Hay once vacunas en Fase 3

A doctor in medical gloves and mask holding an ampula with vaccine. Close up shot. Coronavirus, epidemic and medicine concept.

Un repaso por los proyectos más avanzados, divididos por el tipo de tecnología que utilizan.

A pesar de la decena de vacunas contra el coronavirus aprobadas en tiempo récord, la demanda mundial de inmunización sigue siendo voraz y está lejos de satisfacerse. Parece pertinente empezar a mirar nuevos horizontes: conocer qué vacunas podrían dar un paso al frente en los próximos meses, tras ser aprobadas por los organismos reguladores de los países.

Pero, antes, ¿cuál es el estado del a cuestión “vacunas”? La Organización Mundial de la Salud (OMS) relevaba, al 5 de marzo, más de 260 desarrollos, la mayoría (182) en fase preclínica, es decir que no pasaron la instancia del ensayo en animales. En concreto, solo 79 están en fase “clínica”, o sea que se testean en humanos.

De las que están más avanzadas, solo 11 pisaron la fase 3, la instancia de investigación más esperada, cuando a miles de personas (voluntarias del ensayo) se les administra la medicación en estudio, a fin de evaluar dos aspectos clave: la eficacia, es decir en qué medida el fármaco logra paliar los efectos del patógeno que se busca combatir; y la seguridad, o sea, el riguroso análisis de los efectos del medicamento en el organismo. En la jerga, los famosos ESAVI: Eventos Adversos Supuestamente Atribuibles a la Vacunación e Inmunización.

En la vida “normal”, los medicamentos de fase 3 no salen a la calle antes de que pasen al menos dos años de investigación. La pandemia acortó los tiempos. La premisa es una evaluación compartida sobre el riesgo-beneficio al que nos exponemos. Es decir, cuán riesgoso es contraer Covid frente a la incertidumbre de utilizar vacunas aprobadas en meses.

El distintivo entre las distintas vacunas es la tecnología o plataforma que utilizan. Hay varias maneras de sistematizarlas. A continuación, un detalle de 11 vacunas que están en las “ligas menores”, pero suficientemente avanzadas como para ilusionarse con que podrían pasar al tapete noticioso en estos meses.

1. Patógenos íntegros

Cual fuere su tecnología de base, las vacunas buscan generar una respuesta del sistema inmune, de modo que el organismo pueda combatir los efectos del coronavirus, en caso de infección. Cabe remarcar que ninguna vacuna hasta ahora probó la capacidad de impedir el contagio en sí. En cambio, disminuyen los efectos severos de la infección y, desde ya, las chances de que la enfermedad sea letal.

En un primer apartado se pueden agrupar las vacunas que utilizan algún agente patógeno íntegro para despertar la reacción inmunológica. Las hay de dos subtipos: las vacunas con virus atenuado y las que tienen virus inactivado, como es el caso de Sinopharm, que se usa en el país desde hace poco, para inmunizar a adultos mayores. En fase 3, hay solo dos desarrollos no aprobados todavía, ambos de virus inactivado.

El primero -sin nombre comercial difundido por ahora- lo realiza el Institute of Medical Biology en colaboración con la Chinese Academy of Medical Sciences. Se aplica en dos dosis, con cuatro semanas de diferencia. En diciembre comenzaron la fase 3 con más de 34.000 voluntarios de Brasil y Malasia y, si bien no hay datos preliminares, las etapas anteriores habían arrojado una eficacia por encima del 95%, según los desarrolladores.

El segundo emprendimiento (conocido como QazCovid-in) tiene el sello del Research Institute for Biological Safety, de la República de Kazajistán. Los responsables, que se sienten esperanzados tras haber obtenido un 96% de efectividad en las fases 1 y 2, esperan culminar la fase 3 a fines de marzo. Se trata de una vacuna pensada para administrarse en dos dosis, esta vez, con tres semanas de diferencia.

Vacunación a adultos mayores en el Luna Park de Buenos Aires. Foto: Juano Tesone

2. Proteínas

En otro capítulo están los desarrollos que aprovechan una “subunidad antigénica” o “subunidad protéica”. Se trata de vacunas en base a proteínas, a veces enteras, a veces fragmentos. Hay ejemplos familiares de esta tecnología, como las vacunas contra las influenzas A y B (antigripales).

Se suele asociar a estos desarrollos el término “recombinante”. En realidad tiene que ver con el modo de obtención de las proteínas en cuestión, que podría ser por síntesis en el laboratorio o tras la modificación genética de microorganismos (bacterias u hongos) para que sinteticen la proteína de interés. Esta última estrategia implica una “re-combinación genética” (es el caso de la vacuna contra la hepatitis B), aunque, hay que remarcar, no son vacunas que incluyan material genético, como se verá en el grupo 3.

Una de las más conocidas es la NVX-CoV2373, de la empresa estadounidense Novavax, que contó con un gran incentivo económico del gobierno de ese país, y ya reportó resultados preliminares auspiciosos: 89,3% de eficacia. Además, a comienzos de este año, la compañía comunicó que esperaba tener la autorización de la FDA en mayo, y la autoridad regulatoria europea (EMA) ya está analizando la aprobación.

Sin embargo, más allá de que se lleva adelante la fase 3 (con 15.000 voluntarios de Inglaterra y otros 30.000 de Estados Unidos, México y Puerto y Rico), cabe recordar que el ensayo de fase 2 realizado con 4.400 voluntarios de Sudáfrica arrojó una eficacia apenas por encima del 50%, lo que despertó dudas sobre la capacidad de este fármaco para combatir las distintas variantes de coronavirus.

Otra para considerar es la vacuna COVAXX (UB-612), subsidiaria de la farmacéutica estadounidense United Biomedical, que avanza en simultáneo con las fases 2 y 3 (algo, en este contexto de apuro, común a varias compañías). En la página oficial de este desarrollo no se informan datos de eficacia, pero circuló que la empresa tiene compromisos de compra anticipada por más de 140 millones de dosis para países como Brasil, Ecuador y Perú, lo que podría revelar cierta confianza internacional en el proyecto.

Clover Biopharmaceuticals Inc., junto a GSK y Dynavax también llevan adelante las fases 2 y 3 de una vacuna contra el Covid que involucra la proteína S del coronavirus, pero también un “adyuvante”, una sutancia con la que se busca potenciar la respuesta del sistema inmune. Al cierre de esta nota, la compañía hacía una modificación del adyuvante involucrado, por lo que reiniciaban las fases 2 y 3. La promesa de este fármaco reside en una particularidad nada menor: la posibilidad de guardar las dosis hasta un mes a temperatura ambiente.

Además está la nortemaericana CoVLP (de Medicago Inc. y GSK), que desde noviembre realiza las fases 2 y 3, con más 30.000 voluntarios que ya recibieron las dos dosis con 21 días de diferencia. Vale la pena destacar que Medicago es una empresa en parte fundada por la marca de cigarrillos Philip Morris, que innovó en un original desarrollo inmunológico.

Básicamente le aplican genes virales a una especie silvestre llamada nicotiana benthamiana (relacionada con el tabaco), a fin de que las células vegetales desarrollen capas de proteínas que imitan al agente viral. La vacuna utiliza, además, un «adyuvante», en este caso, elaborado por GSK, que en fase 1 parece haber dado prometedores resultados de inmunogenicidad, aunque no se difundieron, por ahora, cifras concretas.

Por último, la compañía china Anhui Zhifei Longcom y el Instituto de Microbiología de la Academia China de Ciencias se unieron para desarollar una vacuna tecnológicamente similar a las de Novavax y Medicago, que se identifica con el nombre “ZF2001”. Está siendo evaluada en un ensayo de fase 3, con 29.000 voluntarios de China. La pecualirdad de este fármaco es que se administra en tres dosis: la primera a las cuatro semanas y la segunda, cuatro semanas después.

3. Genéticas

Si se acepta que el grupo 1 incluye las tecnologías de vacunas más tradicionales o históricas, y que el grupo 2 suma plataformas más modernas, al grupo 3 habría que definirlo como vacunas «a la vanguardia». De hecho, las plataformas de base genética no se habían utilizado en ninguna vacuna (contra ningún agente infeccioso) hasta la pandemia, lo que despierta el optimismo de unos y la cautela de otros.

La vacuna de Curevac bajo investigación en en el hospital UMC de Amsterdam. Foto: EFE

Pero lo cierto es que hay varias vacunas ya aprobadas y en uso con estas tecnologías. Son de dos tipos.

Por un lado, las que vehiculizan ADN a través de cierto vector viral (replicativo o no replicativo, son dos formatos diferentes), como si una suerte de “virus-taxi” transportara la información genética del coronavirus con la que se espera despertar la reacción inmunológica en el cuerpo.

Dos que utilizan esta tecnología son la Sputnik V y la AstraZeneca (o su versión india, la vacuna Covishield). El “taxi”, en esos casos, son distintos tipos de adenovirus, los patógenos causantes de los resfríos comunes.

Un segundo grupo lo componen las vacunas genéticas que aprovechan la tecnología conocida como ARN mensajero (ARNm). Hay dos autorizadas en el mundo: la vacuna de Pfizer y la de Moderna.

De este último tipo hay un desarrollo avanzado y pujante: la vacuna alemana de CureVac (CVnCoV), compañía creada en 2000, abocada al desarrollo de vacunas con ARNm. El apoyo que recibió este emprendimiento no es menor: en enero anunciaron acuerdos con gigantes del sector como Bayer, GSK y Novartis, y hay un antecedente que sobresale, que es un acuerdo de colaboración con la compañía Tesla, de Elon Musk, para el desarrollo de microfábricas de ARNm adaptables a cualquier latitu.

Los compromisos de venta de esta vacuna, por ahora en fase 3 (con más de 35.000 voluntarios que reciben dos dosis con cuatro semanas de distancia) incluyen acuerdos de venta para la Unión Europea por 225 millones de dosis. De hecho, la expectativa de la compañía es llegar a producir 300 millones de dosis este año y 1.000 millones en 2022.

En cuanto al primer subgrupo, las que vehiculizan ADN, hay varias…

Una está siendo producida en Japón. Se llama AG0301, y transita conjuntamente las fases 2 y 3, aunque con muy pocos voluntarios (menos de 1.000). Es resultado del trabajo de AnGes, Takara Bio y la Universidad de Osaka, y se aplica en dos dosis con solo dos semanas de separación.

Otra con pocos voluntarios (casi 6.700) en fase 2/3 es la vacuna estadounidense de Inovio (INO-4800), también de dos dosis, con 28 días de separación. Según información de The New York Times, en estos meses, la compañía (conocida por sus ensayos de vacunas contra el VIH y el zika) entró en una serie de litigios legales con accionistas, lo que habría demorado todo el desarrollo, que ahora estaría en marcha.

La tercera y última vacuna en fase 3 es un trabajo de la compañía india Zydus Cadila. Se llama ZyCoV-D y se administra en tres dosis, con cuatro semanas de diferencia entre sí. En diciembre anunciaron el comienzo de la fase 3, con 30.000 voluntarios. Y aseguraban lo que muchos desearían alcanzar: tener lista la vacuna «ya», en marzo de 2021.

PS

Fuente: Clarín