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La historia del argentino que cruzó 15 países en bicicleta y busca llegar a Kansas para el debut de la selección en el Mundial

Junto a dos amigos, Miguel Silio vivió situaciones límite a lo largo de más de 15 mil kilómetros; el sueño de conocer a Messi

LA NACIONLeandro Contento

“El viaje es el camino; no el destino”, cuenta, desde Ciudad de México, Miguel Silio, quien se propuso recorrer los 16.300 kilómetros que separan Gualeguaychú de Kansas City a bordo de su bicicleta con el objetivo de alentar a la selección en el Mundial. Acompañado de dos amigos, este escribano de 56 años, que lleva más de dos décadas rodando por el mundo sobre dos ruedas y ya realizó travesías similares rumbo a Rusia 2018 y Qatar 2022, transita ahora el tramo final de su nueva aventura: en siete meses atravesó 15 países, dos hemisferios, vivió las cuatro estaciones del año y enfrentó momentos de tensión, como en la costa ecuatoriana -una zona dominada por los cárteles de drogas- y en el sur de Colombia, donde estuvo a punto de quedar en medio de un atentado perpetrado por células disidentes de las FARC.

“Soy cicloviajero”, se define Silio, mientras aprovecha una pausa en la capital azteca para reponer energías y conocer la ciudad. Calcula llegar a Kansas City en los primeros días de junio, entre una y dos semanas antes del debut de la Argentina ante Argelia, en el GEHA Field at Arrowhead Stadium, donde el equipo de Lionel Scaloni iniciará su camino rumbo a la cuarta estrella. Junto con Yamandú Martínez (49) y Vicente Conculini (29), Miguel partió desde la Municipalidad de Gualeguaychú el 16 de agosto de 2025, 11 días antes del sorteo del Mundial. Por eso, decidieron salir con margen, ante la posibilidad de que a la Argentina le tocara jugar en Vancouver, Canadá, la sede más alejada entre las 16 disponibles, o alguna ciudad distante dentro de Estados Unidos.

El recorrido por Corrientes, desde el aire: Silio y sus compañeros ya atravesaron 15 países.
El recorrido por Corrientes, desde el aire: Silio y sus compañeros ya atravesaron 15 países.

El trayecto comenzó en Entre Ríos y siguió por Uruguay, Brasil, Misiones, el Chaco paraguayo, Bolivia -a 4.000 metros sobre el nivel del mar-, Perú -a 4.800-, Ecuador y Colombia. Allí, Miguel, Yamandú y Vicente se enfrentaron con el Tapón del Darién, una peligrosa e inhóspita selva tropical situada en la frontera entre Colombia y Panamá: un paso impenetrable, utilizado por muchos migrantes que buscan ingresar de manera ilegal a Estados Unidos y que resulta imposible de sortear para cualquier vehículo. Intentaron contratar un velero que los cruzara por el mar Caribe, pero no lo lograron y terminaron viajando en avión, el único tramo que no hicieron por tierra. En Centroamérica, la odisea siguió por Costa Rica, Nicaragua, Honduras, El Salvador, Belice y México, desde donde partirán hacia Kansas, vía Texas.

“Hace 25 años que hago viajes todos los años, de entre dos y tres meses, generalmente junto a Martina, mi mujer. No soy ciclista profesional, ni siquiera amateur: me entreno corriendo, de vez en cuando alguna maratón o media maratón; la bici la descuelgo solo para viajar”, detalla Silio, quien va por su tercer Mundial en bicicleta. En 2018, partió desde Madrid: realizó la primera mitad del itinerario con ella y la segunda, desde Múnich, junto a un amigo. La vivencia lo marcó y la repitió en 2022, otra vez desde la capital española: hasta Estambul con tres compañeros de ruta; de Turquía a Israel con su esposa -pasando por Chipre, Mongolia y Palestina-; y desde Tel Aviv a Qatar, en soledad, ingresando por Arabia Saudita y adentrándose en el Rub’ al Khali, uno de los desiertos de arena más extensos del mundo.

La bandera de Gualeguaychú, presente en el Salar de Uyuni, en pleno altiplano andino del sur de Bolivia.
La bandera de Gualeguaychú, presente en el Salar de Uyuni, en pleno altiplano andino del sur de Bolivia.

Durante el periplo, el grupo cubrió un promedio de 100 kilómetros por día, dependiendo de las condiciones climáticas y factores geográficos. “Podríamos ir a mayor velocidad, pero la idea es disfrutar del camino, contemplar el paisaje. No es una carrera, es una experiencia”, explica Silio. Cada bicicleta está equipada con una alforja delantera y otra trasera, donde llevan ropa liviana y de abrigo, un botiquín de primeros auxilios, utensilios de cocina y banderas de cada país.

-¿Qué tipo de situaciones les tocó afrontar?

Los países son muy diferentes: el clima, la gente, la seguridad. Los recaudos no son siempre iguales, aunque hay cuestiones que no cambian. Por ejemplo: pedaleamos hasta las cuatro o cinco de la tarde, antes de que caiga el sol, y después buscamos un lugar para comer y descansar. No hacemos reservas porque muchas veces no sabemos hasta dónde vamos a llegar, aunque buscamos que el alojamiento esté, siempre que se pueda, en una zona céntrica. En países como Uruguay y Paraguay hemos parado en clubes, colegios e iglesias, y hasta hubo personas que nos abrieron las puertas de sus casas para dormir. En la ruta encontrás de todo: cosas buenas y otras no tanto.

La zona montañosa de Bolivia, uno de los tramos más exigentes por su geografía.
La zona montañosa de Bolivia, uno de los tramos más exigentes por su geografía.

-¿Sintieron miedo?

-La costa ecuatoriana es un tramo complejo. Es un lugar muy delicado, con fuerte presencia narco. Había un motín en una cárcel del país, con 14 muertos, y el consulado nos impidió seguir, por lo que tuvimos que saltear 200 kilómetros en micro. Intentamos informarnos sobre los riesgos de cada lugar, pero hay situaciones que se van surgiendo sobre la marcha. Y en el Valle del Cauca, Colombia, pasamos por un lugar donde, apenas unas horas antes, había explotado un camión. Nos pidieron que no avanzáramos; cuando pasamos al día siguiente, todavía quedaba el esqueleto del coche, calcinado, presuntamente por facciones de la guerrilla. Después, hay riesgos que tienen que ver con el tráfico: en muchas zonas, sobre todo en México, faltan banquinas y el camino se vuelve más peligroso.

-También pasaron Navidad y Fin de Año en la ruta. ¿Cómo fue vivir fechas tan especiales en pleno viaje?

-Nos encontró en Cartagena de Indias, mientras intentábamos conseguir un velero que nos cruzara a Panamá. Por suerte, familiares y amigos viajaron hasta Colombia para acompañarnos y darnos impulso para lo que venía.

Una parada distinta en Tulum, en la Riviera Maya, antes de continuar rumbo a la Ciudad de México.
Una parada distinta en Tulum, en la Riviera Maya, antes de continuar rumbo a la Ciudad de México.

Antes de cruzar a Panamá, las autoridades migratorias no los autorizaron a abordar el avión en Colombia sin un pasaje de regreso, por lo que debieron comprar tres boletos a Medellín -el destino más económico- para poder ingresar al país. Más tarde, en El Salvador, alguien alertó sobre su presencia y una patrulla se acercó para escoltarlos. Aunque buscaron desactivar el operativo, fueron guiando durante más de 100 kilómetros con motos, drones y otros móviles. Por esos días, Shakira se presentaba en el Estadio Cuscatlán, por lo que muchos creían que detrás de los patrulleros viajaba la cantante colombiana. Pero no: eran Miguel, Yamandú y Vicente.

En cada tramo, llevan la bandera argentina y la del país que cruzan; en este caso, la de Paraguay.
En cada tramo, llevan la bandera argentina y la del país que cruzan; en este caso, la de Paraguay.

“Viajar en bicicleta tiene una contra: lo que comprás, lo tenés que consumir, porque no tenés lugar para trasladarlo. Entonces no hay tentaciones: el único gusto que podés darte es probar comidas distintas”, explica Silio. “Comemos platos típicos y, a la noche, nos tomamos una cerveza; ese es el premio al final de cada etapa”, admite.

La odisea culminará en Kansas, donde estos tres fanáticos entrerrianos presenciarán el estreno de la selección en el Mundial. Luego, la seguirán por Dallas y otras ciudades del país, aunque ya no en bicicleta, porque los tiempos entre un punto y otro de Estados Unidos lo vuelven inviable. El gran objetivo, ahora, es conocer a Lionel Messi. “En 2018 tuve la oportunidad de ingresar a una práctica; en 2022 no lo logré. Ahora, el anhelo es compartir unos mates con Leo y contarle nuestra historia”, se entusiasma, y agrega que en las redes ya lanzaron el hashtag #CalentáElAguaMessi, para intentar llegar al ídolo.

El viaje continúa; la ilusión, como ellos, no se detiene.

Por Leandro Contento

Fuente: La Nación