Casas que habitaron los virreyes en Buenos Aires
Las casas que habitaron los virreyes Cisneros, del Pino y Liniers en Buenos Aires
A fines del siglo XVIII y principios del XIX, en las proximidades de la Plaza de Mayo, el casco de Buenos Aires albergó a tres virreyes: cómo eran sus casas y qué fue de ellas
LA NACIONSoledad GilE

Desde la creación del Virreinato, en 1776, la residencia oficial de sus autoridades estuvo en el Fuerte de Buenos Aires, la antigua fortaleza levantada junto al río, muy próxima al sitio que hoy ocupa la Casa Rosada. Allí funcionaba buena parte de la administración colonial y allí se encontraba el llamado Palacio Virreinal, residencia del representante de la Corona.

El Fuerte sobrevivió a la Revolución de Mayo. Después de 1810 continuó siendo sede de las nuevas autoridades y fue utilizado por juntas, triunviratos, gobernadores y presidentes. A mediados del siglo XIX comenzó su demolición y, sobre aquel mismo terreno, fueron levantándose distintas construcciones públicas hasta que el conjunto terminó integrado a la actual Casa Rosada.
Pero algunos de los últimos virreyes quedaron también asociados a residencias particulares de Buenos Aires. Tres de esas casas permiten reconstruir algo de aquella ciudad doméstica de patios, gruesos muros, azoteas, tejas y rejas de hierro. Dos de ellas –la vinculada con Cisneros en la calle México y la de del Pino– desaparecieron bajo la piqueta. De la tercera, la de Santiago de Liniers, todavía sobrevive una parte considerable de su imagen colonial.
Cisneros: tres casas y una incógnita
Baltasar Hidalgo de Cisneros fue el último virrey español que ejerció efectivamente el poder en Buenos Aires. Mientras ocupó el cargo, residió en el Fuerte. Después de los sucesos del 25 de Mayo de 1810, habría alquilado la casa de Bolívar 553 que luego perteneció a los Ramos Mejía. Ricardo M. Llanes, al referirse a esa casona, recoge una tradición del historiador Ricardo de Lafuente Machain según la cual allí “habitó la familia del virrey Baltasar Hidalgo de Cisneros”.

La estadía, en cualquier caso, debió ser muy breve. Cisneros dejó el poder a fines de mayo y en junio fue embarcado por orden de la Primera Junta y enviado fuera del territorio. De haber residido allí desde su destitución, habría pasado en la casa menos de un mes, antes de ser enviado al exilio.
La casona de Bolívar tendría después otra historia extraordinaria. En 1852 estaba ocupada por la Legación Británica. Allí buscó refugio Juan Manuel de Rosas después de la derrota de Caseros, antes de embarcarse rumbo a Inglaterra.
Existe otra dirección vinculada con el exvirrey. La casa que hoy ocupa el Museo Mitre, en San Martín 336, también aparece relacionada con Cisneros. Julio A. Luqui Lagleyze menciona esa tradición y la Crónica Histórica Argentina, publicada por Codex bajo la dirección de Alfredo B. R. Gibelli en 1968, la formula con idéntica prudencia: “según una tradición”, Cisneros habría habitado allí después de su destitución.

Sin embargo, una tercera vivienda fue conocida durante décadas como la Casa del Virrey Cisneros, en México 313. Si bien no es posible demostrar que allí vivió don Baltasar, existen datos históricos muy concretos que muestran que la construcción era reconocida como su casa.
El investigador y dibujante Vicente Nadal Mora, uno de los grandes estudiosos de la arquitectura tradicional argentina, la identifica de esa manera en sus trabajos dedicados a la arquitectura y a la herrería artística del Buenos Aires antiguo. El dato cobra especial valor porque Nadal Mora documentó también la casa de Bolívar 553, a la que denomina casa de los Ramos Mejía. Para él, por lo tanto, se trataba inequívocamente de dos edificios distintos. Nadal Mora se formó en dibujo técnico y acuarela y trabajó durante décadas en la Dirección Nacional de Arquitectura, con especial dedicación al patrimonio histórico.

México 313 era una antigua construcción colonial. Poco antes de su desaparición, en 1940, la Dirección General de Paseos Públicos de la Municipalidad de Buenos Aires realizó una serie de fotografías de la casa. En su libro inventario quedó registrada expresamente como “Casa Virrey Cisneros. Calle México 313”. Los negativos, posteriormente incorporados al Museo de la Ciudad y hoy digitalizados por el CIAP, permiten observar el edificio en vísperas de su demolición: el patio, las habitaciones, los gruesos muros, las galerías, las viejas cubiertas de tejas y distintos detalles constructivos.

Una de esas fotografías contiene, además, un detalle extraordinario. Sobre la fachada se había colocado un enorme cartel anunciando la inminente demolición. En él podía leerse “La casa española del último Virrey”, junto al nombre de Enrique Colossi, encargado de derribarla. La paradoja resulta difícil de imaginar hoy: el carácter histórico del inmueble no era utilizado para intentar preservarlo, sino que Colossi publicitaba la demolición casi como un acto heroico: “después de 240 años, el demoler la hará desaparecer en breve”, decía.

Las tres direcciones –Bolívar 553, México 313 y la actual Casa Mitre– no necesariamente se excluyen entre sí. Pueden corresponder a episodios distintos de la vida de Cisneros o de su familia. Pero también muestran hasta qué punto la memoria de la ciudad puede conservar varias tradiciones para un mismo personaje sin que todas hayan dejado detrás la documentación necesaria para reconstruirlas con certeza.
Del Pino: la casa de la Virreina Vieja
Mucho menos enigmática es la gran casona que ocupaba la esquina noroeste de las actuales avenida Belgrano y Perú. Había sido construida en 1782 y estuvo vinculada tempranamente con Pedro Medrano. A comienzos del siglo XIX pasó a manos de Joaquín del Pino y Rozas, virrey del Río de la Plata entre 1801 y 1804, quien se instaló allí con su numerosa familia. Las fuentes sitúan la adquisición por Del Pino en 1801.

Era una de las residencias particulares más importantes de aquella Buenos Aires: tenía una veintena de ambientes y caballeriza, con una gran fachada colonial, ventanas enrejadas, portada ornamentada y un característico pretil sobre la azotea.
Del Pino murió en la casa en abril de 1804. Su viuda, Rafaela de Vera Mujica, continuó habitándola y terminó por darle el nombre con el que Buenos Aires la recordaría durante más de un siglo. Primero fue conocida como la Casa de la Virreina Viuda y, con el paso del tiempo, como la Casa de la Virreina Vieja.

Todavía le esperaba un episodio bélico. Durante la segunda invasión inglesa, en julio de 1807, soldados británicos se parapetaron en la propiedad y la casona quedó involucrada en los violentos combates librados en las calles de la ciudad.
Después tuvo muchas vidas, fue residencia obispal, alojó al representante de Portugal y, desde 1878, se convirtió en sede del Monte de Piedad, antecedente del actual Banco Ciudad. En sus últimos tiempos llegó a funcionar como inquilinato.
Hacia 1912, la antigua residencia fue demolida. En su solar comenzó a levantarse el extraordinario edificio Otto Wulff, construido entre 1912 y 1914, que todavía domina la esquina de Belgrano y Perú con sus torres, esculturas y ornamentación de inspiración centroeuropea.

Pero antes de que la casa colonial desapareciera, el arquitecto danés Morten Rönnow realizó un pormenorizado relevamiento del inmueble. Planos, croquis y dibujos registraron su distribución, sus patios, fachadas y numerosos detalles arquitectónicos y constructivos. Se conservan once láminas en tinta y una acuarela en perspectiva, que Rönnow donó en 1950 a la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Buenos Aires. Gracias a ese trabajo realizado prácticamente en vísperas de la demolición es posible conocer hoy con una precisión excepcional cómo era una de las grandes residencias coloniales de Buenos Aires.

Dijo el arquitecto Mario J. Buschiazzo: “al menos, el arquitecto que debió cumplir con esta tarea tuvo el acierto de recoger con su lápiz todos los planos y detalles que hoy nos permiten reconstruir con la imaginación una fastuosa residencia de aquellos tiempos de calzón corto y peluca, en que, bajo la apariencia de una vida frívola y ociosa, latían energías capaces de acciones épicas”.
Liniers: la que sobrevivió
La tercera casa tuvo mejor fortuna. En Venezuela 469, entre Defensa y Bolívar, todavía permanece la residencia vinculada con Santiago de Liniers. La construcción data de fines del siglo XVIII y perteneció a Martín Simón de Sarratea, suegro de Liniers. Él vivió allí entre 1806 y 1809, primero como jefe de la Reconquista y luego como virrey del Río de la Plata.

La vivienda también quedó asociada a las invasiones inglesas. Allí se trataron los términos de la capitulación del general William Carr Beresford después de la Reconquista de Buenos Aires de 1806.
En la segunda mitad del siglo XIX comenzó a funcionar allí la empresa fundada por Ángel Estrada, que con el tiempo se convertiría en una de las editoriales más tradicionales del país. La imprenta y los talleres gráficos ocuparon el conjunto formado por la antigua casa sobre Venezuela y otras propiedades contiguas, con salida por Bolívar. Esa utilización industrial produjo importantes transformaciones en la construcción colonial: de la residencia original se conservan fundamentalmente la fachada y unas pocas paredes.

Aun así, basta mirar el frente para reconocer buena parte del lenguaje de la arquitectura doméstica colonial: paredes de gran espesor, ventanas protegidas por rejas, techos de tejas y una gran puerta de acceso.
En 1942 fue declarada Monumento Histórico Nacional. Hoy forma parte del Espacio Virrey Liniers y constituye una rareza en una ciudad que, justamente en aquellos años, demolió buena parte de sus construcciones coloniales.
Fuente: La Nación