La Plaza San Martín, rodeada de los palacios porteños

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Dos de estas mujeres fueron figuras destacadas de la élite porteña; todas vivieron en magníficas residencias que hicieron de la Plaza San Martín uno de los sitios arquitectónicos más destacados de la ciudad

Cinco ubicaciones en plaza San Martín. Palacio Villar.
18/09/2026.

Silvina Vitale

Toda la zona de Plaza San Martín cambió radicalmente a principios del siglo XX. Antes habían funcionado allí un mercado de esclavos —inicios del 1700—, una plaza de toros —inicios del 1800— y, posteriormente, los cuarteles de Retiro. “Previo a 1900, el aspecto del lugar era muy diferente. En pocos años, tras levantarse estas magníficas propiedades, se transformó en una de las zonas más importantes de la ciudad en cuanto a su arquitectura”, explica Adolfo Brodaric, investigador especializado en patrimonio arquitectónico.

Algunas de las más importantes edificaciones que aún hoy rodean la plaza son un fiel testimonio de aquella época. Habitadas en su mayoría por familias de la aristocracia local, fueron levantadas siguiendo como inspiración la arquitectura europea y los rascacielos neoyorquinos. Las dueñas de estas mansiones tuvieron distinta trascendencia en el ámbito local. Mercedes Castellanos, casada con Nicolás de Anchorena y dueña del Palacio Anchorena, fue una de las mujeres más relevantes que vivieron allí, al igual que Corina Kavanagh, quien hizo construir sobre la calle Florida al 1065 el edificio que llegó a ser el más alto de Sudamérica

Desde 1997, el Palacio Anchorena es Monumento Histórico Nacional
Desde 1997, el Palacio Anchorena es Monumento Histórico NacionalHernan Zenteno – La Nacion

La zona de Plaza San Martín se caracteriza por ser un lugar donde confluyen varios estilos arquitectónicos, sostiene Sergio López Martínez, arquitecto e historiador de la arquitectura. La denomina un palimpsesto, es decir, una suma de capas sin pureza de estilo. “Es quizá el lugar más icónico de la generación del 80 a nivel residencial, con estilos que van de la Belle Époque, el academicismo y el eclecticismo hasta el Art Decó, pasando por el neorrománico de la Iglesia del Santísimo Sacramento”, señala. Y añade que en sus inicios los palacios pertenecían a una aristocracia estanciera.

Mercedes de Anchorena ya era viuda y heredera de una gran fortuna cuando mandó construir su residencia en la esquina de Arenales y Esmeralda al célebre arquitecto Alejandro Christophersen en 1909. “El Palacio Anchorena es uno de los ejemplos más acabados del alto academicismo borbónico francés en Buenos Aires, dividido en tres alas, donde se distribuyeron Mercedes y dos de sus hijos, Enrique y Emilio, y sus respectivas mujeres e hijos”, señala Marcos Ceballos, especialista en Patrimonio Arquitectónico. Aclara que ella y su hijo soltero, Aaron, ocuparon la esquina de Arenales y Esmeralda.

Mercedes Castellanos, casada con Nicolás de Anchorena y dueña del Palacio Anchorena
Mercedes Castellanos, casada con Nicolás de Anchorena y dueña del Palacio Anchorena

Mercedes fue una gran filántropa, al punto de que recibió la condecoración de Condesa Pontificia. Fue la gran constructora de la Basílica del Santísimo Sacramento, ubicada a pocas cuadras de su palacio, en San Martín 1039. Destaca Ceballos que Mercedes viajó especialmente a Roma para mostrarle al Papa Benedicto XV los planos del templo diseñado por los arquitectos franceses Coulomb y Chauvet en 1914, en estilo neogótico.

Entre sus acciones benéficas, incentivaba becas para alumnos para estudios en el prestigioso Colegio Pío Latino en Roma. También construyó asilos y conventos; mandó edificar la Iglesia Nuestra Señora de las Mercedes, en el Bajo Belgrano, y donó parte de las instalaciones del Seminario de Villa Devoto. Es recordada por ser la única beneficiaria de una “Rosa de Oro”, otorgada por el Papa Pío X por sus labores en favor de la Iglesia Católica.

El antiguo Palacio Anchorena es hoy la sede de Cancillería y es conocido como Palacio San Martín
El antiguo Palacio Anchorena es hoy la sede de Cancillería y es conocido como Palacio San Martín Hernan Zenteno – La Nacion

Por el Centenario de la Independencia, en 1916, tuvo lugar un gran festejo en los salones del Palacio Anchorena. Dos décadas más tarde, los Anchorena vendieron la residencia al gobierno nacional, que la destinó a la Cancillería. Desde 1997 es Monumento Histórico Nacional.

Una visionaria

El nombre de Corina Kavanagh adquirió relevancia cuando, en enero de 1936, inauguró el rascacielos más alto de la Argentina y de América del Sur. La estructura de concreto, de 120 metros, que dejó en manos del estudio integrado por los arquitectos Gregorio Sánchez, Ernesto Lagos y Luis María de la Torre, superó en altura al Palacio Barolo, de 1923 y 100 metros de altura.

Corina Kavanagh en Caras y Caretas, en 1936
Corina Kavanagh en Caras y Caretas, en 1936Gentileza Díaz Ortiz Ediciones

Fue una pionera del mercado inmobiliario porteño, dominado por hombres. Explica el arquitecto Juan Ignacio Ruffa, especialista y magíster en Historia y Crítica de la Arquitectura y el Urbanismo y docente de la Universidad Católica Argentina (UCA), que el rascacielos encarnó un quiebre tipológico, ideológico y cultural sin precedentes. “En el marco del tejido urbano que rodea la Plaza San Martín, históricamente consolidado por la aristocracia mediante la tipología del hotel particular y el château afrancesado de corte academicista, como los palacios Anchorena, Paz, Villar o Tornquist, la intervención de Corina Kavanagh trascendió el mero mecenazgo patricio para configurarse como una audaz operación inmobiliaria de vanguardia”, sostiene. Y considera que, al financiar, en 1934, la construcción de la Torre Kavanagh, dinamitó la escala residencial horizontal del entorno e impuso un nuevo canon de modernidad vertical en Buenos Aires.

El rascacielos encarnó un quiebre tipológico, ideológico y cultural sin precedentes
El rascacielos encarnó un quiebre tipológico, ideológico y cultural sin precedentes Hernan Zenteno – La Nacion

Ceballos sostiene que Corina fue protagonista de una leyenda urbana: un “enamoramiento” de novela con Aaron Anchorena, hijo de Mercedes Castellanos. Hasta el día de hoy se cuenta que esta relación no era consentida por la viuda de Anchorena y que, por esa razón, Corina había mandado levantar el edificio con la intención de tapar la vista de la Iglesia del Santísimo Sacramento construida por la que hubiese sido su futura suegra. “Este relato no es verídico, porque no coinciden los años, pero es un cuento muy romántico que se sigue repitiendo hasta nuestros días”, advierte.

“La primera duda que tengo es que Corina haya tenido esa relación y, luego, no coinciden las fechas, porque Doña Mercedes murió en 1920 y el edificio recién empezó a levantarse en 1934”, aclara Brodaric. Y agrega: “En realidad, el edificio tiene voluntad de no tapar la iglesia, porque el pasaje lo dejan para darle aire al templo”.

El Kavanagh desde la plaza San Martín
El Kavanagh desde la plaza San Martín Hernan Zenteno – La Nacion

“El rol de Corina Kavanagh fue determinante al conceder un margen de autonomía proyectual atípico al estudio Sánchez, Lagos y de la Torre. Esta libertad permitió a los proyectistas distanciar la obra del historicismo imperante y volcarse a un riguroso lenguaje racionalista de influencias Art Déco, expresionistas y racionalistas, caracterizado por la masa escalonada de volúmenes puros y la ausencia total de ornamentación aplicada”, describe Ruffa. Para el profesor de la UCA, la torre redefinió de manera irreversible el perfil urbano y el horizonte visual de la Plaza San Martín. Es Monumento Histórico Nacional desde 1999.

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Un palacio inspirado en el Louvre

Las otras mujeres que habitaron las grandes residencias alrededor de la plaza fueron Zelmira Paz de Gainza, anfitriona del llamado Palacio Paz; Rosa Altgelt de Tornquist, casada con Ernesto Tornquist, banquero y dueño del Hotel Plaza; Cristina Casacuberta de Villar, quien ocupó uno de los primeros palacios que rodearon la Plaza San Martín.

El Palacio Paz fue la residencia privada más grande de la Argentina
El Palacio Paz fue la residencia privada más grande de la Argentina Hernan Zenteno – La Nacion

Zelmira Paz de Gainza era hija de José C. Paz, fundador del Diario La Prensa, y habitó una de las residencias más impresionantes de la Argentina. La fachada sobre Plaza San Martín está inspirada en uno de los frentes del Museo del Louvre y el castillo de Chantilly. “El imponente edificio es una maravilla de estilo francés ideada por el arquitecto Louis Marie Henri Sortais, a pedido de su padre. La obra comenzó en los primeros años del siglo XX y se inauguró en 1914. Supo ser la residencia privada más grande de la Argentina”, señala Ceballos.

Es un edificio de 12.000 metros cubiertos dividido en 140 ambientes, 17 escalinatas, cinco comedores y 10 ascensores para las cuatro plantas y el entrepiso. José C. Paz no llegó a disfrutar de la magnífica propiedad, pero sí lo hicieron su esposa y sus dos hijos, Ezequiel y Zelmira. Ella se instaló con sus hijos en el frente principal, sobre Santa Fe, mientras que su hermano Ezequiel y su primo Alejandro Paz y sus familias se alojaron en las otras dos alas sobre las calles Maipú y Marcelo T. de Alvear.

Zelmira Paz de Gainza
Zelmira Paz de Gainza

Zelmira estaba casada con Alberto Gainza, y muchos años después de enviudar se casó con Aaron Anchorena. Su hijo, Alberto Gainza Paz, destacado periodista y empresario, fue director de La Prensa desde 1943 hasta 1977. Para 1938, los Paz habían vendido el edificio al Círculo Militar. El Palacio Paz fue declarado Monumento Histórico Nacional en 2014.

El primer hotel de lujo de Sudamérica

La residencia familiar de Rosa Altgelt de Tornquist y Ernesto Tornquist se encontraba justo enfrente del Hotel Plaza. Se trataba de un palacio de estilo italiano de 1880, que había sido construido por el arquitecto de origen alemán Carlos Nordmann. La familia vivió allí hasta 1928. Durante la década de 1930, la propiedad fue vendida y demolida.

El Hotel Plaza, en obra desde 2017
El Hotel Plaza, en obra desde 2017 Hernan Zenteno – La Nacion

En tanto, el imponente Hotel Plaza, que está próximo a reabrir sus puertas, sigue en pie en la esquina de Florida y Marcelo T. de Alvear. Inaugurado en 1909 para las celebraciones por el centenario de la Revolución de Mayo, fue el primer hotel de lujo de Sudamérica. Tornquist lo encargó a otro arquitecto alemán, Alfred Zucker, pero nunca llegó a conocerlo. Ernesto falleció el 17 de junio de 1908, un año antes de que se inaugurara.

En 1994, pasó a ser administrado por la cadena Marriott y, desde 2013, forma parte del Grupo Alvear. Cerró sus puertas en 2017 y, luego de un proceso de renovación, abrirá con una propuesta que incluye departamentos y, por supuesto, un servicio de hotelería de lujo.

Ernesto Tornquist, Rosa Altgelt y 10 de sus 13 hijos, en 1895
Ernesto Tornquist, Rosa Altgelt y 10 de sus 13 hijos, en 1895

De casa austera a palacio

Cristina Casacuberta de Villar, esposa del hacendado entrerriano Reinaldo Villar, vivió con su familia en la llamada Residencia Villar. “En 1883, su marido le compró a José Haedo una casa austera ubicada en una pequeña manzana triangular comprendida entre las calles Santa Fe, Maipú y Marcelo T. de Alvear. Pero luego encargó al ingeniero suizo Giuseppe Mariani su residencia, de estilo castillo renacentista con decoraciones medievales”, indica Ceballos.

Años después, en la década del 20, de la mano del arquitecto Fortunato Passeron, la hija de ambos, Dominga Villar, remodeló íntegramente la residencia dándole un estilo neogótico francés. Los Villar vendieron el Palacio al Banco Popular Argentino en 1935 y finalmente, en 1942, quedó en manos de la Administración de Parques Nacionales. Fue declarada Monumento Histórico Nacional en 2001.

La Residencia Villar fue declarada Monumento Histórico Nacional en 2001
La Residencia Villar fue declarada Monumento Histórico Nacional en 2001Hernan Zenteno – La Nacion

López Martínez recuerda el análisis sobre esta zona de la ciudad que hizo Federico Ortiz, ya fallecido, en el libro Historia General del Arte en la Argentina, de la Academia Nacional de Bellas Artes, donde el autor aseguraba que, desde el punto de vista urbanístico, la zona de Plaza San Martín era la parte más inglesa de Buenos Aires. “Parece un square inglés, un parque de Londres, donde siempre aparece el factor sorpresa, con calles que se cruzan de forma rara creando manzanas irregulares”, explica. A la vez, desde lo social, era el patio de familia, ya que la pequeña aristocracia que vivía allí se componía de familias emparentadas entre sí.

Por Silvina Vitale

Fuente: La Nación

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