Flamantes bodegas en la patagonia

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La región patagónica que suma nuevas bodegas y convoca cada vez más turistas

El circuito enoturístico neuquino tiene flamantes bodegas y otras que se han consolidado en la elaboración de la cepa insignia de la Patagonia: el Pinot Noir

PARA LA NACIONSilvina Baldino

Durante el verano, los sunsets de Bodega Malma convocan a locales y turistas.
Durante el verano, los sunsets de Bodega Malma convocan a locales y turistas.Silvina Baldino

En San Patricio del Chañar, donde hace poco más de 30 años todo era estepa y viento, se reunieron, en la década de 1990, algunos emprendedores y apasionados del vino que se animaron a plantar vides y probar suerte en la industria. El resultado: la multiplicación de nuevos proyectos y la ampliación del mapa vitivinícola argentino.

Lo curioso es que esta nueva zona productiva convive con la industria hidrocarburífera de Vaca Muerta. “Hoy le podemos mostrar al mundo que en la misma región donde se están produciendo gas y petróleo se pueden plantar viñedos y desarrollar una actividad productiva de vinos amigable con el medioambiente, de modo que ambas actividades puedan convivir perfectamente”, sostiene Leticia Esteves, ministra de Turismo, Ambiente y Recursos Naturales de la provincia de Neuquén.

Las filas de vides en Mabellini
Las filas de vides en MabelliniSilvina Baldino

“Estamos convencidos de que cuando el mundo deje de demandar gas y petróleo, el turismo es lo que va a persistir en Neuquén, y la ruta del vino se ha consolidado como uno de los pilares”, agrega.

Con menos de 30 años de experiencia vitivinícola, Neuquén ha logrado ganarse un lugar de gran relevancia entre las provincias productoras debido al perfil de sus etiquetas. Si bien la superficie cultivada representa apenas el 2% del total nacional, los vinos patagónicos son muy apreciados por los consumidores. El 75% de esa producción proviene de Neuquén y se destacan el Pinot Noir, seguido del Merlot y el Malbec. Son vinos con características únicas: intensidad, color y cuerpo en los tintos; frescura y expresión aromática en los blancos. A esto se le suma la sanidad de las uvas por la omnipresencia de los vientos –que reducen las plagas– y por la marcada amplitud térmica.

Familia Schroeder

La historia de la bodega comenzó en 2001 cuando Herman Heinz Teodoro Schroeder, un reconocido médico de Cipolletti y descendiente de alemanes, decidió invertir en viñedos en San Patricio del Chañar. En 2015 Herman falleció y la bodega quedó en manos de sus hijos.

Bodega Familia Schroeder es uno de los puntos clave de la ruta del enoturismo patagónico, no solo porque ofrece degustaciones y recorridos entre viñedos, sino porque también resguarda uno de los hallazgos paleontológicos más llamativos de la región: un dinosaurio herbívoro de 75 millones de años descubierto por casualidad en 2002 mientras realizaban excavaciones para construir la bodega y al que los paleontólogos bautizaron como Panamericansaurus schroederi, en honor a la familia Schroeder. Este hallazgo se transformó en uno de sus símbolos, al punto de darle nombre a una de sus líneas de vinos –Saurus–, al igual que al restaurante con vista panorámica a los viñedos.

En Familia Schroeder se exponen los huesos del dinosaurio que hallaron en la finca.
En Familia Schroeder se exponen los huesos del dinosaurio que hallaron en la finca.Silvina Baldino

La enología está a cargo de Leonardo Puppato, quien participó del diseño técnico de la bodega y dirige las prácticas enológicas desde el inicio del proyecto. El edificio tiene aproximadamente 22 metros de altura y está situado en una suave pendiente al pie de los viñedos. Fue construido en cinco niveles con la idea de desarrollar la vinificación por gravedad, una técnica de mínima intervención que trata la uva con delicadeza hasta que llega a la botella.

El recorrido copia el camino del vino y deja para el final una sorpresa: la Cava del Dinosaurio, construida justo en el lugar donde se encontraron los restos de este ejemplar. En la sala se exhiben réplicas de los fósiles y se realizan algunas degustaciones.

“Los vinos utilizan viñedos propios”, señala Mariano Diletti, segundo enólogo de la bodega desde 2013. “Un 50% de lo que tenemos plantado es Malbec; en segundo lugar, Pinot Noir, Merlot y Cabernet Sauvignon”, y adelanta: “Ahora estamos desarrollando otras variedades como Pinot Gris y clones de Cabernet Franc. Además, estamos trabajando en la producción de vinos de baja graduación alcohólica (espumantes blancos y rosados), porque sabemos que es una tendencia”.

Familia Schroeder es una de las bodegas más escénicas.
Familia Schroeder es una de las bodegas más escénicas.Estrella Herrera
  • Familia Schroeder (299) 454-8920. Todos los días de 10 a 17. Visitas guiadas a las 10.30, 12, 13.30 y 15, con o sin degustación. El restaurante Saurus abre de miércoles a domingo, y feriados, de 12 a 15, con reserva previa. (299) 605-8028.

Familia Aicardi

Para llegar a la bodega Familia Aicardi hay que desviarse de la ruta 7, atravesar el pueblo de San Patricio del Chañar y seguir por un camino de ripio. Allí comparte el paisaje junto a otras bodegas de la zona: Patritti y Peñaflor. “Estamos justo en el límite con la provincia de Río Negro, ese alambrado que ven ahí es la frontera”, desliza el santafesino Enrique Aicardi, fundador de esta pequeña bodega junto a su esposa brasileña Lucy Oliveira Ramos.

El proyecto surgió como un sueño familiar de Enrique por retomar la tradición vinícola de su familia después de haber trabajado toda su vida como licenciado en sistemas. “Mi abuelo Nicola era viticultor y vino a la Argentina desde Génova, pero nunca pudo construir su bodega”, cuenta Enrique. “Cuando cumplí 60 años se me despertaron las ganas de hacer vino y junto a Lucy decidimos desarrollar el proyecto acá, en la Patagonia”.

Familia Aicardi es el fruto del deseo de Enrique Aicardi por retomar la tradición vitivinícola de su familia después de haber transitado toda su vida profesional en el área de sistemas.
Familia Aicardi es el fruto del deseo de Enrique Aicardi por retomar la tradición vitivinícola de su familia después de haber transitado toda su vida profesional en el área de sistemas.Silvina Baldino

Son 20 hectáreas plantadas hace 13 años con uvas Malbec, Pinot Noir, Petit Verdot, Cabernet Sauvignon y Cabernet Franc. Viñedos en espaldera y tutores, con riego por goteo. “Los viñedos están plantados bajos para que la raíz pueda penetrar, porque son suelos muy agresivos”, explica el enólogo, Nicolás Navío, durante el recorrido.

Primero comenzaron vinificando en bodegas vecinas hasta que construyeron la propia. Se especializan en producciones limitadas y vinos de autor, aprovechando las características del terruño y la presencia humana. La cosecha se realiza de forma manual y se seleccionan los racimos, lo que garantiza la alta calidad de los vinos.

“Esta es la bodega más alta de la zona, y eso es muy positivo porque nuestros viñedos casi no sufren las heladas. Además, como es una zona ventosa, no tenemos insectos, por lo que no necesitamos utilizar pesticidas”, explica y sentencia: “Somos una bodega orgánica por naturaleza”.

Aicardi produce unos 40.000 litros de vino al año. La bodega es pequeña y está en proceso de ampliación. “Vamos a armar un sector para el guardado de botellas y una sala de enoturismo para las degustaciones”, anticipa Enrique.

Familia Aicardi es la primera bodega patagónica que produce vinos kosher
Familia Aicardi es la primera bodega patagónica que produce vinos kosherSilvina Baldino

Un dato curioso es que Familia Aicardi es la primera bodega patagónica que produce vinos kosher. Acaba de lanzar Finaura, una línea elaborada bajo estrictas normas de la ley judía y supervisada por rabinos durante todo el proceso, desde la vendimia hasta el embotellado.

Los dueños disfrutan de recibir personalmente a cada visitante, por lo que las visitas guiadas se convierten en un encuentro cercano y genuino.

  • Familia Aicardi (11) 3829-1482 (Lucy). Visitas guiadas con reserva previa.

Bodega Patritti

Antes de llegar a la bodega llama la atención una construcción moderna con techos de forma ondulada. Es la bodega que Rubén Patritti construyó en 2008 y que, en plena pandemia, vendió al Grupo Peñaflor. En esos momentos enfrentaba una dura batalla contra el cáncer, pero aun así decidió quedarse con la marca y algunas tierras. Lo extraordinario es que, superada la enfermedad, y con más de 80 años, Rubén eligió volver a empezar: construyó una segunda bodega a pocos metros y plantó otro viñedo.

Aunque su desarrollo profesional fue como ingeniero en petróleo, Patritti encontró en el vino su propósito, una pasión heredada de su abuelo nacido en Italia. Se fue a estudiar a Mendoza y, a los 60 años, decidió retirarse de la industria petrolera para cumplir el sueño de la bodega propia.

En esta etapa, Patritti reafirma su compromiso con la vitivinicultura patagónica junto al enólogo Nicolás Navío, quien lo acompaña desde la construcción de la primera bodega.

Rubén Patritti decidió volver a empezar a los 80 años.
Rubén Patritti decidió volver a empezar a los 80 años.Silvina Baldino

Para poder realizar las plantaciones se embarcaron en un desafío. “Tuvimos que traer máquinas especiales para romper el suelo porque en esta zona se interpone la piedra de cemento indio”, cuenta Navío. “Sabíamos que iba a ser muy difícil armar el viñedo, pero estábamos seguros de que la uva iba a ser buena”, agrega Rubén.

La primera cosecha de esta etapa fue en 2024: todas uvas tintas.

Rubén lidera un proyecto que cuenta con 32 hectáreas y una capacidad de producción de hasta 220.000 litros. “En un futuro queremos llegar a 300.000 botellas”, desliza Patritti. Primogénito Primogénito Sangre Azul son las líneas de vinos que elaboramos con uva propia y con la que compramos a otros productores”. Entre las variedades elegidas, vuelven a brillar cepas como Merlot, Pinot Noir y Chardonnay, variedades que adquiere de un productor de la zona de Añelo. “Con el Malbec nos lleva mucha ventaja Mendoza; en cambio, con Merlot, Pinot Noir y Chardonnay competimos muy bien”, sentencia Rubén.

Bodega Malma

El camino hacia Malma es un contraste visual de texturas. El desierto neuquino se transforma en un oasis de verdes vibrantes. Al acercarse, la arquitectura moderna de la bodega emerge en una lomada. Malma está gestionada por la familia Viola, pioneros en este oasis productivo de El Chañar.

Su historia se entrelaza con el surgimiento mismo de la región. En 1974, Julio Viola y Graciela Palenzuela dejaron su Montevideo natal y se instalaron en Cipolletti, atraídos por la Patagonia. Julio se dedicaba al desarrollo inmobiliario y, en los 90, se lanzó con un proyecto para modernizar los sistemas de riego de las plantaciones. “Mi padre siempre quiso dedicarse a la fruticultura y traer tecnología de punta para mejorar la producción de peras y manzanas de la zona”, cuenta Ana Viola, de profesión médica y actual CEO de Malma.

Degustaciones y gastronomía de excelencia en Malma
Degustaciones y gastronomía de excelencia en MalmaSilvina Baldino

La propuesta de Julio Viola fue introducir un nuevo concepto de fincas “llave en mano” dotadas de la última tecnología hídrica. De su relación con inversores extranjeros que llegaban a la Argentina surgió una revelación: el Chañar era apto para la producción de vino. Ese fue el hito que definió el camino y, a fines de los 90, comenzaron las primeras plantaciones.

La construcción de Malma se remonta a 2004, bajo la gestión de Luis María Focaccia. En paralelo, la familia Viola impulsaba el desarrollo vitivinícola de la zona a través de otra bodega (Bodega del Fin del Mundo). En 2012 adquirieron NQN y en 2019 se desvincularon de la sociedad anterior y decidieron apostar por un proyecto puramente familiar con Malma.

“Cuando empezamos en 2002, nuestra única inspiración fue Mendoza, y con el tiempo fuimos aprendiendo, tomando nuestro camino y poniendo en valor el terruño”, cuenta Julio Viola (h).

“Tratamos de hacer un vino de identidad patagónica con la historia de una familia que apostó por San Patricio del Chañar”, agrega el enólogo Lucas Quiroga. “Estamos muy arraigados al territorio y trabajamos para hacer vinos con una fiel interpretación del terruño, sin maquillajes. Queremos que la uva sea la protagonista”. Malma dispone de 130 hectáreas de viñedos y produce 800.000 litros de vino al año con uva propia. Se destacan las cepas Pinot Noir y Merlot, pero también hay filas de Chardonnay, Sauvignon Blanc, Malbec y Cabernet Sauvignon. En la visita se ofrecen recorridos por los viñedos y la bodega, además de la imponente cava con 200 barricas, degustaciones y gastronomía de excelencia en el restaurante de cocina regional, con el cordero, la pesca y los frutos patagónicos como protagonistas.

Durante el verano, los sunsets de Bodega Malma convocan a locales y turistas.
Durante el verano, los sunsets de Bodega Malma convocan a locales y turistas.Silvina Baldino

Recientemente incorporaron un pequeño complejo de alojamiento de minicasas sustentables para quienes quieren vivir la experiencia de dormir entre viñedos: Malma Aldea de Terruño. Además, se organizan propuestas especiales según la época del año, como la experiencia de cosecha en verano y eventos al atardecer.

  • Malma Wines (299) 536-2700. Visitas guiadas de lunes a viernes, de 9 a 16; sábados, domingos y feriados, de 11 a 17. Los recorridos se realizan cada hora y duran 40 minutos. Se puede elegir con o sin degustación. El restaurante abre todos los mediodías con menú a la carta. Alojamiento en Malma Aldea de Terruño (@aldeamalmabyhaiku), rodeado de viñedos.

Bodega Mabellini

A pocos minutos del centro de Neuquén capital, muy cerca de la confluencia de los ríos Neuquén y Limay, una bodega urbana produce vinos de alta gama con un terruño muy particular, lejos de la estepa y de los suelos pedregosos.

En 2018, Carlos Mabellini y su compañera de vida Lorena Nicolás Creide –ambos escribanos de profesión– comenzaron a darle vida a Mabellini Wines, un proyecto familiar que constituye una de las joyitas de la ruta del vino de Neuquén.

En este lugar, Carlos cumplió su sueño de elaborar vinos, un deseo inspirado en su abuelo Pedro Mabellini, quien llegó a la Argentina en 1928, plantó vides en el paraje Cuatro Esquinas (cerca de Cipolletti, Río Negro) y comenzó a elaborar vino para consumo familiar.

“Don Pedro tenía dos piletones de 4.000 litros a la intemperie”, cuenta Lorena. “La familia hizo vinos hasta los años 80, y Carlos evocaba esos recuerdos de la infancia. En 2017 decidimos reconvertir esta chacra familiar, donde había peras, ciruelas y manzanas, y plantamos vides. Son cinco hectáreas de Malbec, Pinot Noir, Cabernet Franc, Merlot y Chardonnay”, dice.

Carlos Mabellini y Lorena Nicolás Creide son pareja y construyeron una bodega a pocos kilómetros del centro de Neuquén.
Carlos Mabellini y Lorena Nicolás Creide son pareja y construyeron una bodega a pocos kilómetros del centro de Neuquén.Silvina Baldino

Para sus vinos, la familia Mabellini utiliza también uvas de una chacra antigua (viñedos de más de 70 años) que compraron en Mainqué (Río Negro), a 66 kilómetros de la bodega. “En Mainqué, el suelo es más arcilloso y los vinos adquieren un carácter mineral; acá, en la Confluencia, tenemos suelos franco-arenosos, desde donde salen vinos más frescos y frutados”, describe Carlos.

La cosecha se realiza de forma manual; el sistema de riego es por manto, para protegerse de las heladas, y utilizan abonos naturales. “Estamos tramitando la certificación sustentable”, desliza Carlos.

En bodega, Mabellini aplica tecnología moderna para elaborar vinos. Los tanques de acero inoxidable, refrigerados con temperatura automatizada, permiten un mejor control en la elaboración. Los vinos también pasan por vasijas de concreto y barricas de roble francés. En 2021 tuvieron la primera cosecha y obtuvieron 7000 botellas; al año siguiente duplicaron la producción y se proponen llegar a 70.000 litros por año.

Carlos fue aprendiendo, investigando y desarrollando su pasión por el vino. A los 18 años comenzó con la colección de vinos, un proceso que continúa hasta hoy. Quienes visitan Mabellini, además de recorrer las filas de vides y la bodega, pueden acceder al imponente recinto privado ubicado en el subsuelo, una de las cavas de colección más excepcionales de Argentina.

  • Mabellini Wines Copahue 2700, Neuquén Capital. (299) 418-1145. Visitas guiadas con reserva previa.

La Nación