¿Es fuerte el pasaporte argentino?
Se ubica en el puesto 16° mundial, con acceso sin visa a 169 países
Por Eugenia Arribas
Sacar un pasaje, armar la valija, subir a un avión y llegar a destino con la menor cantidad de requisitos previos representa la situación ideal. El pasaporte argentino permite que entrar a 169 países del mundo sea un trámite sencillo, sin la necesidad de gestionar una visa. El ingreso a los otros territorios, en cambio, exige algún tipo de visado. ¿Se trata entonces de un pasaporte fuerte? La respuesta es sí y expertos en la materia explican por qué. El pasaporte no funciona únicamente como un documento de viaje con el que se atraviesa un escáner de aeropuerto o donde se estampan los sellos que marcan de manera oficial la entrada o salida de un país, es también un símbolo del “estatus” internacional que porta cada estado. Desde hace 20 años, el pasaporte argentino es considerado uno de los más fuertes del mundo. En 2026, por permitir el ingreso a 169 destinos sin visa, alcanzó una posición histórica: llegó el puesto 16° en el ranking de la consultora Henley & Partners —realizado con datos de la Asociación Internacional de Transporte Aéreo (IATA)—, que mide el nivel de acceso global de los pasaportes de 199 países y clasifica los documentos según cuántos lugares permiten visitar sin obstáculos burocráticos. En el Passport Index de la firma financiera Arton Capital, en tanto, obtuvo un mejor lugar y quedó en el puesto 13°. Este tipo de clasificaciones distinguen, además, a los países a los que se puede entrar con una visa de llegada (VOA, por sus siglas en inglés), que se tramita al arribar al aeropuerto o frontera; con una autorización electrónica de viaje (como la que implementó recientemente Reino Unido, ETA UK), y con una visa electrónica (o eVISA), que se emite de forma digital antes de aterrizar en destino.
Ranking global de pasaportes 2026
Fuente: Henley GlobalBuscar un país
PosiciónPaísDestinos sin visa
- 1
Singapur192
- 2
Corea del Sur188
- 2
Emiratos Árabes Unidos188
- 2
Japón188
- 3
Suecia187
- 4
Alemania186
- 4
Bélgica186
- 4
Dinamarca186
- 4
España186
- 4
Finlandia186
- 4
Francia186
- 4
Irlanda186
- 4
Italia186
- 4
Luxemburgo186
- 4
Noruega186
- 4
Países Bajos186
- 5
Austria185
- 5
Grecia185
- 5
Malta185
- 5
Portugal185
16
Argentina
Buena reputación
“Los rankings son un instrumento administrativo que refleja el nivel de confianza que otros estados tienen en ese país y, sobre todo, las condiciones de estabilidad del pasaporte”, señaló a LA NACION Juan Negri, politólogo y director de la carrera de Ciencia Política y Estudios Internacionales de la Universidad Torcuato Di Tella. El analista precisó que la confianza en los pasaportes demuestra, por un lado, la capacidad del país de cooperar en materia migratoria y mantener relaciones diplomáticas estables, y, por el otro, de emitir documentos seguros que eviten posibles falsificaciones. “La Argentina perdió la posibilidad de entrar sin visa a Estados Unidos prácticamente porque había cuestiones de seguridad con el pasaporte y no querían que ingresen personas con un documento posiblemente falso”, ejemplificó. Según detallaron altas fuentes diplomáticas consultadas por LA NACION, las políticas migratorias y el trabajo de los embajadores son fundamentales para obtener una mejor posición en este tipo de indicadores. Del mismo modo, explicaron que cuando un país impone pocos requisitos para la emisión del pasaporte, posiblemente tenga dificultades para alcanzar acuerdos bilaterales. Chile, en cambio, representa el caso contrario: al tener políticas duras para otorgar la nacionalidad, logró un acuerdo de exención de visado con Estados Unidos. “La Argentina tiene una reputación buena en general. Fuimos un país de inmigrantes, que en las últimas décadas pasó a ser de emigrantes jóvenes, y eso nos facilitó un poco el camino. Sin embargo, no deja de ser América Latina y, en el mundo, no es el subcontinente más apreciado”, consideraron. La estabilidad económica y política también es importante. “Las crisis y la emigración no son un factor positivo para generar mayores acuerdos, pero nuestra migración está bastante calificada, tiene un buen nivel de educación y viaja con ahorros”, señalaron. En ese sentido, Negri afirmó que si un país atraviesa un conflicto, con un alto porcentaje de ciudadanos que emigran de forma irregular, las políticas se tornan más drásticas. “Una crisis económica profunda puede aumentar la expectativa de migración y hacer que otros países sean más cautelosos al flexibilizar las visas”, resumió. A nivel regional, la Argentina se sitúa en el top tres de los pasaportes más poderosos de América Latina, por detrás de Chile —que habilita el ingreso a 176 destinos sin visa— y empata con Brasil. La posición se obtiene, principalmente, a partir de ofrecer acceso sin visado a economías claves como el espacio Schengen (un área de libre circulación en Europa que abarca 29 países), Irlanda, China, Japón, Singapur y Emiratos Árabes Unidos, entre otros. “La Argentina históricamente tuvo un pasaporte fuerte. Nunca fue un país que representara un problema para otros en relación con indocumentados o ilegales”, analizó Negri. Y añadió: “Cuando fortalece vínculos diplomáticos o firma acuerdos de exención de visa, obviamente mejora su posición”.
El puesto del pasaporte argentino a través de los años
En diálogo con LA NACION, la consultora británica Henley destacó que la posición de la Argentina no tuvo descensos sostenidos a través del tiempo. En los últimos 20 años, su pico más bajo fue en 2010, cuando quedó en el puesto 26°. Esa situación, explicaron, no implicó necesariamente una responsabilidad de la Argentina, sino que puede atribuirse al mayor rendimiento positivo de otros pasaportes en el mismo período. En la misma línea, Negri remarcó que una potencial caída en la posición no debe ser adjudicada a una única causa. Respecto del número más bajo de 2010, el especialista consideró que pudo estar vinculado a la crisis financiera de 2008 originada tras el colapso inmobiliario en Estados Unidos, el conflicto interno con el sector agropecuario y una fuerte fuga de capitales en la Argentina. “Es el resultado de varios factores combinados más que de una situación puntual”, indicó. Y remarcó que “el pasaporte refleja tanto cómo funciona un país por dentro como la forma en la que está inserto en el sistema internacional”.
Desde que se realizó la primera medición en 2006, el pasaporte argentino sumó el acceso sin visado a 68 destinos, como es el caso de China. Perdió, en cambio, el beneficio para ingresar a Gabón, Pakistán, Burkina Faso, Togo, Mauritania y Somalía. “Todos los destinos a los que perdió acceso se debieron a reformas generales de visados de países que cambiaron de un sistema sin visa, o con visa a la llegada, a uno de visado electrónico. Reflejó, en gran medida, el desarrollo de políticas internacionales que afectaron a muchos pasaportes y que tuvieron poco impacto en la posición general de la Argentina”, aclaró la consultora a este medio. Si bien es uno de los 20 mejores, el pasaporte argentino no se ubica entre los que más posiciones ganaron en las últimas dos décadas, aunque tampoco entre los que más lugares perdieron. Los tres que más escalaron resultaron Emiratos Árabes Unidos, Albania y Ucrania mientras que los que más descendieron fueron Bolivia, Nigeria y Bangladesh. Con una validez de 10 años (y de cinco para menores de edad), el pasaporte argentino puede obtenerse en todos los distritos del país. Actualmente, y según el último aumento autorizado por el gobierno de Javier Milei en marzo de 2026, el trámite regular tiene un valor de 100.000 pesos. El exprés, que se envía a domicilio dentro de las 96 horas hábiles, cuesta 200.000 pesos, mientras que la modalidad al instante, lista dentro de las seis horas desde el inicio del trámite —y habilitada únicamente en los aeropuertos de Ezeiza, Aeroparque, Rosario, Córdoba, Mendoza y Salta, y en la terminal de Buquebus de Puerto Madero— asciende a los 330.000 pesos.
El acceso a los países del mundo con pasaporte argentino
La historia del pasaporte
Si bien no existe registro histórico de la fecha exacta en que se emitió el primer pasaporte —ya que los permisos de tránsito y salida del territorio se expedían de forma rudimentaria por los gobiernos provinciales o las autoridades portuarias—, se estima que su uso regular comenzó a principios del siglo XIX, con antecedentes documentados desde la década de 1820 en la provincia de Buenos Aires. Los documentos de viaje existen desde la época del Imperio Romano, cuando se entregaba a cada viajero una carta oficial del emperador llamada tractorium, explicó a LA NACION Lucas Mertehikian, doctor en Lenguas por la Universidad de Harvard, investigador especializado en pasaportes y autor del libro Vidas en tránsito: historia íntima del pasaporte. Los primeros pasaportes fueron una invención de la revolución francesa. “La Asamblea Nacional Constituyente decidió implementarlos para controlar el movimiento de los contrarrevolucionarios y enemigos políticos”, detalló Mertehikian. A partir de esto, su uso comenzó a expandirse a lo largo de Europa occidental a principios del siglo XIX y llegó a la Argentina a mediados de 1820. Sin embargo, su diseño no fue el mismo a lo largo de las décadas. En el siglo XIX, el formato no era el de la clásica libreta que actualmente se utiliza en todo el mundo, sino una única hoja sin fotografía que contenía los datos y descripción del rostro del portador: se detallaba el color de ojos, el corte de pelo y si la persona tenía alguna cicatriz o marca particular que la distinguier
Los primeros pasaportes fueron una invención de la revolución francesa; su uso comenzó a expandirse a lo largo de Europa occidental a principios del siglo XIX y llegó a la Argentina a mediados de 1820
El sistema moderno —la libreta emitida por cada estado— se estandarizó a partir del siglo XX, cuando en 1920 la Liga de las Naciones (una organización internacional creada para mantener la paz tras la Primera Guerra Mundial) realizó una serie de conferencias en París para determinar los pasos a seguir con los cientos de ciudadanos que habían quedado “sin estado” en Europa, detalló el investigador. De esta forma se establecieron los parámetros de lo que luego se convirtió en el pasaporte utilizado en la actualidad. “Se decidió cambiar de la hoja a la libreta por una cuestión de movilidad: en el siglo XIX viajaban una única vez, y en los años 20 se volvió mucho más común que la gente fuera a otros países no solo para emigrar”, señaló Mertehikian. Con las nuevas legislaciones también se implementó el uso de una fotografía en reemplazo de las descripciones físicas escritas. En un principio, los portadores utilizaban cualquier retrato previo que tuvieran de ellos mismos y recién en 1940 se estandarizó el formato 4×4. Con el paso de las décadas, y en el marco de la inmigración europea masiva, el pasaporte comenzó a parecerse cada vez más al actual. Incluso a partir de 1930 se reportaron los primeros indicios de marcas de agua como método para evitar posibles falsificaciones.
La última versión del pasaportes argentino incorporó tecnología como grabados láser para los datos personales
En marzo de 2011, el Registro Nacional de las Personas (Renaper) se hizo cargo de los pasaportes, que hasta el momento dependían de la Policía Federal Argentina. Desde ese momento, el organismo estatal —en colaboración con la Agencia Nacional de Migraciones— comenzó a emitir los documentos de viaje para todos los ciudadanos, con excepción de los diplomáticos y oficiales. La transición al Renaper dio inicio a la era de los documentos digitales y biométricos. Un año más tarde, en junio de 2012, el entonces Ministerio del Interior y Transporte anunció una serie de modificaciones en el diseño del pasaporte. La principal fue la implementación de un chip electrónico que almacenaba digitalmente los datos personales del titular para confirmar su identidad, lo que convirtió a la Argentina en uno de los primeros países de América Latina en utilizarlo. En 2018, por orden del Renaper, se modificó el diseño de la contratapa para añadirle el mapa bicontinental, que muestra la Antártida Argentina con una proporción real en relación con el sector continental e insular. A principios de este año, el Gobierno anunció una nueva versión del pasaporte, que se adecuó a los estándares internacionales de identificación y seguridad más recientes recomendados por la Organización de Aviación Civil Internacional (OACI). Esta nueva edición incluyó un rediseño de las dos primeras páginas, que comenzaron a confeccionarse en hojas de policarbonato para evitar falsificaciones. A su vez, agregó el campo del domicilio, que no estaba presente en emisiones anteriores, y pasó a tener 34 páginas en lugar de 32. Las modificaciones sumaron también tecnología de grabados láser en la página 2, conocida como “hoja de datos”: de esta manera, la información personal y el chip electrónico se “queman” en capas internas del documento, lo que permite más resistencia física. La versión previa tiene plena vigencia hasta su vencimiento.
Fuente: La Nación