Testimonios de las que mueven la tierra

Tres testimonios de mujeres que mueven la tierra a lo largo del país. Solo una de cada diez mujeres encabeza en la Argentina un emprendimiento rural: a diario realizan grandes esfuerzos que incluyen además del trabajo en la tierra, tareas de crianza y de cuidado. Las corresponsalías de Télam recopilaron testimonios en vísperas del Día Internacional de las Mujeres Rurales.

Por Corresponsales

Tucumán
Graciela y un emprendimiento dedicado a la cría de animales
Graciela del Carmen Medina es una pequeña productora rural, quien junto a su familia puso en marcha un emprendimiento dedicado a la cría de animales y a la producción de artesanías de cuero y dulces, en la zona campestre de Lamadrid, al sudeste de la provincia de Tucumán.

A algunos kilómetros de donde está ubicado el poblado de Lamadrid, en una zona de campos en cual la vegetación genera beneficios indispensables para el desarrollo de vida en la región, Graciela lleva adelante su emprendimiento acompañada por su pareja y sus hijos, en el lugar donde además vive.

La pequeña productora hace 19 años que se dedica al cuidado de animales, a lo largo de su vida se capacitó con mucho esfuerzo en las distintas actividades en las que se desempeña como la cría de ganado menor, producción de quesos de cabra, dulces artesanales y artesanías en cuero.

Foto: Diego Araoz
«Siempre intentamos que los productos que hacemos sean perfectos, por eso nos capacitamos, si bien muchas cosas en el campo las vamos aprendiendo mientras vamos creciendo, como el cuidado de los animales y recetas de los dulces, siempre hay algo más para aprender», dijo a Télam Graciela.

La emprendedora señaló que sus conocimientos también fueron trasmitidos por su pareja, quien «toda su vida se encargó de la actividad vinculada a la cría de ganado menor, lo heredó de sus padres, y yo aprendí de él durante todos los años que vivimos juntos, que ya son casi 19».

La mujer contó que su emprendimiento surgió en «el 2003 a partir de la formación de una organización de pequeños productores caprinos en la zona» a la que Graciela perteneció y a la cual lideró durante varios años.

«Con ellos -agregó- nos especializamos en la elaboración de quesos de cabra, algunos saborizados, y también hacíamos artesanías que vendíamos en ferias».

Foto: Diego Araoz
Con esta organización «ganamos tres premios en la Expo Láctea de Trancas, como el mejor queso de Tucumán y hasta llegaron a Italia donde nos dieron el renombre de quesos de cabra Baluarte Slow Food, porque solo los producíamos nosotros», recordó orgullosa Graciela.

«Hicimos muchas cosas con esa organización, fuimos reconocidos a nivel provincial, nacional e internacional, trabajamos muy bien», destacó.

Sin embargo, Graciela hace 5 años abandonó ese grupo y tuvo que vender sus cabras ya que se comenzaron a vender las tierras lindantes a su casa, donde se instalaron fincas que cercaron los campos y «estos animales necesitan mucha extensión para pastar», explicó.

Fueron años muy difíciles para nosotros porque -lamentó la mujer- «vendimos nuestros animales para evitar problemas con los vecinos».
Sin embargo, junto a su familia la emprendedora pudo salir adelante. Actualmente cría «ovejas, seguimos produciendo artesanías en cuero, que es mi actividad principal, hago todo lo vinculado a la marroquinería, también tenemos gallinas ponedoras y elaboramos nuestros dulces».

Hoy toda la familia colabora para llevar adelante el emprendimiento «cuando los adultos estamos en la casa, mis hijos se encargan de cuidar a los animales y darles de comer».

«No es la misma entrada de plata que con la cría de cabras, ganamos menos, pero estoy feliz porque tengo un trabajo y no dependo de nadie, todo es fruto de mi esfuerzo, trabajo para mí misma y para mi familia y creo que eso es lo más importante», manifestó Graciela.

Foto: Diego Araoz

Córdoba
Las Rositas: un emprendimiento familiar que reúne madres e hijas
Las mujeres que integran el puesto Las Rositas son conocidas en las ferias de frutas y verduras de la ciudad de Córdoba por los productos agroecológicos que producen y allí comercializan, acerca de los cuales destacaron que «se respetan los procesos naturales de producción».

Así lo detalló Mirta Galeano en diálogo con Télam, quien contó que todo lo producido en la quinta familiar del barrio Villa Retiro es «todo de forma manual y a pulmón», sin uso de «estimulantes» para acelerar los procesos.

«Los alimentos son así muchos más sanos», enfatizó.

Foto: Laura Lescano
Ubicadas en el denominado «cinturón verde» de la capital provincial, en la periferia de Córdoba, Galeano es productora agroecológica junto a su hermana Nilda y su mamá Rosa, de quien se desprende el nombre Las Rositas por el cual son reconocidas.

El Día Mundial de las Mujeres Rurales encontró a Mirta celebrando el poder hacer día a día lo que le gusta. «Somos mujeres emprendedoras. Mi madre es la impulsora de este hermoso proyecto», contó a Télam, el cual además cuenta con la ayuda de un tío y un hermano.

La mujer puntualizó que «todo empezó por un ingeniero que es del INTA llamado Guillermo Aguirre», quien invitó a Rosa a emprender el proyecto, y también Galeano destacó que otro profesional, Luis Narbona, que trabaja en la parte de agricultura familiar de Córdoba, las acompaña mucho en el emprendimiento.

Galeano contó además que trabajó durante muchos años en la producción convencional de verduras. Dijo que en ese caso «no se respetan los procesos, cuando hay demanda se apuran los productos, le echan muchos estimulantes, urea».

«Pero a la vez eso hace mal al suelo, lo endurece y queda fea la tierra», contó sobre los efectos negativos de la producción tradicional, a la vez que sostuvo que en la quinta de ellos hacen sus propias semillas, y luego se van pasando con otros emprendedores que tienen similares características de producción.

Foto: Laura Lescano
La tarea que desarrollan es toda manual, se observan en el lugar diferentes tipos plantaciones, que son regadas con el método de inundación, lo que implica que cada semana a través de un bombeo repletan de agua la superficie y así mantienen la humedad de la tierra.

«Es un medio de vida, nosotros vivimos de esto», valoró Galeano, aunque mostró preocupación ya que debido al avance del sector inmobiliario cada vez quedan menos espacios para el cultivo en los campos de la periferia de Córdoba.

Berenjenas, tomates, frutillas, apio y albahaca son solo algunos de los vegetales y frutas que se observan en el amplio terreno donde desarrollan la producción las integrantes de Las rositas.

Cada uno de los integrantes del sistema productivo tiene a cargo determinadas especies en cada temporada, y se van cambiando cada año con el objetivo de «brindar otras energías a la planta y a la tierra, para que no se acostumbren solo a una persona y para que quienes la trabajan no se cansen de repetir».

Foto: Laura Lescano

Río Negro
Cooperativa agrícola ganadera Amulein Com: «Vamos todos juntos»
Una de cada tres mujeres, a nivel mundial, trabaja en la agricultura y a diario realiza grandes esfuerzos que incluyen además del trabajo en la tierra, las tareas de crianza y el cuidado de la familia, Magdalena Porma es una de ellas y para quien «las mujeres no nos quedamos quietas; movemos el campo».

Magdalena Porma es una de las mujeres patagónicas comprometidas con el trabajo en el campo y preside la cooperativa agrícola ganadera Amulein Com, expresión mapuche que significa «vamos todos juntos».

Esa organización trabaja con la Secretaría de Agricultura Familiar Campesina e Indígena (Safci), un organismo del Estado nacional, que tiene una sede en la localidad rionegrina de Comallo, ubicada a 95 kilómetros de la ciudad de San Carlos de Bariloche por la ruta 23, línea sur.

«El campo en mi vida significa todo» dijo Porma a Télam, quien añadió: «Es nuestro medio de generar recursos y producir».

Porma es presidenta desde hace 15 años de Amulein Com, la cual inició sus actividades en 1985 a raíz de la iniciativa de un grupo de la localidad Comallo, tras atravesar un duro invierno patagónico que dejó a muchos productores de la localidad con las manos vacías.

Foto: Eugenia Neme

Bajo el lema es «vamos todos juntos apostando al futuro, ni sequías, ni cenizas han detenido nuestra producción», las familias campesinas participan del proyecto cooperativo que nuclea la producción de lana y pelo para su posterior venta en conjunto, y en el cual la cría de animales es la principal actividad económica que les proporciona el sustento.

«Uno aprende a llevar adelante una organización y tenerla como herramienta», dijo esta trabajadora rural, quien destacó además que en el caso de su cooperativa se dedican a vender lana y pelo mohair. «Compramos mercadería, la distribuimos, compramos leña y forraje a nuestros asociados», detalló.

«Cuando asumís la responsabilidad de llevar adelante una organización uno piensa en uno y en realidad en todos, lo que es la familia, el otro», aseguró Porma, para quien «es difícil la ruralidad, sí, pero una se va capacitando y adquiriendo conocimientos, lo que hace que las cosas se puedan resolver».

«Una nace en un medio del que es parte. En el campo una aprende hacer todas las cosas. Si hoy me preguntan qué cosa hace la mujer y qué, el hombre, te diría que prácticamente el mismo trabajo», reflexionó.

«Por naturaleza buscamos alternativas. No nos quedamos quietas; movemos el campo», sostuvo al ser consultada por Télam en relación al entramado colaborativo de la mujer rural.

La presidenta de la cooperativa manifestó «en estos años con el tema de la seca a veces vienen nevadas y uno siempre corre detrás de la situación más que nada en este caso, el cambio climático nos ha afectado muchísimo».

Foto: Eugenia Neme

Amulein Com cuenta con más de 100 miembros y sus asociados se distribuyen en un radio de unos 180 kilómetros.

El coordinador regional para la Patagonia Norte de la Safci, Pedro Naón, señaló que el organismo «trabaja hace años con Amulein Com. Es una cooperativa de las históricas de la denominada ‘línea sur’ de Rio Negro, se formó a partir de la crisis por la nevada del 1984».

Asimismo, el referente rememoró su ingreso a Safci en el 2014. «La cooperativa venía de unos años difíciles que se reflejaban hacia adentro de la misma, ocho años de sequía, la ceniza del Puyehue y algunas dificultades propias. Estos años de trabajo fueron en general de recuperar la iniciativa propia de la cooperativa».

«Se trabaja en fortalecer la organización interna, y apoyarnos con algunos proyectos de infraestructura para la producción como los galpones de esquila y tinglados que conseguimos con el Programa de Desarrollo Rural Incluyente (Proderi)», explicó Naón.

Fuente: Télam