Oliden: resistió el olvido gracias a una panadería

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Es un pueblo ubicado A 90 km de la ciudad de Buenos Aires

Entre calles arboladas y una estación de tren detenida en el tiempo, Oliden conserva una panadería fundada hace más de un siglo cuya famosa galleta de campo se convirtió en el motor turístico

PARA LA NACION Silvina Baldino

La panadería La Olidense, el hito local
La panadería La Olidense, el hito localSilvina Baldino

Llegar a Oliden es adentrarse en un ritmo de vida donde todo transcurre con calma. Solo lleva una hora en auto desde la ciudad de Buenos Aires desviarse a la altura del kilómetro 76 de la RP 36 en el partido de Brandsen y avanzar atravesando campos. El camino de entrada es un espectáculo en sí mismo: las casitas del pueblo, escoltadas por árboles que se entrelazan en altura, forman un deslumbrante túnel verde que da la bienvenida.

El trazado urbano se despliega alrededor del antiguo predio ferroviario, cuyo ramal fue clausurado de forma definitiva en 1977, cuando se dispuso el desmantelamiento de las vías. Ese hecho generó un paulatino éxodo rural y sus calles quedaron habitadas por un puñado de vecinos que resistieron irse. Sin embargo, en la esquina más icónica del poblado, los fuegos del horno de una panadería nunca se apagaron.

El tren dejó de pasar en 1977 y generó un paulatino éxodo rural
El tren dejó de pasar en 1977 y generó un paulatino éxodo ruralSilvina Baldino

El nombre del pueblo rinde tributo al doctor Manuel Luis de Oliden, quien fue gobernador de la provincia y una de las figuras destacadas de su época. “La historia del pueblo nace en 1914 con la apertura de la estación de trenes”, cuenta Osvaldo Arteta (73), segunda generación de panaderos.

“Pocos años después llega desde Lobos en tren la señora Catoni, una viuda con sus hijos. Es ella quien levanta la panadería y quien funda en 1922 La Olidense”.

Osvaldo Arteta (73), segunda generación de panaderos del pueblo
Osvaldo Arteta (73), segunda generación de panaderos del puebloSilvina Baldino

Para su edificación se aprovechó un terreno lindante donde se moldearon y hornearon, de forma manual, todos sus ladrillos. De aquel esfuerzo artesanal nació La Olidense, una panadería emblemática que hoy sigue en pie gracias a la familia Arteta. En su fachada, el antiguo carro de reparto permanece estacionado como testigo de décadas de historia.

“Algo distintivo, y poco usual, es que la panadería fue construida con dos amplios sectores para trabajar de manera independiente: por un lado, la gran sala de amasado y, por otro, el espacio donde se encuentra el histórico horno a leña”, explica el ex panadero, ya alejado de su oficio pero con la tranquilidad de que hoy es su hijo Pablo quien cada mañana toma la posta y mantiene viva la historia.

El cartel que da la bienvenida a Oliden
El cartel que da la bienvenida a OlidenSilvina Baldino
Reunión de lugareños en el almacén local
Reunión de lugareños en el almacén localSilvina Baldino

Tradición y legado familiar

En 1957, el destino de la panadería cambiaría para siempre cuando la familia Arteta decidió tomar las riendas del negocio.

“Yo tenía 4 años cuando nos vinimos del campo”, cuenta Osvaldo, mientras saluda con la amabilidad pausada de los hombres de pueblo cuando entra un cliente al salón de despacho.

La familia Arteta está a cargo de la panadería La Olidense
La familia Arteta está a cargo de la panadería La OlidenseSilvina Baldino

“En mi familia no sabíamos nada de panadería. Mi viejo tuvo que contratar a un maestro de pala para que le enseñara el oficio. Venía de Saladillo y se instaló unos tres meses en el pueblo. Él fue quien nos enseñó los secretos de la buena masa y trajo la receta de la galleta de campo”, revela.

De su horno a leña salen entre 120 y 150 kilos diarios de pan en sus diferentes formatos y la clásica galleta zapatilla
De su horno a leña salen entre 120 y 150 kilos diarios de pan en sus diferentes formatos y la clásica galleta zapatillaSilvina Baldino

Cuando terminó la escuela primaria, Osvaldo empezó a dar una mano en el oficio junto a su padre. “Aprendí a conocer el horno, el punto justo de la harina y la paciencia del amasado”, dice, y se emociona al agregar: “Hoy, ver a mis hijos mantener la tradición es el orgullo más grande”.

El secreto de la galleta de campo

¿Qué hace que la galleta de campo de Oliden sea un imán irresistible para quienes viajan los fines de semana exclusivamente a buscarla? La familia Arteta no tiene reparos en compartir el secreto técnico que diferencia al pan tradicional de la mítica galleta de campo criolla.

La galleta de campo criolla requiere 22 vueltas de sobado resultando en una corteza dura y aireada, con un crujiente característico y una miga liviana
La galleta de campo criolla requiere 22 vueltas de sobado resultando en una corteza dura y aireada, con un crujiente característico y una miga livianaSilvina Baldino

“Mientras que el pan común requiere ocho vueltas en la máquina sobadora, la galleta de campo que hacemos en La Olidense requiere exactamente 22 vueltas de sobado”, revela Osvaldo.

Este amasado prolongado le otorga su corteza dura y aireada, con un crujiente característico y una miga liviana. Otra de las claves está en el horneado, un método casi extinto en la panadería moderna.

“Se cocina directamente en el piso del horno a leña, sobre las lajas de piedra calientes, sin bandejas intermedias ni nada”.

Las tranquilas calles de Oliden
Las tranquilas calles de OlidenSilvina Baldino

Junto con la galleta, las tortas negras de cubierta crujiente y miga esponjosa son el otro gran tesoro del lugar. “Son recetas puras, traídas por aquel maestro de Saladillo y conservadas sin ningún tipo de aditivo químico”, agrega.

Aunque Osvaldo dejó de ejercer el oficio hace ocho o nueve años, la llama de La Olidense sigue más viva que nunca gracias a la tercera generación. Su hijo Pablo, de 42 años, a quien Osvaldo bautizó en honor a Juan Pablo II, tomó la posta del negocio familiar.

Pablo se levanta cada madrugada para amasar y hornear la primera tanda. De este horno a leña salen entre 120 y 150 kilos diarios de pan en sus diferentes formatos y la clásica galleta zapatilla. De allí también nacen sus facturas y una producción de pastas caseras que incluye ñoquis, ravioles y sorrentinos.

La Capilla Inmaculada Concepción, con su fachada pintada de rosa, de nave central y torre campanario
La Capilla Inmaculada Concepción, con su fachada pintada de rosa, de nave central y torre campanarioSilvina Baldino

A media mañana, Pablo sale a realizar la tradicional recorrida de reparto por la zona, las casas con tranqueras en los campos y los almacenes de los pueblos cercanos, reeditando un ritual de abastecimiento rural que parece resistir al paso de las décadas. La atención en el despacho queda a cargo de las mujeres de la familia.

El sueño de Osvaldo no se detiene en el presente: aspira a que su nieto Manuel, de 3 años, tome algún día la posta de Pablo y mantenga viva la tradición familiar.

Gracias al boca en boca de los viajeros y a la trayectoria de La Olidense, el pueblo logró reinventarse como un polo de turismo rural gastronómico. Cada septiembre, Oliden celebra su gran hito anual: la Fiesta Provincial de la Galleta de Campo.

El viejo almacén de ramos generales cobró una nueva vida de la mano de Gabriela Cáceres y Lucho Golato
El viejo almacén de ramos generales cobró una nueva vida de la mano de Gabriela Cáceres y Lucho GolatoSilvina Baldino

Durante esa jornada festiva, la tranquilidad habitual de la estación se transforma en una verdadera multitud. Centenares de visitantes se acercan para degustar costillares al asador, pastelitos, embutidos artesanales, quesos, miel y dulces regionales, mientras se suceden los espectáculos folclóricos y las muestras de artesanías criollas.

Un recorrido por Oliden

Alrededor de la antigua estación se alinean varios lugares para visitar. Cruzando la esquina de la panadería está Bar El Encuentro, una antigua vivienda donde habitó el primer carrero del pueblo y que más tarde se transformó en un clásico punto de reunión.

Bar El Encuentro, un clásico punto de reunión, hoy cerrado
Bar El Encuentro, un clásico punto de reunión, hoy cerradoSilvina Baldino

Aunque lleva años cerrado, en el recuerdo de los vecinos aún resuenan las madrugadas de pool y partidas de cartas. Hoy, aunque el lugar está abandonado, su fachada de época es una de las postales más fotografiadas por quienes visitan el pueblo.

Frente a la estación de ferrocarril se encuentra la Capilla Inmaculada Concepción. Con su fachada pintada de rosa, este templo destaca por su arquitectura sencilla, de nave central y torre campanario.

Construido gracias al esfuerzo y la recaudación de fondos de los propios vecinos, el edificio se terminó en 1944 y fue bendecido formalmente el 8 de abril de 1945 por el arzobispo de La Plata. Su interior sobrio y bien conservado transporta a los visitantes en el tiempo, consolidándose como un verdadero pilar de fe e identidad local.

Aunque el ramal dejó de funcionar hace medio siglo, la estación se mantiene en pie y en muy buen estado
Aunque el ramal dejó de funcionar hace medio siglo, la estación se mantiene en pie y en muy buen estadoSilvina Baldino

Hoy en día, gran parte de la vida religiosa del lugar pasa por las manos de Stella Maris, “Mari”, como la llama cariñosamente su esposo Osvaldo Arteta, quien guarda las llaves del templo y mantiene vivo el espacio. Es ella quien coordina las clases de religión a las que acuden dos catequistas desde un pueblo vecino. Incluso, con lo recaudado en la tradicional Fiesta de la Galleta, lograron construir las salas destinadas a esas actividades.

En el lugar hay misa una vez al mes y cada 8 de diciembre se celebra la fiesta patronal, con la procesión de la Virgen en andas por las calles del pueblo.

El almacén de Etel, un hito local
El almacén de Etel, un hito localSilvina Baldino

La Estación Oliden es una de las joyas ferroviarias mejor conservadas de la zona. Aunque el ramal del Ferrocarril Roca que unía La Plata con Lezama dejó de funcionar hace medio siglo, el edificio se mantiene en pie y en muy buen estado.

Todavía pueden verse las boleterías, las palancas de señales y el cartel nomenclador de chapa original. En el predio también se destaca un viejo galpón de acopio muy fotogénico.

A pocos metros de la estación aparece una pintoresca construcción elevada de madera y troncos. Allí funciona La Piara, un almacén de chacinados que rinde culto a los sabores autóctonos.

La Piara, un almacén de chacinados que nació hace más de tres décadas de la mano de Oscar Etcheverri
La Piara, un almacén de chacinados que nació hace más de tres décadas de la mano de Oscar EtcheverriSilvina Baldino

Este emprendimiento familiar nació hace más de tres décadas de la mano de Oscar Etcheverri, quien dio sus primeros pasos repartiendo chorizos y morcillas caseras por Brandsen y los pueblos vecinos. Con el tiempo sumó los icónicos salames de rueda y una amplia variedad de fiambres artesanales.

Hoy, Oscar, junto a sus cuatro hijos, mantiene viva esta tradición ofreciendo chorizo seco, bondiolita, salame picado fino y longaniza calabresa, además de una selección de productos regionales como quesos, dulces y miel.

Una cuadra más adelante se encuentra el Almacén de Etel, ubicado en una edificación centenaria de 1915 que perteneció a la familia Simurro, muy conocida en la zona.

Casas históricas del pueblo
Casas históricas del puebloSilvina Baldino

El lugar conserva sus pisos calcáreos y techos de madera originales, además de estar ambientado con la antigua balanza de su histórica dueña, fallecida hace dos años, y diversos objetos donados por los propios vecinos.

Este viejo almacén de ramos generales cobra una nueva vida de la mano de Gabriela Cáceres y Lucho Golato. La pareja, oriunda de Quilmes, llegó a Oliden durante la pandemia. Tras el nacimiento de su tercer hijo, apostó por reabrir el lugar con una propuesta gastronómica para los mediodías.

La Piara es un referente en materia de chacinados
La Piara es un referente en materia de chacinadosSilvina Baldino

Con un horario corrido de 8 a 22, que se extiende aún más los viernes y sábados, buscan garantizar que los visitantes siempre encuentren un lugar abierto.

La transformación del local ha sido progresiva: lo que antes era un punto de encuentro para tomar algo y jugar al truco hoy se está adaptando para ofrecer servicios de cafetería y minutas, como pizzas, empanadas, panchos, hamburguesas y milanesas. Con la mirada puesta en organizar la atención ante la gran afluencia de público, sus dueños ya proyectan incorporar platos más elaborados en el corto plazo.

Fuente: La Nación

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