Hasta no hace mucho tiempo, nos habíamos acostumbrado a un mundo relativamente estable, de alguna manera predecible, teniendo nuestra vida “bajo control”.

A partir de la pandemia ese paradigma se desmoronó. El futuro comenzó a desdibujarse cada vez más y la sensación de vivir un presente continuo se hizo cada vez mayor. Aprendimos en la experiencia que somos vulnerables, extremadamente vulnerables.

Parte del problema es que queremos saber todo y queremos tener el “control” de todo. Necesitamos reconocer que hay cosas que están fuera de nuestro entendimiento y de nuestro espacio de decisión. Lo que está pasando hoy, está fuera de nuestro control, solo podemos decidir cómo transitarlo.

Pensar y sentir constituyen una unidad inseparable. El punto de conexión entre nuestro mundo emocional y nuestro mundo lingüístico tiene que ver con las interpretaciones que hacemos, es decir, con lo que decimos acerca de lo que nos pasa.

Emociones: Actúan como lentes a través de los cuales observamos al mundo, a nosotros mismos y a los demás.
REPETICIÓN: A VECES ALIMENTAMOS LOS MIEDOS Y ASÍ LES DAMOS PODER.

Las emociones no son ni “buenas” ni “malas”. Ellas tienen un mensaje para darnos. De acuerdo a cómo sepamos escucharlas, nos impulsarán a alejarnos de las situaciones que nos desagradan o perjudican, o a transformarlas en algo que nos beneficie. Actúan como lentes a través de los cuales observamos al mundo, a nosotros mismos y a los demás.

Todas las personas tenemos miedo. El miedo es una emoción universal con mala fama: ¿esto te da miedo? no seas cobarde. Es así como relacionamos desde pequeños, una emoción que tenemos (el miedo) a nuestra identidad (soy miedoso). Yo tengo emociones pero no soy una emoción, yo no soy lo que siento.

Básicamente podemos decir que el miedo se encuentra asociado a interpretaciones que hacemos sobre posibles pérdidas. Como toda emoción es una energía, que nos puede llevar a la acción o nos puede paralizar; puede llegar a ser un gran trampolín o un ladrón que nos robe la alegría y el entusiasmo. Es una emoción que queremos evitar sentir: no quiero tener este miedo. Sin embargo, debemos tener buenas relaciones con él.

Acciones a realizar:

Algunos consejos para amigarnos con nuestros miedos son:

Reconocerlos: la solución de cualquier problema comienza por su reconocimiento.

Algunas acciones positivas: Escribilos, visualizarlos ayuda a disminuir su poder. Eso que escribiste es tu interpretación, entonces ahora reinterpretalos: dales un nuevo significado.

Recordá que todos los hechos que nos asustan, están ocurriendo o van a ocurrir primero en nuestra mente. Interpretar no significa que “así es” sino que “así lo pienso yo”. Las cosas no son como son, sino como las vemos.

Preguntate: ¿Cuál es mi PEP (peor escenario posible)? ¿Qué es lo peor que me puede pasar? Por supuesto, me preparo para lo peor, pero espero lo mejor.

Si hay miedo, hay imagen: cuando hay un miedo es porque existe una imagen que aparece en tu mente. Si agrandás las imágenes negativas, todo lo positivo que tenés o sos, se reduce. No estarás así negando la realidad, lo que estás haciendo es negarte a alimentar esa realidad focalizándote en ella. Lo que hacés es reemplazar esa imagen por otra. Cuando nos presentábamos a rendir un examen, repetíamos las ideas una y otra vez. Muchas veces seguimos actuando así, repitiendo los miedos una y otra vez y contribuimos de esta manera a alimentarlos, a darles más poder y a lograr que se cumplan.

Hacé un inventario de tus recursos: el miedo es una reacción normal frente a la percepción de un peligro, real o imaginario. Nos informa que una supuesta amenaza supera a nuestros supuestos recursos. Si pensás que no tenés recursos, te sentirás preso del miedo. Si no sabés cuáles son tus recursos, consultale a un amigo: ¿Cuáles pensás que son mis fortalezas? Parate en ellas. En lugar de hablar de tus debilidades, fortalecé tus fortalezas.

Creé que podés afrontar lo que te suceda en el camino. Confiá en vos. No es lo mismo “quitarnos el miedo” que “generar confianza”. Tenemos muchos poderes, entre ellos, el de hacer del miedo nuestro amigo y que juegue a nuestro favor.

Emociones: Actúan como lentes a través de los cuales observamos al mundo, a nosotros mismos y a los demás.
SAMUEL STAMATEAS ES COACH ONTOLÓGICO PROFESIONAL.

El coach:

• Samuel Stamateas es Coach Ontológico Profesional por la Asociación Argentina de Coaching Ontológico Profesional y por la Federación Internacional de Coaching Ontológico Profesional.

• Es Coach Ejecutivo con reconocimiento de la Asociación Internacional de Programación Neurolingüística (IANLP) con Sede en Suiza.

• Codirector de la Escuela de Líder Coach Profesional (lidercoachprofesional.com) que posee el estándar más alto que brinda la ICF (International Coaching Federation).

• Autor de los libros Lidera Tu Vida, Tu Propósito es la Clave y Quiero, puedo y merezco prosperar.

 Entrenador en habilidades de Liderazgo, Motivación y Competencias Conversacionales.

Fuente: https://mia.perfil.com/noticias/salud/amigarnos-con-nuestros-miedos.phtml