El 25% por de la población española ha sufrido o sufrirá en algún momento cálculos renales o piedras en el riñón. Este problema, muy doloroso, está muy relacionado con la alimentación. Conocer qué funciona y qué no, nos puede ayudar a evitarlo o tratarlo.

La aparición de piedras en el riñón está muy relacionada con la alimentación e hidratación.
  1. Joanna Guillén Valera

El riñón es un órgano vital. Entre otras funciones, es el encargado de producir la orina, “eliminando las sustancias de desecho y controlando el balance de líquido y de electrolitos del cuerpo”, explica a CuídatePlus Paloma Sanz, nefróloga del Hospital Quirón Juan Bravo (Madrid). Pero no sólo eso, sino que además “controlan la tensión arterial, activan una forma de vitamina D esencial para la absorción del calcio y producen una hormona que regula la producción de glóbulos rojos”, señala Fernando Cabrera, urólogo y responsable de la Unidad de Litiasis de ROC Clinic.

Si no hay un buen funcionamiento de los riñones se acumularían sustancias tóxicas en el organismo (como urea, potasio, medicamentos),  que pondrían en peligro la supervivencia de la persona”, indica Sanz. Pero no sólo eso, un problema en los riñones podría acarrear anemia, por falta de eritropoyetina; daño en los huesos, por la falta de vitamina D; y daño en los vasos sanguíneos que, junto con la elevación de la presión arterial, podría conllevar eventos cardiovasculares mortales como infartos cardíacos o cerebrales”. 

Otros problemas de salud relacionados con el riñón, según Cabrera son:

  1. Insuficiencia renal: esta patología surge cuando se produce una alteración funcional del riñón y, por su forma de presentación, puede clasificarse en aguda y crónica. El desarrollo de la insuficiencia renal está fuertemente ligada a un mal control de los factores de riesgo cardiovascular como son la obesidad, diabetes e hipertensión.
     
  2. Infecciones renales (pielonefritis, pielitis y uropatía obstructiva infectada): son enfermedades infecciosas producidas por bacterias, siendo la más frecuente el Escherichia coli, aunque puede haber muchas otras bacterias productoras.
     
  3. Tumores renales: suelen ser silentes y en la mayoría de los casos se diagnostican en fases tempranas de la enfermedad con pruebas de imagen solicitadas por otro motivo, por lo que la mayoría pueden ser tratadas de forma satisfactoria.
     
  4. Litiasis o cálculos renales.

Las temidas piedras en el riñón

Los cálculos renales, conocidos coloquialmente como piedras en el riñón, tienen una alta prevalencia. “Es una patología muy frecuente”, asegura Sanz. “Se dice que el 25% de la población tendrá un episodio de cólico renal a lo largo de su vida”, informa. Según Cabrera, es tan frecuente que “supone aproximadamente el 20% del total de las consultas de urología y el 5% del total de consultas en urgencias”. 

Pero, ¿por qué son tan prevalente? ¿por qué aparecen? Tal y como explica Sanz, la litiasis (cálculos renales) es “la formación de piedras en la vía renal. Elementos como el calcio, el ácido úrico o el oxálico precipitan en la orina formando pequeñas piedras que van creciendo poco a poco hasta desprenderse y, al ser expulsadas, producen daño en la vía renal”. 

La principal causa de la formación de los cálculos es, según este experto, “la insuficiente ingesta de líquidos, que origina una orina muy concentrada”. De hecho, “el 80% de las piedras en el riñón aparecen asociadas a la dieta y a los hábitos de vida que tenemos hoy en día en el mundo occidental” apunta Cabrera. “Bebemos poca cantidad de agua y más cantidad de otras sustancias que pueden deshidratar o que tienen mucho azúcar, favoreciendo la presencia de cálculos”, explica. Además, “las dietas ricas en proteínas y con baja cantidad de frutas y verduras favorecen la litogénesis, el nombre científico de la formación de los cálculos en la vía urinaria”.

Esto es lo más frecuente, aunque, como indica el experto, también “existe un tipo de cálculo muy concreto, que representa un porcentaje muy pequeño (menor al 1%) del total cálculos, que es la cistina, con una composición asociada a una alteración metabólica hereditaria”. Esto es así porque, tal y como señala Cabrera,  “puede haber una cierta asociación familiar en pacientes que tienen otras enfermedades con esta característica, como, por ejemplo, el hiperparatiroidismo, los síndromes MEN (neoplasias endocrinas múltiples) o la sarcoidosis. Es por ello que, efectivamente, puede haber grupos familiares, aunque no sea lo habitual”. Lo normal, insiste, “es que la aparición de piedras en el riñón esté condicionada por nuestra forma de vida”.

El temido cólico nefrítico

La mayoría de los pacientes con piedras en el riñón, informa Cabrera, “están asintomáticos hasta que aparece el denominado cólico nefrítico, que es la manifestación clínica más habitual al movilizarse un cálculo en el interior del riñón o salir del mismo bloqueando el normal tránsito de orina.”

Este dolor del que todo el mundo ha oído hablar, es muy característico ya que “comienza de forma súbita en la región lumbar y se irradia hacia la región genital y suele venir asociado a la presencia de náuseas o vómitos”, relata el experto de Roc Clinic. Las molestias “suelen calmarse aplicando calor o baños por inmersión en agua caliente y a diferencia de una lumbalgia, un dolor de espalda o una contractura muscular, el dolor tipo cólico no se modifica cambiando de postura”. A estos síntomas “se le añaden otros como sudoración y hematuria (sangre en la orina)” añade Sanz.

El tratamiento, en función del tamaño…

Tras el diagnóstico, el tratamiento de las piedras localizadas deberá ser individualizado, ya que, como indica Cabrera, “todo va a depender de la sintomatología que le haya condicionado la piedra al paciente”. Si no ha dado síntomas, ni ha ocasionado problema alguno en ningún momento y el cálculo no es lo suficientemente grande como para que vaya a producir síntomas, “es posible que no sea necesario tratarlo”. No obstante, añade, “cuando el cálculo tiene un tamaño considerable, por encima de 6-7mm, y va a generar obstrucción, sí debe tratarse”.

Por lo tanto, “el tratamiento dependerá del tamaño, pero también de otros factores como la localización del cálculo, su dureza, su naturaleza, si se han tenido cálculos previamente y si se sabe qué composición tienen”, explica.

En base a esto, hay un amplio abanico de posibilidades, “desde la litotricia, técnica que consiste en ondas de choque para la fragmentación de los cálculos, que se hace de forma ambulante y que es bien tolerada, siempre y cuando no existan factores desfavorables; pasando por la cirugía, que se ha desarrollado durante los últimos años de forma muy significativa, con aparatos miniaturizados para poder alcanzar el interior del riñón y, bajo visión directa, fragmentar las piedras; hasta la cirugía de mayor calado como puede ser la cirugía percutánea, que está condicionada fundamentalmente por piedras de gran tamaño, por encima de los 2 cm o 2 cm y medio”.

En cualquier caso, la ingesta de líquido es fundamental. Tal y como señala Sanz, “hay que llegar a orinar al día al menos 2 litros, así evitaremos que precipiten las sales minerales en la orina”.

Alimentos indispensables 

Uno de los puntos clave del tratamiento está en la alimentación. “Mantener unos hábitos de vida saludables y luchar contra el desarrollo de los factores de riesgo cardiovascular como la hipertensión, la diabetes y la obesidad son los pilares para mantener una buena salud renal”, recuerda Cabrera. 

Pero, ¿qué dieta deberíamos seguir para cuidar el riñón? “Las personas con cálculos renales deben intentar, por lo general, hacer una dieta sana, variada, mediterránea en la medida de lo posible y con abundante agua (lograr orinar entre 2 litros y 2 litros y medio al día) para aumentar el volumen de diuresis y evitar la sal (máximo 3 gr/día)”, señala Sanz.

Además de esto, “deberíamos reducir la ingesta de proteínas de origen animal a máximo 0,8-1 gr/kg peso y día”, señala. “Esto no quiere decir que se deba eliminar la carne de nuestra dieta, ya que las proteínas de origen animal tienen un alto valor nutricional, pero es preferible la carne blanca, como el conejo, el pollo o el pavo, y reducir a una ración a la semana de carne roja”.

Los azúcares “también se deben evitar en la medida de lo posible. Hay mucho azúcar en toda la bollería industrial y en los refrescos así como las bebidas carbonatadas, por ejemplo, que tienen un aporte excesivo de oxalato y azúcar”.

También es importante, “tomar frutas y verduras, sin excederse en las de hoja ancha, para evitar que se formen litiasis en el riñón”

Alimentos buenos para el riñón

Los alimentos básicos para la salud del riñón serían:

  • El agua es el medio de trabajo fundamental del riñón y favorece su imprescindible labor de filtrado, es recomendable beber a diario dos litros de agua de baja mineralización si es posible, ya que así ayudamos al riñón a la eliminación de sustancias perniciosas.
     
  • La piña, la manzana, la pera y los arándanos, que son fuentes de agua y fibra, y son ricos en potasio, y evitar las preparaciones enlatadas por su alta riqueza en azúcares. 
     
  • Cebolla, apio, brócoli y berenjena, que contienen alta cantidad de agua y minerales y oligoelementos como el calcio, magnesio y hierro.
     
  • Cereales integrales y legumbres (hidratos complejos), ya que son, además, una gran fuente de fibra.
     
  • No debemos restringir la leche ni los derivados lácteos, y mantener, salvo indicación expresa de nuestro médico, un aporte de 2-3 porciones a lo largo del día.

Alimentos malos para el riñón

Los mejores consejos para cuidar el riñón, según Cabrera, son:

  • Reducir el colesterol. Por tanto debemos reducir los alimentos ricos en grasas saturadas (carnes rojas y lácteos enteros) y aumentar las instauradas (pescado azul, aceite de oliva).
     
  • Reducir la cantidad de proteínas de nuestra dieta. El riñón limpia la sangre de los productos de desecho que se forman mayoritariamente de la descomposición de las proteínas. Idealmente solo el 10-15% de las calorías diarias deben proceder de proteínas.
     
  • Reducir la sal, que dificulta la eliminación del exceso de sodio, lo que genera aumento de la sed, retención de líquidos y la hipertensión, que es otros de los factores de riesgo cardiovascular a combatir. No debemos superar los 1,5-3 gr/ día y no debemos olvidar que está presente de forma oculta en muchos alimentos procesados.
     
  • Evitar los refrescos que suelen ser una fuente muy importante de azúcar y están relacionados de forma directa con el desarrollo de la diabetes y con la formación de litiasis de ácido úrico y oxalato calcio.

Fuente Cuidate Plus