El pasaje centenario escondido en pleno once
Recorrido por el pasaje Rivarola y el Café Rivarola que se encuentra en el pasaje en la ciudad de Buenos Aires. 07.01.2024 Foto Maxi Failla
“Te sentís como en otro tiempo”: el pasaje sin salida que alberga más de 100 años de historia porteña y una joya patrimonial
En Balvanera, alrededor de un cul-de-sac se organiza la vida de una de las primeras viviendas colectivas de la ciudad, construida en 1911

Frente a la estación de trenes de Once, sobre Teniente Gral. Juan Domingo Perón, antiguamente Cangallo, entre Jean Jaures y Ecuador, se ubica un edificio que no pasa desapercibido. Al 3047, un gran pasaje central de unos sesenta metros recorre el complejo y separa dos cuerpos edilicios que datan de principios del siglo XX. Una calle sin salida, con árboles incluidos, lleva a quien se asoma detrás de la reja de entrada a imaginar la vida allí en los albores del 1900.
Explica Catalina Cabana, historiadora especialista en arquitectura y patrimonio porteño, que este pasaje no es tal. En realidad, “es una vivienda colectiva que se construye en pequeñas comunidades, como una vecindad”, dice. Y afirma que existen varias de este tipo en la ciudad, que son más o menos de la misma época. “Lo llaman pasaje, pero es un edificio, que en vez de estar construido hacia arriba, va hacia adentro. El término que se utiliza en estos casos es cul-de-sac, un pasaje sin salida, porque justamente no está pensado para que la gente lo transite o cruce, sino que los únicos que transitan por allí son quienes viven”, advierte.

Según describe Pablo G. Fernández, comunicador y autor del libro Buenos Aires Revelada. Fachadas de la ciudad cotidiana (recientemente declarado de interés para la comunicación social y la cultura por la Legislatura porteña), esta propiedad representa la transición entre la sociabilidad del conventillo y la vivienda colectiva moderna. Destaca que fue proyectado por los ingenieros y arquitectos Raúl G. Pasman y Enrique Marcó del Pont. “Este misterioso conjunto cerrado en cul-de-sac abarca unos 4900 m² construidos sobre un amplio solar de 2110 m², donde se distribuyen 43 unidades funcionales”, detalla. Para Fernández, su valor proyectual radica en la escala humana y en su esquema circulatorio ya que alberga dos grandes alas enfrentadas de tres niveles que se articulan a lo largo de un patio central arbolado de unos ocho metros de ancho. Estas secciones están interconectadas mediante galerías corridas, pequeños puentes y cuatro núcleos de escaleras, dos al frente y dos al fondo.
“Esta disposición no solo aseguraba la ventilación cruzada y la iluminación natural que superaban las falencias sanitarias de su época, sino que creó una verdadera calle interior privada capaz de albergar una rica vida comunitaria y más de un siglo de historia cultural porteña”, señala.

Cabe destacar que, para ese entonces, Buenos Aires había recibido una inmigración importante y su población crecía en forma acelerada. Este tipo de viviendas venía a solucionar el problema habitacional como una alternativa al tradicional conventillo. Uno de sus arquitectos, Pasman, era porteño y se había interesado tanto en el tema de las viviendas populares que tuvo participación en la Comisión Nacional de Casas Baratas. Además de este complejo en la actual Perón 3047, proyectó la Casa Colectiva Valentín Alsina, frente a Parque Patricios, construida ocho años más tarde.
Cabana asegura que la época en la que levantó el primero era la de mayor esplendor del Mercado del Abasto, que estaba a unas pocas cuadras. Para la historiadora, los primeros años del edificio deben haber sido de mucho movimiento y considera que sus primeros habitantes podrían haber estado vinculados al mercado y también a la estación de tren, el Ferrocarril Oeste en ese entonces, situada justo enfrente. “Además, en la zona había muchas empresas como curtiembres y frigoríficos, asociadas a la producción del Abasto, pero también al tren. De hecho, este estaba conectado al mercado, ya que donde está hoy el Parque de la Estación se situaban unos galpones en los que se guarbaba mercadería que luego llegaba a la gran plaza comercial mediante un tren específico”, explica.

En cuanto a la edificación de Perón y Jean Juares, señala que era una construcción de calidad, levantada a partir de buenos materiales. “En ese entonces se construía para siempre”, apunta Cabana. Otro factor importante en su diseño estaba relacionado con la higiene que se apoyaba en factores claves como la iluminación y la ventilación cruzada que garantizaba este patio que se asemejaba a un pasaje. En ese entonces, este también tenía una función social, porque todo sucedía allí. La gente charlaba con sus vecinos, tomaban mate, organizaban reuniones o festejos y era también un espacio de juego para los chicos. “Era un espacio social importante que implicaba una forma de vivir colectiva. Seguramente los niños que vivían allí se criaban todos juntos, estaban resguardados, era una comunidad”, añade.
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Un dato curioso es que en 1921 funcionó allí la revista anarquista Cuasimodo, en su segunda etapa; la primera había sido en Panamá, entre 1919 y 1920. La versión porteña de esta publicación tuvo como editores a Julio R. Barcos y Nemesio Canales.

La evolución del edificio a lo largo de los años se relaciona mucho con la del barrio. “Para 1911, la zona se entendía como las afueras de la ciudad. Si bien era un lugar de mucho tránsito, por el mercado y por el tren, era aún un oeste campero. Suena raro o muy lejano, pero era así”, sostiene la historiadora. Y detalla que sufrió los avatares del mismo barrio, una década del 30 muy viva, del 40 con mucho ajetreo, que decayó después de la década del 70 y todavía más luego de 1984, cuando cerró el Mercado de Abasto y un gran porcentaje de la gente que trabajaba allí se mudó. “Hoy el edificio está bastante caído abajo, las veces que pasé no lo vi muy cuidado”, advierte.
Una joya porteña
“La verdad que ese edificio es una locura, fue toda una experiencia vivir ahí, aunque hoy está muy descuidado”, coincide Manuela Pardo, de 30 años, que vivió durante cuatro años en la propiedad entre 2021 y 2025. “Es un edificio con mucha historia, que está muy bien pensado. Cada departamento es gigante y está muy bien iluminado y ventilado”, añade. Cuenta que vivía con su hermana y una amiga en una unidad de cuatro ambientes, con un gran living, tres habitaciones y una cocina “gigante y preciosa”. “Todo estaba superventilado y era muy luminoso”, recuerda. Comenta además que en el complejo convivían algunas unidades que habían sido remodeladas a cero y otras con muy poco mantenimiento.

En cuanto a la rutina y convivencia sostiene que, en un primer momento, pensó que iba a ser muy ruidoso, pero que finalmente no fue así. “Es supertranquilo y era muy linda la vida en comunidad, por decirlo de alguna forma, te sentías como parte de una vecindad”, describe Pardo. Aunque reconoce que el patio que enfrenta los dos cuerpos también era un lugar de catarsis. “Por ejemplo, si alguien se pasaba con la música y a algún vecino que no le gustaba la situación se paraba ahí en el patio y empezaba a gritar. De repente, todos formábamos medio parte de una trifulca”, explica.
Sin embargo, tiene recuerdos muy lindos de esos años: “Vivía en el segundo piso y para llegar a mi casa tenía que subir las escaleras y caminar por un pasillo por el que me daba el sol, me cruzaba con los vecinos, nos poníamos a charlar, e incluso pasaba algún gatito que podía acariciar. Era realmente un muy lindo lugar, una joya”.

Actualmente, la construcción cuenta con protección patrimonial cautelar por una ley de la ciudad para construccines anteriores a 1941. “Es un edificio que da rienda suelta a las ilusiones. Cuanto estás ahí, te sentís como parte de otro tiempo”, concluye la joven.Por Silvina Vitale
Fuente: La Nación