nivel nacional, pero los relevamientos que llevamos adelante en nuestra sociedad durante la pandemia nos dan la pauta de que los últimos dos años no han hecho más que agravar esta situación«, señala Marianela Aguirre Ackermann, médica especialista en Nutrición y magister en Diabetes y Coordinadora del Grupo de Trabajo de Obesidad de la SAN.

Desde la explosión de la crisis sanitaria, las personas que ganaron más peso son las que ya presentaban sobrepeso y obesidad, «justamente quienes tienen más riesgo de enfermedad severa por COVID-19», advierte.

La obesidad se define por por el índice de masa corporal (IMC), un indicador de la relación entre el peso y la talla (altura). Se calcula dividiendo el peso de una persona en kilos por el cuadrado de su talla en metros (kg/m2). Si esa cuenta da más de 25, la persona tiene sobrepeso; si da más de 30, obesidad. (Podés calcular tu IMC acá).La obesidad abdominal es la más riesgosa para la salud. Foto Shutterstock.

La obesidad abdominal es la más riesgosa para la salud. Foto Shutterstock.

  • Riesgos para la salud

«Se debe tomar más conciencia en nuestro país sobre el impacto negativo que la obesidad puede tener para la salud, tanto por sus consecuencias cardiovasculares como metabólicas -en el mayor riesgo de desarrollar de diabetes tipo 2 o hígado graso– e inclusive en el de distintos tipos de cáncer«, explica Paola Harwicz, médica cardióloga y especialista en nutrición, ex directora del Consejo de Cardiometabolismo de la Sociedad Argentina de Cardiología.

  • Ni culpa, ni falta de voluntad

El documento apunta que en el desarrollo de obesidad influyen factores genéticos (predisposición y aspectos evolutivos), el metabolismo (desequilibrios hormonales), aspectos emocionales (como aburrimiento o disfrute por comer), la salud mental (estrés, ansiedad o depresión), al ambiente (dónde y cómo vivimos), trastornos del sueño y hasta presiones sociales o familiares que vienen desde la niñez (la indicación de terminar todo lo que está en el plato, por ejemplo).

  • Más que comer menos y moverse más

«Si fuera sencillo bajar de peso, tendríamos que estar cada vez mejor, pero no es lo que reflejan las estadísticas. Ciertamente, lograr el descenso de peso y sostenerlo en el tiempo es un desafío complejo que requiere un abordaje integral», dice Harwicz, actual integrante de la FCA.

Y señala que los profesionales de la salud son los primeros que tienen que ampliar la mirada en el abordaje de las personas con obesidad.

«En el consultorio -afirma-, además de pesar y medir la altura y el perímetro de cintura de la persona para hacer un diagnóstico correcto de situación, podemos abordar el aspecto emocional y conocer cómo están sus relaciones interpersonales en su familia y trabajo, cómo se siente con su cuerpo y cómo percibe la mirada de su entorno.»

También consultar si descansa bien, si hace actividad física en forma regular o si está pasando por alguna situación de estrés.

«Así podremos conocer aspectos que influyen en su conducta alimentaria y -por ende- en su peso corporal.»

  • Modo resistencia

«Como si esto fuera poco, independientemente de las causas detrás de la ganancia de peso en cada persona, una vez que se empieza a bajar de peso, el organismo desarrolla -por aspectos adaptativos- mecanismos para resistir esos intentos, buscando retornar al peso anterior», explica Aguirre Ackermann.

Y añade: «Esto es aún peor con las dietas extremas porque nuestro cuerpo está diseñado para resistir ante la escasez de alimentos: cuando comemos muy poco, el metabolismo se hace más lento para gastar menos calorías y, a la vez, aumenta las hormonas del hambre para que busquemos comer para recargar energías».Aconsejan recibir asesoramiento y seguimiento profesional. Foto Shutterstock.

Aconsejan recibir asesoramiento y seguimiento profesional. Foto Shutterstock.

  • Empezar desde la infancia

En Argentina, los niños, niñas y adolescentes comen considerablemente peor que los adultos y 4 de cada 10 tienen sobrepeso u obesidad, según la última Encuesta Nacional de Nutrición y Salud.

Un reciente informe de la Organización Mundial de la Salud establece que, si no se toman medidas concretas para cambiar la realidad actual y futura, para 2030 el 27,2% de los niños entre 5 y 9 años tendrá obesidad (es decir, un IMC superior a 30, lo que eleva los riesgos para la salud).

«La población pediátrica presenta un panorama preocupante. Muchos niños crecen actualmente en un entorno que favorece el aumento de peso y la obesidad: cambios en el tipo de alimentos y en su disponibilidad, descenso en la actividad física con mayor tiempo dedicado a actividades sedentarias y que suponen estar frente a una pantalla», analiza Aguirre Ackermann.

Y destaca que «los patrones alimentarios se forjan en las primeras etapas de la vida por lo que ese es el mejor momento para actuar» .

  • Persistencia del estigma

Todavía se manifiesta en miradas, discriminación y rechazo, aspectos que pueden dañar la autoestima, favorecer el desarrollo de cuadros de ansiedad y depresión, que probablemente alejen a la persona del cuidado de su salud y de su peso corporal, destacan las sociedades médicas.

«Es necesario actuar para cambiar la realidad, porque estigmatizando a la persona con obesidad se es parte del problema y debemos procurar ser parte de la solución», opina Harwicz.

  • Aceptarse, quererse y cuidar la salud

En ese sentido, reconoce el aporte positivo del activismo orientado a aceptar el propio cuerpo tal como es, «porque invita a cambiar la manera de valorarse, superando complejos y estigmas, y combatiendo toda forma de discriminación».

No obstante, afirma que «quererse es mucho más que aceptarse» y «un cuadro de obesidad requiere que se tomen medidas para cuidar el cuerpo y la salud, para poder llevar una vida más plena, más larga, disminuyendo el riesgo de desarrollar complicaciones que atenten contra ello».

  • Consulta médica

El documento llama la atención sobre que al tratarse de una cuestión vinculada a la salud, requiere un abordaje especializado y personalizado, que atienda la necesidad individual, biología, comportamiento y bienestar emocional de cada persona.

  • Involucrarse

«La obesidad ya no es considerada una cuestión individual y ha pasado a involucrarnos a todos como sociedad. Todos podemos trabajar juntos para crear un futuro más saludable.Es importante que cada uno, desde su lugar, se involucre para encontrar soluciones, sea pidiendo ayuda especializada, dejando atrás el estigma, desarrollando más empatía o tomando las decisiones de políticas públicas que sean necesarias», concluyó Aguirre Ackermann.La incorporación de hábitos saludables es fundamental para el descenso de peso. Foto Shutterstock.

La incorporación de hábitos saludables es fundamental para el descenso de peso. Foto Shutterstock.

Qué debe incluir el tratamiento

A partir de los 10 motivos para actuar contra la obesidad, surge la pregunta sobre cómo debe ser abordada en forma correcta.

En ese sentido, autoridades de la SAN, la AADYND y la FCA, la Sociedad Argentina de Médicos Nutricionistas (SAMENUT), Sociedad Argentina de Endocrinología y Metabolismo (SAEM), Sociedad Argentina de Obesidad y Trastornos Alimenticios (SAOTA), Sociedad Argentina de Cirugía de la Obesidad (SACO), y la Sociedad Argentina de Medicina (SAM) remarcaron el aporte del seguimiento médico en el tiempo y delinearon, a grandes rasgos, incluiría: 

  • Mejorar patrones alimentarios: con apoyo de un especialista, comer variado y saludable, manteniendo la ingesta de los nutrientes necesarios, sin caer en dietas mágicas que sólo consiguen resultados de corto plazo y hacen mal a la salud.
  • Vida activa: tras realizar todos los chequeos de salud necesarios, diseñar un plan de actividad física, aquella realmente realizable y sostenible en el tiempo (caminata, baile, bicicleta), siempre procurando llevar una vida más activa.
  • Manejo de emociones: existen técnicas de relajación para lidiar con el estrés y, tal vez, con ayuda de un especialista, se puede identificar, en el plano de las emociones, por qué se come de más, para contribuir a controlarlo. Ante cuadros más complejos, como de ansiedad o depresión, siempre consultar con un médico.
  • Ambiente: tomar buenas decisiones en los lugares de compra de alimentos y procurar tener siempre en casa opciones saludables y que no estén a mano solo los de elevado aporte calórico y bajo valor nutricional. Lo mismo en el trabajo y en eventos sociales.
  • Conducta alimentaria y metabolismo: el equipo médico determinará si es pertinente incluir en el tratamiento herramientas farmacológicas orientadas a equilibrar el aspecto hormonal que interviene en los mecanismos de saciedad y que han demostrado beneficios para bajar de peso, o si la persona tiene indicación de cirugía bariátrica.

Fuente: https://www.clarin.com/buena-vida/bajar-peso-alcanza-comer-moverse-_0_wnNrSmfDqn.html