Mendoza: hallan presunta estructura Inca de hace 3 mil años
Una expedición hispano-argentina viajará a los Andes para comprobar si es real un geoglifo localizado por Google Earth
Los investigadores revisarán si se trata de una estructura sagrada del período inca

MADRID.- El diccionario de la lengua española explica que un geoglifo es una “figura de gran tamaño en laderas o en grandes llanuras, especialmente de pueblos prehistóricos, grabada directamente sobre el terreno o realizada con piedras”. De todos los que se localizaron en el mundo, los más famosos son los de Nazca (Perú), declarados Patrimonio de la Humanidad. Solo son visibles desde las montañas cercanas o desde el aire, lo que les da un halo de misterio. Ahora, un grupo de investigadores de Argentina y España van a estudiar una estructura que podría ser un geoglifo localizado el año pasado sobre los 3000 metros de altura en la cordillera andina del Tigre (Argentina) y que fue descubierto por el andinista Carlos Gobbi cuando consultaba Google Earth. Una expedición conjunta intentará analizarlo in situ el próximo diciembre.
Cristina Prieto-Olavarría (del instituto Ianigla-Conicet), arqueóloga e investigadora principal del proyecto por la parte argentina, y el también codirector Horacio Chiavazza (Laboratorio de Arqueología Histórica y Etnohistoria, FFyL, Universidad Nacional de Cuyo), declararon a LA NACION: “No hay antecedentes de esto ni en notas ni en publicaciones. Es un hallazgo inédito para la arqueología. No es un sitio arqueológico común, no hay otro igual en Mendoza”.
La investigación forma parte de Arqueoandes, un proyecto de colaboración entre investigadores de ambos países que tiene como expertos principales a Prieto-Olavarría y a Mario Gutiérrez, del Instituto Universitario de Investigación en Arqueología Ibérica de la Universidad de Jaén, y que busca estudiar la transformación del paisaje de la alta montaña de los Andes y la incidencia de distintos procesos históricos sobre el entorno.
El hallazgo de Gobbi a través de Google Earth se produjo en mayo de 2025, pero resultaba necesario comprobarlo en el lugar, por lo que el andinista realizó una primera expedición en septiembre del año pasado. No pudo alcanzar el sitio. Algo que volvió a ocurrir otra vez en noviembre por las condiciones meteorológicas y físicas de la cordillera andina. Solo en febrero de este año, llegó hasta el sitio arqueológico tras una marcha de cuatro días sin apenas agua ni conexión telefónica alguna.
En el lugar encontró estructuras pétreas lineales que formaban pasillos, así como una especie de montículos de piedra apiladas. Los corredores superaban los 30 metros de longitud. Tomó entonces fotografías y se las mostró a Prieto-Olavarría y Chiavazza, que no pudieron determinar, con solo esas imágenes, ni el momento de la construcción ni la función que cumplían las estructuras.
Ante tal reto, el equipo interdisciplinar hispano-argentino intentará en diciembre un nuevo ascenso para datar e interpretar las estructuras. Una de las hipótesis que manejan es la posibilidad de que esta construcción esté vinculada con el período incaico (siglos XV y XVI), aunque tampoco descartan que tenga un origen anterior o posterior. Respecto a la función, pudo tener múltiples a lo largo del tiempo, como la de campamento estacional. Hay elementos, dicen en un comunicado, que alimentan esa posibilidad. “El lugar está en una zona de acceso muy complejo y sin agua. Tampoco parece haber sido un sitio de ocupación permanente”, sostienen.

Esta hipótesis se refuerza con el hecho de que Gobbi no encontró, aparte de las estructuras, material arqueológico en superficie, cerámicas ni restos de alimentos que permitan pensar en una ocupación permanente. Las actividades arqueológicas en el área aclararán si existen otras ocupaciones cercanas a la estructura.
Si efectivamente el sitio fuese incaico, podría tener una relación con la concepción sagrada del paisaje que tenía esa sociedad, en la que montañas, caminos y otros hitos se vinculaban dentro de un territorio cargado de significado.
Los especialistas prevén realizar un análisis del terreno de alta precisión, prospecciones a pie y geoquímicas, trabajos con drones, teledetección y estudios de geoarqueología. El objetivo es reconstruir no solamente qué hicieron las personas que ocuparon o utilizaron ese espacio, sino también cómo era el ambiente en aquel momento. “Vamos a poder trabajar aspectos ambientales relacionados con disponibilidad de agua, eventos climáticos y también eventos humanos”, explican.
La investigación se realizará en conjunto con especialistas del Instituto Universitario de Investigación en Arqueología Ibérica de la Universidad de Jaén. El director de ese instituto, Juan Pedro Bellón, define el hallazgo como “de primer orden” y destaca la importancia de la colaboración entre ambas instituciones.
A su vez, el investigador Mario Gutiérrez, codirector del proyecto por la parte española, asevera que desde la Universidad de Jaén se aportarán métodos avanzados para analizar sedimentos y restos botánicos a escala microscópica, con el objetivo de reconstruir la evolución del paisaje y las actividades desarrolladas por las sociedades del pasado.

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Por Vicente G. Olaya
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