El frío, el catarro y la gripe

La investigación de un brote de catarro en la Antártida, ocurrido en 1969, da pistas sobre el proceso de latencia y reactivación de los virus. Cómo el frío puede actuar como desencadenante y debilitar el sistema inmune.

Al principio se pensaba que era solo el frío, pero hay varios estudios que indican que las bajas temperaturas por sí mismas pueden hacer, además, que los virus se hagan más resistentes.El catarro o resfriado común está producido por diferentes tipos de virus: rinovirus, adenovirus e incluso por algunos tipos de coronavirus (diferentes al SARS-COV-2 que provoca el coronavirus) y la gripe por el virus de la influenza. Lo que ocurre con las bajas temperaturas es que la mucosa de la nariz se seca, se hace más frágil y por eso funciona peor como barrera para la entrada de estos virus.

“Abrigate que te vas a enfermar”. ¿Quién no ha escuchado, o ha dicho, esta frase alguna vez? Detrás de ella, el afán de que los hijos (que suelen ser quienes más la escuchan) no se resfríen. ¿Cuánto hay de cierto en ello? ¿Cuánto tiene que ver el frío con enfermarse?

“El frío debilita localmente el sistema inmune y entonces, las bacterias o virus que están ahí para infectar, latentes, se aprovechan de ello”, detalló en diálogo con el diario español Nius, el bioquímico y catedrático de la Universidad Complutense de Madrid (UCM) José Manuel Bautista. Es decir, que sí tiene mucho que ver. El frío hace de detonante, en el caso de que haya virus latentes. Y los puede reactivar. Desde la Antártida llega una historia que lo ilustra perfectamente.

La difundió en Twitter el climatólogo Arturo Sánchez-Lorenzo. Este científico cuenta la historia de un misterioso brote catarral ocurrido en una base británica de la Antártida, en 1969. Misterioso porque ocurrió en invierno, cuando los investigadores llevaban ya varios meses completamente aislados en la base. “La teoría, y estudios en bases similares lo habían confirmado, era que los virus de tipo respiratorio desaparecían durante ese aislamiento de tantos meses. Es decir, una vez aislados a los pocos días desaparecía cualquier síntoma de resfriado o enfermedad respiratoria”, explicó.La difundió en Twitter el climatólogo Arturo Sánchez-Lorenzo. Este científico cuenta la historia de un misterioso brote catarral ocurrido en una base británica de la Antártida, en 1969La difundió en Twitter el climatólogo Arturo Sánchez-Lorenzo. Este científico cuenta la historia de un misterioso brote catarral ocurrido en una base británica de la Antártida, en 1969

Pero, para sorpresa del médico de la base, se produjo un “brote con síntomas de resfriado que afectó a 10 de los 12 investigadores, una vez transcurridas 17 semanas desde el comienzo del aislamiento”, es decir, más de cuatro meses. ¿Qué lo había causado? El médico tomó muestras de todos, pero los estudios de la época no dieron con la causa. El médico concluyó que el brote debía tener un origen vírico, en un rinovirus o coronavirus, pero lo complicado era saber cómo se había producido la infección inicial.

Descartadas otras hipótesis, “lo más razonable para el médico es que, a semejanza de otros virus en humanos y animales, el virus hubiese permanecido, en uno de los investigadores, de forma latente todo ese tiempo, y reactivado semanas después”. ¿Pero por qué se reactivó? Al parecer el frío tuvo mucho que ver.

Sánchez-Lorenzo sostiene que la causa más probable, apuntada por el propio médico de la base, fue “una anomalía meteorólogica, y es que los días previos al brote hubo una bajada brusca de temperatura y humedad”. El frío podría estar detrás, por tanto, de la reactivación de ese virus latente en uno de los investigadores, y habría ayudado además a extenderlo al resto, generando el brote.

“Posiblemente el virus estaba latente en alguno de ellos, y al venir días de mucho frío, se reactivó en esa persona. Al estar todos más juntos de lo habitual, esos días, se generó ese brote”, indicó Bautista. Y lo ocurrido no es raro, sino bastante habitual. Pero el caso de la Antártida es importante para ilustrarlo “porque ahí están aislados totalmente, y la hipótesis es muy plausible. El médico tiene la certeza de que no se han relacionado con nadie, y por eso concluye, con una cierta certeza, que tuvo que ser un virus latente”.

Para la doctora Stella Maris Cuevas, médica otorrinolaringóloga (MN 81701), experta en olfato y alergista, “no es que el frío produzca la enfermedad, sino que se producen cambios a nivel local e inmunológico que hacen que los virus o bacterias entren en contacto con personas quizá muy vulnerables o alérgicas: se produce la inflamación de la vía aérea y aparece la sintomatología”.

Virus latentes, frío y linfocitos TSabemos es que el frío activa virus latentes, porque hay un oportunismo de los patógenos que hay en la garganta, por ejemplo, o en las mucosas en general. Pero, ¿cómo ocurre este proceso? (Europa Press)Sabemos es que el frío activa virus latentes, porque hay un oportunismo de los patógenos que hay en la garganta, por ejemplo, o en las mucosas en general. Pero, ¿cómo ocurre este proceso? (Europa Press)

Sabemos es que el frío activa virus latentes, porque hay un oportunismo de los patógenos que hay en la garganta, por ejemplo, o en las mucosas en general. Pero, ¿cómo ocurre este proceso? Bautista recuerda que, en general, mantenemos la temperatura del cuerpo a unos 36,5º C y que en la protección de los tejidos juegan un papel muy importante los linfocitos T, que reconocen a virus o bacterias y los atacan. Pero algo tan simple como el frío puede cambiarlo todo.

El frío disminuye la circulación local de esos linfocitos, que son los que pueden entrar dentro del tejido para eliminar las posibles infecciones que se originen. Con el frío, las células del sistema inmune no migran bien y los tejidos se debilitan, de alguna forma. Y esa debilidad local del sistema inmunitario hace que se produzca una infección, porque se reactivan virus que estaban latentes, que ya no son mantenidos a raya por los linfocitos T”, manifestó.

El frío activa, hace de detonante, pero no es el único factor externo que puede jugar este papel. Hay muchos virus o bacterias que pueden permanecer latentes en nuestro organismo, y muchos factores externos que pueden reactivarlos y desencadenar una infección. El estrés, por ejemplo, está detrás de muchos de estos procesos. Estudios recientes, por ejemplo, lo relacionan con el COVID-19.

La latencia de los virusLa latencia (y reactivación) de virus y bacterias se ve claramente en los casos de personas inmunodeprimidas. “En las personas con VIH, por ejemplo, siempre aparecen más herpes y más tuberculosis, tienen muchas enfermedades víricas” (Getty Images)La latencia (y reactivación) de virus y bacterias se ve claramente en los casos de personas inmunodeprimidas. “En las personas con VIH, por ejemplo, siempre aparecen más herpes y más tuberculosis, tienen muchas enfermedades víricas” (Getty Images)

Bautista detalló que “el virus del Herpes, por ejemplo, se ha comprobado que el 50% de la población hemos estado en contacto con él en algún momento. Y, sin embargo, no hemos visto brotes de herpes”. Porque no se activa. Aunque sí lo hace en determinadas personas, “por el estrés, que se ha visto que hace de detonante”. Ocurre también con la tuberculosis, “que permanece latente en la mayoría de las infecciones”. El científico aseveró que “el sistema inmunitario la mantiene a raya, pero se ha constatado que un 10% de esas infecciones latentes se pueden reactivar”.

Otro ejemplo de ello es la hepatitis B. En este caso, “hablamos de un virus persistente también, que a veces no se elimina en la primera infección y se queda en células, de forma latente. Se puede seguir replicando, más lentamente y a niveles muy bajos, por lo que permanece contenido por el sistema inmune. Hasta que llega algo que hace de detonante”, advirtió el especialista.

La latencia (y reactivación) de virus y bacterias se ve claramente en los casos de personas inmunodeprimidas. “En las personas con VIH, por ejemplo, siempre aparecen más herpes y más tuberculosis, tienen muchas enfermedades víricas”. Y Bautista subrayó que “la latencia es un mecanismo común en muchos virus”.

“Es muy frecuente en adenovirus, papilomavirus, herpesvirus… pero estudiar la latencia es complicado”, dijo. Porque si un virus no da la cara, si no hay un detonante que lo reactive, no es fácil hacerlo. “A veces, vemos que alguien es seropositivo a un virus pero no presenta la enfermedad, y en esos casos lo sabemos. Pero en general solo se descubre haciendo screening de la población, como se ha hecho con el herpes zóster, o cuando se reactiva”, añadió.

Para el experto, además, cada sistema inmune actúa de forma diferente, por lo que es difícil establecer una regla general para la latencia y reactivación de los virus. “Sabemos la capacidad que tienen los virus de infectar latentemente a los organismos y no ser eliminados, y ocasionalmente, aprovechado una cierta debilidad, pueden volver a infectar porque están ahí presentes. Pero cada sistema inmune es único y reacciona de forma distinta”, indicó.

Latencia y COVID persistenteEl investigador recordó que los receptores ACE2, que son los que permiten la entrada del virus en nuestro organismo, están en muchas células, “y no podemos descartar que haya un cierto tipo de latencia del virus, que, si no puede ser eliminado por un sistema inmune activo y fuerte, puedan servir de refugio” (REUTERS)El investigador recordó que los receptores ACE2, que son los que permiten la entrada del virus en nuestro organismo, están en muchas células, “y no podemos descartar que haya un cierto tipo de latencia del virus, que, si no puede ser eliminado por un sistema inmune activo y fuerte, puedan servir de refugio” (REUTERS)

Sabiendo todo esto, la pregunta es obligada en el panorama actual en que nos encontramos. ¿Podría tener algo que ver la latencia de los virus con el COVID persistente? El experto no lo descarta. “Yo creo que no es descartable que tenga que ver con que haya una cierta contención del virus, pero incompleta”, destacó, y añadió que los que superan bien la enfermedad lo hacen porque “se ha eliminado, aparentemente bien, el virus”. Sin embargo, “puede ser que el COVID persistente tenga que ver con que el sistema inmune no lo acabe de eliminar, y quede ahí latente. O que se siga reproduciendo muy lentamente y haciendo muy poco daño, pero en varios tejidos, por eso la gran variedad de síntomas distintos que tienen estos pacientes”.

El investigador recordó que los receptores ACE2, que son los que permiten la entrada del virus en nuestro organismo, están en muchas células, “y no podemos descartar que haya un cierto tipo de latencia del virus, que, si no puede ser eliminado por un sistema inmune activo y fuerte, puedan servir de refugio”.

Bautista cree que detrás del COVID persistente puede haber varios factores, entre ellos “la gran capacidad que tiene este virus de diseminarse por el organismo, y una falta de eliminación completa por parte del sistema inmunitario”. ¿Cuál sería el detonante de la reactivación del virus, en este caso? A día de hoy, no lo sabemos.

Fuente: https://www.infobae.com/america/ciencia-america/2022/02/23/que-relacion-tiene-el-frio-con-el-catarro-y-la-gripe/