Vinieron a la Argentina antes de ser Papas
Papas en la Argentina. Los que pisaron suelo argentino antes de su entronización: un cruce de Los Andes en mula y una misa multitudinaria
Papas en la Argentina: las visitas históricas antes del trono de San Pedro recorrieron la Argentina bajo diferentes condiciones antes de ser elegidos Sumos Pontífices
Hace 44 años, una visita histórica sacudió a la población. El papa Juan Pablo II llegaba al país en un viaje casi improvisado en el contexto de la Guerra de Malvinas. Fue una visita apurada, duró apenas 31 horas. Después volvió. Fue en 1987 y lo recibió el entonces presidente Raúl Alfonsín. Nunca antes o después de esos años un Sumo Pontífice pisó este suelo.
Pero la historia guarda una curiosidad menos conocida: varios papas recorrieron el país antes de ocupar el trono de San Pedro. Uno cruzó los Andes a lomo de mula; otro presidió la mayor concentración religiosa de la historia argentina; un tercero recorrió conventos agustinos en Buenos Aires, Tucumán y Catamarca. Mientras tanto, el único argentino, después de su entronización, nunca regresó a su tierra natal.
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“Me dispuse para bien morir…”
Giovanni María Mastai Ferretti nació en Italia, el 13 de mayo de 1792. Como padeció epilepsia desde muy chico, fue exonerado del servicio militar e, incluso, tuvo que desistir de integrar la Guardia Pontificia. Pero con los años esta condición desapareció “milagrosamente”, hecho que sus padres adjudicaron a “la intercesión de la Virgen de Loreto”.
Comenzó entonces su vida religiosa. Entró, finalmente, a las órdenes menores, fue subdiácono y diácono y, en 1819, se ordenó como sacerdote.

En 1823, cuando la Santa Sede nombró al arzobispo italiano Juan Muzi vicario apostólico en Chile, los integrantes de la comitiva se trasladaron desde Italia. Con ellos iba Ferreti que ejercía como auditor y canónigo. Desembarcaron en Buenos Aires y completaron el viaje hasta Santiago atravesando de este a oeste la geografía argentina, incluida la cordillera de los Andes .
Fue una travesía larga y peligrosa a bordo del bergantín Eloísa. El libro Viaje a Chile del canónigo don Juan María Mastai Ferreti (traducido por Sarmiento) cuenta varios detalles, como que la intención de dicho viaje también era “restablecer vínculos con las nuevas repúblicas independientes”.
También se narra la llegada: “Pero he ahí que al fin entran en el puerto de Buenos Aires, y recogidas ya las velas, y echadas las anclas, dieron aviso a la ciudad de su arribo con siete cañonazos […]. La mañana siguiente de este día que fue el tres de Enero el Supremo Gobierno mandó un bellísimo bote suyo con cuatro comisionados para recibir a Monseñor Muzi, su compañero Mastai, y los demás de la comitiva”.

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Los recibió una muchedumbre cariñosa, pero, por otro lado, una nota de LA NACION recuerda que ese afecto no se reflejaba en los gobernantes. En sus cartas, Ferreti escribió: “El gobierno, y en particular un tal Rivadavia, hicieron lo posible para sustraernos el tal concurso y finalmente nos intimaron la partida”. Por otro lado, también recordaba con benevolencia la visita de San Martín.
Remarcó en otra carta: “Esta mañana el señor general San Martín me honró con su visita y se puso a mi entera disposición para cuanto pudiera necesitar. Marchará pronto a Inglaterra e Italia, donde piensa detenerse un par de años”.

Pero por esa “intimación a la partida”, el 16 de enero emprendieron camino a Chile, el destino final. La percepción que le quedó de Rivadavia, que en ese entonces ejercía como Ministro de Gobierno, fue particularmente fuerte: lo describió como un “grande enemigo de la religión y, por consiguiente, de Roma, del papa y del vicario apostólico”, además del “principal ministro del infierno en Sudamérica”.

La comitiva pasó por Morón, Luján, Rosario, Río Cuarto, San Luis, Mendoza y más. Y, finalmente, cruzó los Andes. Detalló: “En cuatro sitios me dispuse para bien morir; los cuales atravesé con los ojos cerrados, dejándome guiar por una mula que montaba y recitando jaculatorias”.
El 16 de junio de 1846 fue proclamado Sumo Pontífice. Tomó el nombre de Pío IX y gobernó la Iglesia hasta su muerte, el 7 de febrero de 1878. Fue el pontificado más largo de la historia.
El gran acontecimiento del XX
Eugenio Pacelli nació el 2 de marzo de 1876 en Roma, se ordenó como sacerdote en 1899 y en 1901 fue nombrado secretario de Estado papal. En 1917, el papa Benedicto XV lo nombró nuncio apostólico en Baviera como parte de la iniciativa del Vaticano para poner fin a la Primera Guerra Mundial.
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En 1829 se convirtió en cardenal y en 1935 fue nombrado camerlengo. Ya para entonces, desde el año anterior y por lo menos hasta el siguiente, se dedicó a realizar misiones papales en Sudamérica y Norteamérica. Así, fue representante de la Iglesia en el XXXII Congreso Eucarístico Internacional, “el gran acontecimiento católico del siglo XX”, en Buenos Aires.

Viajó a bordo del Conte Grande, uno de los buques de pasajeros más lujosos de la época, y fue escoltado, a su llegada al país, el 9 de octubre de 1934, por seis buques de la Armada Argentina. La revista Time cubrió extensamente ese momento: “Mientras el transatlántico remontaba el ancho Río de la Plata, el buque insignia disparó una salva de 21 cañonazos y todas las embarcaciones a la vista engalanaron sus mástiles con banderas. En el brillante aire de la mañana primaveral sonaron las campanas de las 103 iglesias de Buenos Aires. Las baterías de la costa respondieron con otra larga salva y el cardenal Pacelli fue recibido al bajar del barco por el presidente argentino Agustín P. Justo”.
Después lo escoltaron en un carruaje. Las calles estaban atestadas de gente que llegaba a su encuentro. Lo llevaron a la casa de Adelia Harialos de Olmos, el Palacio Fernández Anchorena. Iba con él sor Pascualina, que entre sus tareas tenía la de cocinarle, y quien se hizo amiga de Adelia. La relación implicó, de ahí en adelante, un vínculo estrecho entre esta y el Vaticano. “Allí ocupó un austero departamento que contenía, por expreso pedido suyo, el mínimo indispensable de mobiliario”.
Después de esa visita, Adelia Harialos de Olmos donó el palacio a la Santa Sede, que lo convirtió en la Nunciatura Apostólica.

El congreso fue uno de los eventos más grandes de Buenos Aires: asistieron un millón de fieles. La apertura fue el 10 de octubre en un acto junto al Monumento de los Españoles (habían erigido una cruz gigante) en el que Pacelli celebró una misa. Después, por los altoparlantes se escuchó la voz del papa Pío XI: “Solo donde reina la paz de Cristo en el reino de Cristo existen verdaderas promesas. Solo así, en efecto, este pobre mundo, que vemos afligido por derramamientos de sangre entre hermanos y entre reyes, podrá encontrar una paz verdadera y estable, libre de tantos males”.
Cinco años más tarde, en marzo de 1939, fue elegido papa, para lo que adoptó el nombre de Pío XII.
Con una computadora portátil
El papa León XIV llegará al país en noviembre, pero ya antes, Robert Francis Prevost, como se llama, había recorrido varios rincones de la Argentina, cuando todavía no ejercía el rol actual.
Una de esas visitas fue en 2004. Se quedó tres días, entre el 26 y el 28 de agosto, en los que, entre otras cosas, inauguró la Biblioteca Agustiniana en Villa Pueyrredón. Esa vez no se enfocó solo en Buenos Aires, sino que recorrió varios destinos norteños.


Pablo Hernando Moreno, párroco de la iglesia San Agustín, contó más tarde sobre ese momento: “Prevost tenía la obligación de visitar a los agustinos de todo el mundo. Lo conocí por primera vez cuando llegó a la ciudad de Salta. Vino con una computadora portátil, que acá en ese momento no había. Lo pasé a buscar en auto, lo llevé a Cafayate y lo acompañé por todo el norte argentino, porque tenemos varias parroquias en Salta, Catamarca y Tucumán”.
En Buenos Aires también participó del Congreso Agustiniano de Teología, en donde conoció a Jorge Bergoglio, entonces arzobispo, cuando celebró la misa de clausura. Después se encontraron de nuevo en la primera misa pública de Bergoglio como papa, en la parroquia de Santa Ana del Vaticano. “Me pregunté si se acordaría de mí, y cuando llegó y entró en la sacristía, al verme, me reconoció inmediatamente y empezamos a hablar”, recordó Prevost.

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Poco más de un año después, el 3 de noviembre de 2014, Francisco lo nombró administrador apostólico de la diócesis de Chiclayo, Perú, y, posteriormente, obispo.
Más tarde, el 9 de marzo de 2013, volvió a visitar la Argentina. Esa vez lo invitó monseñor Alberto Bochatey el día de su ordenación como obispo auxiliar de La Plata. Habían estudiado juntos en Roma, y se consideraban “hermanos” de la orden.
Sacar un aprendizaje
El caso opuesto, de alguna manera, es, justamente, el de Jorge Bergoglio, que nació, se crio y estudió acá, ejerció como arzobispo de Buenos Aires desde 1998 hasta 2013 y, tras ser elegido papa ese año, no volvió nunca más a su país.
Su papado duró 12 años y terminó con una gran incógnita para todo el pueblo: ¿por qué nunca visitó la Argentina?. Hubo varias teorías. Muchos culparon a la “grieta” política. Aunque él siempre planteó que quería volver, finalmente no lo concretó, según la Iglesia, porque “nunca se dieron las condiciones apropiadas”.
Fuente: La Nación