Rodolfo Walsh: «Quién mató a Rosendo»

El crimen que inspiró «¿Quién mató a Rosendo?», la lección periodística de Rodolfo Walsh. Otro viernes 13, el de mayo de 1966, Rosendo García, Domingo Blajaquis y Juan Salazar fueron acribillados en Avellaneda en un capítulo más de los enfrentamientos armados entre distintas facciones sindicales. Ese hecho dio origen una de las grandes obras de Walsh, una clase magistral de periodismo y literatura. 

POR RICARDO RAGENDORFER

Rodolfo Walsh el periodista y escritor que fue asesinado el 25 de marzo de 1977

El 13 de mayo se cumplen 56 años del famoso tiroteo en la pizzería Real, de Avellaneda, entre miembros de dos sectores rivales del sindicalismo peronista. Tal episodio originó el libro «¿Quién mató a Rosendo?», de Rodolfo Walsh, una obra clave del periodismo y de la literatura argentina, cuya influencia –tanto en la historia nacional como en el arte de escribir– no merece el olvido.

A fines de 1967, Walsh venía de Cuba, donde había participado en un congreso de intelectuales. Antes de volver a Buenos Aires pasó por Madrid, y visitó a Perón en Puerta de Hierro. Al concluir la entrevista, éste lo acompañó a la antesala. Allí estaba el hombre que tenía una audiencia pegada a la de él. Y al presentarlos, el anfitrión soltó:

–Los argentinos estamos en deuda con el autor de «Operación Masacre».

Quin mat a Rosendo es el resultado de una ardua investigacin de Walsh

Walsh sintió una ráfaga de rubor. Porque no sabía si el General hablaba en serio o le estaba tomando el pelo. Y le vino a la mente una anécdota oída no hacía mucho: en ese mismo lugar Perón le obsequió una foto autografiada a Ricardo Rojo –un joven radical que después se hizo famoso por su libro, «Mi amigo el Che»–, pero dedicándosela a un tal “Bravo”. El tipo después lo llamó por teléfono desde el hotel tras percatarse del “error”. Entonces, el viejo líder esgrimió: “¡Pero si todos los rojos son bravos!”.

Walsh sonrió al recordar el episodio, mientras el otro visitante extendía una mano hacia él. Era Raimundo Ongaro.

Ninguno de los dos imaginó en aquel instante el alcance político de tal encuentro. Ya de regreso en Buenos Aires ese linotipista de 43 años le explicó al escritor su iniciativa de organizar las bases obreras contra la dictadura del general Onganía y la dirigencia sindical “dialoguista”. De modo que lo invitó a colaborar en la redacción del documento con que el 1º de mayo se lanzaría la CGT de los Argentinos.

Mientras discutían el texto surgió la idea de editar un periódico para articular aquel proyecto. Su sentido revolucionario también se extendería al campo de la prensa. Así nació el semanario «CGT». Allí Walsh publicó los artículos que en 1969 conformaron el libro «¿Quién mató a Rosendo?»

Disparos en la noche

La pizzera La Real en la esquina de Mitre y Sarmiento Avellaneda

¿La literatura imita a la vida o la vida a la literatura? Tal parece ser la pregunta que Walsh intentó desentrañar a lo largo de su obra. Una pregunta de la que no es ajena su gran salto desde el relato policial inglés hacia la non fiction. Y que –al menos, en una oportunidad– él exploró mediante una notable coincidencia de procedimientos entre ambos géneros.

En «¿Quién mató a Rosendo?» probó con una elocuencia inapelable que el sindicalista Rosendo García, quien secundaba a Augusto Vandor en la jefatura de la UOM, fue asesinado justamente por él durante un tiroteo con una facción opositora en la pizzería La Real, de Avellaneda.

Y supo probarlo al reconstruir la ubicación exacta de sus protagonistas en las mesas. El asunto es que aquel método es idéntico al que ideó anteriormente en «Cuento para tahúres», una ficción sobre el crimen de un hombre en un local de apuestas. Lo notable es que el trasvasamiento de la escena imaginaria a la real –y acá el nombre de la pizzería es hasta un guiño del destino– significó un desafío investigativo a tener en cuenta.

Rosendo Garca era el segundo de Augusto Vandor en la conduccin de UOM

Walsh cruzó los datos que consiguió de los testigos presenciales –cuyos dichos le permitieron trazar un croquis del salón– con los peritajes judiciales obrantes en el expediente. Así pudo advertir su no correspondencia con el diagrama del informe balístico sobre la posición de los involucrados y la trayectoria de los proyectiles.

Él estaba en pareja con Lilia Ferreyra, y en el departamento de un ambiente que compartían en la calle Cangallo al 1600 efectuó junto a ella sus propias pericias. Durante horas revivieron el momento del disparo fatal, escenificando los dos sitios clave del hecho: el del victimario y el del hombre que moría. Walsh, desde el lado del tirador, sostenía entre los dedos la punta de un hilo. El otro extremo estaba adherido a la espalda de Lilia, y ella pasaba de la silla al suelo infinidad de veces. De tal modo quedó establecida la autoría de Vandor en el asesinato de García.

La pesquisa para aquel libro es un ejemplo de los recursos detectivescos que él solía poner en marcha para llegar a la verdad. Pero, a diferencia de sus cuentos policiales clásicos, este texto no estaba cifrado en la resolución de un simple acertijo argumental.

Por el contrario, en sus dispositivos subyacía otro propósito que el propio Walsh explica en el prólogo: “Su tema profundo es el drama del sindicalismo peronista a partir de 1955”. Un tema invisible para la opinión pública. Hasta entonces.

El sepelio de Garca tal como lo public el semanario As En la foto aparecen Antonio Cafiero junto a Augusto Vandor quien se toca la frente con su mano y tiene un cigarrillo entre sus dedos

El hecho se había desatado el 13 de mayo de 1966. Esa noche también cayeron bajo las balas vandoristas dos militantes del peronismo combativo, Domingo Blajaquis y Juan Salazar. “Para los diarios, la policía y los jueces, esa gente no tiene historia sino prontuario; no los conocen los escritores ni los poetas. La justicia y el honor que merecen no caben en estas líneas; algún día sin embargo resplandecerá la hermosura de sus hechos, y la de tantos otros, ignorados, perseguidos y rebeldes hasta el fin”, escribió Walsh también en el prólogo.

Al respecto cabe decir que aquel hombre le había encontrado la vuelta al acto de hacer añicos los secretos del poder. En «Operación Masacre» logró demostrar –entre otras aristas criminales– que los fusilamientos clandestinos de la dictadura del general Pedro Eugenio Aramburu fueron realizados en base a una Ley Marcial aplicada con retroactividad.

En «Caso Satanowsky», referido al crimen, en junio de 1957, del abogado de un accionista del diario La Razón que se resistía a financiar campañas sucias, pudo probar que el hecho fue obra de la SIDE por orden expresa de su director, el general Domingo Quaranta. Y en «¿Quién mató a Rosendo?», además de señalar la responsabilidad de Vandor en el asunto, puso al descubierto la podredumbre de la burocracia sindical, sus negocios con los empresarios y las vinculaciones con la policía.

La literatura ataca

Con Quin mat a Rosendo Walsh cerr una triloga de investigacin iniciada con Operacin Masacre y luego Caso Satanowsky
«.

Desde luego que la correspondencia entre la vida y la literatura todavía sigue siendo un misterio. Pero Walsh al menos demostró que el gran truco de una trama imaginaria consiste en crear la ilusión de que se está ante un hecho que realmente sucedió. Y el de una “no ficción”, en lograr que parezca una novela.

En su momento, «Operación Masacre», «Caso Satanowsky» y «¿Quién mató a Rosendo?» fueron escritas como piezas periodísticas cuyo valor informativo estaba por encima de sus cualidades literarias, ya que supieron develar hechos invisibles. Y que, gracias a su letra, pasaron a ser parte de la historia del país. En aquel camino, claro, extraviaron su condición noticiosa; o sea, su impacto, en el sentido mediático del término. Sin embargo tales textos aún son leídos con avidez. ¿Será porque precisamente ese camino los convirtió en literatura, y de la mejor?

La historia suele repetirse, pero no siempre en forma de farsa. En medio de la zozobra del presente, el poder de los medios hegemónicos se empeña en la construcción de una realidad paralela. En tal contexto bien vale revalorizar la magia del semanario de la CGT de los Argentinos y la figura de Walsh. No sólo por el quincuagésimo sexto aniversario del episodio que en sus páginas supo revelar –los asesinatos de la pizzería Real– sino también por su enorme enseñanza en el campo de la contrainformación.

Fuente: Télam