Las ruinas de La Estancia El Rincón
Tuvo su propia moneda: el casco de la estancia expropiada por Perón que se convirtió en una importante colonia y hoy está en ruinas
La Estancia El Rincón, en Salto, perteneció a la familia Estrugamou hasta los años 40, cuando fue expropiada; hoy la casona principal, la escuela y gran parte de sus instalaciones están abandonadas
PARA LA NACIONSilvina Vital

Atan solo 5 kilómetros de la Plaza San Martín, en el centro del municipio bonaerense de Salto, se encuentran las ruinas del casco de la antigua Estancia El Rincón. Algunas de sus construcciones sobrevivieron al siglo y recuerdan el pasado de la localidad, entre ellas, la antigua casona —en cuyo frente se puede leer la fecha de su construcción: 1907—, una escuela abandonada, unas caballerizas y un gran molino de viento.
La historia de estas tierras está atada a una de las pocas expropiaciones que se concretaron en la Provincia de Buenos Aires durante el primer gobierno de Juan Domingo Perón y que dio origen a La Colonia El Rincón, explica Fabián Valaco, director de Turismo de la Municipalidad de Salto, La misma se formó en 1947, al amparo de la ley de Colonización de 1940, puesta en práctica desde 1944, que preveía expropiar propiedades rurales para entregarlas en pequeñas chacras a arrendatarios y peones rurales de la región.

Valaco detalla que las 3630 hectáreas expropiadas que pertenecían a El Rincón fueron divididas en 75 parcelas de entre 11 y 85 hectáreas, con un promedio de 50 hectáreas por cada chacra. Estas fueron ofrecidas en arrendamiento con opción de compra a través de un adelanto al contado y el otorgamiento de un crédito bancario a baja tasa. “Esta experiencia, junto a la de la Estancia El Carmen, en el Partido de Rojas, constituyó una de las primeras y contadas expropiaciones con este fin que se llevaron adelante en la Provincia de Buenos Aires”, explica el directivo.
Sobre este tema profundiza la historiadora Marisa Vicentini: “Se impuso, en ese momento, el discurso de que, donde había tierra que estuviera sin ser trabajada, había un derecho para alguien que quisiera trabajarla”. Y aclara que, en 1946, en un discurso, Perón lo planteó así: “Los países deben, en buena parte, su grandeza a la subdivisión de latifundios improductivos y a la creación de un gran número de pequeños propietarios”. Sin embargo, explica Vicentini que, ya en el gobierno, Perón fue más cauto que en campaña y la mayor parte de las tierras redistribuidas fueron fiscales, mientras que las expropiaciones a privados, como sucedió con la Estancia El Rincón, resultaron más bien excepcionales.

Una vez expropiada, para asignar los lotes se utilizó un sistema de puntaje: sumaban puntos, por ejemplo, que la persona solicitante estuviese casada y tuviera hijos, que hubiera egresado de una escuela técnica agraria o que tuviera entre 26 y 45 años. Quienes reunían más puntos accedían a un lote, financiado con un crédito a treinta años y una tasa de interés mínima. Según relata Vicentini, en algunos casos la tasa fue prácticamente nula, lo que, sumado a la inflación posterior, facilitó que muchas familias cancelaran sus créditos hipotecarios en mucho menos tiempo del previsto.
Una estancia rural con moneda propia
La Estancia El Rincón había pertenecido a Pedro Estrugamou, terrateniente y empresario argentino de ascendencia vasco-francesa, miembro de una de las familias más poderosas de la élite agropecuaria de principios del siglo XX. Los Estrugamou tuvieron residencias en la Argentina, varias en la ciudad de Buenos Aires, entre ellas el famoso Palacio Estrugamou, en Juncal 783, inaugurado en 1929 y considerado un hito arquitectónico de la primera mitad del siglo XX.
Pedro fue intendente de Salto entre 1940 y 1942 y su familia era, además, propietaria de las tres principales estancias de esa ciudad. Según cuenta Valaco, una de ellas era La Fortuna, construida durante los años 1902 y 1903 e inaugurada en 1904, propiedad de Pedro; El Rincón, construida en 1907 y también propiedad de Pedro; y la Estancia La Chica, camino a Los Ángeles, que hasta 1945 perteneció al Partido de Salto y luego pasó a formar parte de Chacabuco, que había sido construida en 1873 e inaugurada un año despupes y, desde fines del siglo XIX, propiedad de Fernando Estrugomou, su hermano.

Una curiosidad sobre la estancia El Rincón es que llegó a tener su propio sistema de pago o contabilización durante la época de esquila de ovejas. Se la conocía como el vellón, pero no era una moneda de circulación legal ni de uso generalizado, sino una ficha interna de trabajo que servía para registrar y contabilizar la labor específica de los peones durante la esquila.
Tras la expropiación, 70 familias de chacareros, en su mayoría inmigrantes italianos, españoles, irlandeses y croatas, obtuvieron porciones de la tierra. “En su momento, fue una colonia muy importante, con más de 70 chacras, con una escuela primaria, con muchos alumnos, con un club, con mucha vida social”, destaca Valaco.

En cuanto a la casona de los Estrugamou, Valaco cuenta que, cuando se produjo la expropiación, no se le asignó a ningún chacarero porque no entró en el parcelamiento de las 3600 hectáreas de la estancia, y la familia Estrugamou la administró durante un tiempo. Fue vendida, varios años después.
Dentro de la parcela donde se ubicaba el casco funcionó todo un entramado social que hoy ya no existe. “En un galpón construido en 1947 para guardar y reparar carruajes se habilitó en 1948 la Escuela N° 25, que funcionó hasta 1979 con cuatro cursos repartidos en dos salones y clases de 12.30 a 17. En 1960 pasó a llamarse ‘Juan Hipólito Vieytes’”, explica Valaco.
Asimismo, a pocos metros, en otra construcción, funcionó desde 1948 el Club Social Recreativo y Deportivo “El Rincón”, que primero tuvo una camiseta roja y luego una roja y blanca. “Su cancha de fútbol ofició de centro de socialización durante los años de poblamiento y, más tarde, fue el espacio para picnic, cenas y bailes”, añade.
La caída
Nada de eso funciona hoy. La escuela cerró definitivamente en 1979 por despoblamiento. Explica Valaco que los chacareros habían emigrado a la ciudad. “Aunque siguieron con sus campos, prefirieron vivir en la ciudad, que les quedaba muy cerca. Se inclinaron por la comodidad de una casa urbana y solo iban al campo a trabajar”, señala. La colonia fue decreciendo hasta que, en la década de 1980, desapareció como comunidad y como centro social, a falta de habitantes estables.
En la actualidad, explica Valaco, el lugar no tiene ningún tipo de manutención. “No es que esté abandonado; sus dueños se dedican a la explotación agraria; el lugar tiene propietarios y es un campo privado. La estructura de la casona es muy fuerte, aunque se deteriora con el paso del tiempo”, advierte.

El lugar se encuentra dentro del Partido de Salto. “A nivel territorial somos más de 40.000 habitantes, de los cuales el 85% vive en la ciudad y el 15% en el resto del partido. Mucha gente que vive ahora en la ciudad ha tenido sus padres y sus abuelos, que eran chacareros y vivieron en El Rincón. Este lugar lleva a evocar un pasado rural de otras épocas, que está latente”, dice Valaco.
Y admite que, para la gente de Salto, representa un punto que los conecta con el campo y es una de las pocas casonas de arquitectura rural que quedan en el partido. “Hay muchas que se han demolido, y bueno, esta tiene la virtud de seguir en pie. También trae el recuerdo de una familia inmigrante, los Estrugamou, que fueron muy importantes para Salto”, finaliza.
Lo que quedó del antiguo casco
Micaela García, fotógrafa y creadora de contenido oriunda de la ciudad de Rojas, visitó el lugar hace unos años y quedó cautivada al conocer el antiguo casco del predio. “Llegué un domingo por la mañana. El día estaba nublado, lo que le daba al lugar un clima especial. Cuando uno ingresa al predio, a un costado se encuentran las antiguas edificaciones de lo que parece haber sido una escuela, una caballeriza y el característico molino de viento”, describe, y suma: “El edificio conserva varias habitaciones, aunque su estado de deterioro es muy avanzado. Los pisos prácticamente desaparecieron y, en algunos sectores, caminar resulta difícil debido a los pozos, los ladrillos y las maderas caídas”.
Hoy la edificación prácticamente ya no tiene aberturas, aunque todavía hay una puerta de hierro, además de una reja y un postigo en la entrada de la cocina. “Hay algunos hogares que permiten imaginar la vida cotidiana del lugar. En uno de los edificios se pueden ver mayólicas de la Virgen de Luján y de San Cayetano y junto a ellas puede leerse: ‘Los hijos de esta tierra, a la madre del cielo’”, dice.
Para Micaela, la naturaleza recuperó el espacio en el lugar: “En casi todas las habitaciones crece la vegetación y los pájaros encontraron refugio para construir sus nidos, incluso dentro de una antigua caja de luz”, añade. Y considera que, a pesar del deterioro, todavía pueden apreciarse detalles que hablan de la importancia que tuvo la construcción: columnas ornamentadas, marcos decorados de puertas y ventanas, la cocina con algunos azulejos, al igual que otros en el baño», describe. “Recorrer estas ruinas es encontrarse con los vestigios de un lugar que, a pesar del abandono, trae recuerdos de otros tiempos”, asegura.
Por Silvina Vitale
Fuente: La Nación