A 2 horas de la Capital: palacete francés que será hotel
“La etapa más feliz de mi infancia”: el palacete francés que fue hogar de una familia y hoy se reconvierte de cara al turismo
Construido por el estanciero Don Pedro Estrugamou Larrat en 1904, el casco de la Estancia La Fortuna está próximo a convertirse en un hotel
Pasaron 122 años desde que una gran fiesta de inauguración con familia y amigos tuvo lugar en esta magnífica edificación que es un emblema de Salto hasta nuestros días. Según explica Fabián Valaco, director de Turismo del municipio, fue en 1898 cuando el hacendado, Don Pedro Estrugamou Larrat, mandó a construir un nuevo casco para la estancia. Descendientes de la familia sostienen que el bearnés Jean Eestrugamou la había comprado y heredado a su hijo Pedro, quien se puso al frente de la estancia, que en ese entonces tenía 2600 hectáreas.
Cuenta Mariana Ocantos, bisnieta de Pedro Estrugamou y de Cármen Sara Carlota Catalina Guillón, que hace un tiempo conoció por casualidad a una persona bastante mayor que recordaba a su bisabuelo. “Era un señor oriundo de Berdier, un pueblo a 2 kilómetros de La Fortuna, que me contó que había visto llegar a Don Pedro Estrugamou en tren y había sido recibido por una limusina con chofer de guantes blancos y por todo el pueblo, que salía a esperarlo cuando venía desde Buenos Aires, por lo generoso que era y por los regalos que repartía”, dice.

Mariana pasó allí parte de su infancia y se emociona al recordar la gran casa y la vida de aquellos años. “Nací en la ciudad de Buenos Aires y, cuando era chica, viajaba con mi familia todos los fines de semana a la estancia, donde mi papá también trabajaba”, señala. Recuerda que, a los siete años, cuando cursaba segundo grado, vivió durante un año en la estancia. “Mis tres hermanos y yo cursábamos cada uno un grado distinto con una maestra particular. Recuerdo que, a fin de año, rendimos examen libre en Salto”, asegura. Su abuela, María Luisa Estrugamou de Ocantos, casada con Eduardo Ocantos Acosta, había heredado de sus padres el casco de la estancia y unas 400 hectáreas, que se convirtieron en el centro emocional de toda la familia.
“Fue la etapa más feliz de mi infancia”, sostiene y rememora los arreos de vacas que hacían por la mañana y por la tarde, alternando con las clases escolares. “Esa misma maestra nos enseñó a tejer a mi hermana y a mí, algo que conservo como habilidad hasta hoy”, añade. Aquellos años les dejaron a ella y a su familia recuerdos imborrables, y admite que todavía se emociona al recorrer el camino desde la entrada de la estancia hasta Berdier que solían hacer a caballo.
Un regalo especial
El palacete demandó unos cinco años de construcción. “El proyecto fue diseñado por el arquitecto francés Le Bergère y todos los materiales empleados en la construcción fueron traídos desde Francia. Los jardines y el arbolado fueron diseñados por el paisajista alemán Otto Becker en 1902”, explica el director de Turismo de Salto.

El palacete fue un regalo de cumpleaños de Pedro a su esposa Sara Carlota, detalla el arquitecto Sergio Martínez López en su libro Patrimonio Arquitectónico Argentino, Memoria del Bicentenario (1810-2010). Se trata de un “típico casco europeizante representativo del espíritu de la Belle Époque de principios de siglo, la afrancesada arquitectura de la casa presenta planta cuadrangular con pabellones con mansardas y podio con escalinatas en sus fachadas; el detalle distintivo es el pequeño torreón con original cupulín rematado en mirador”, menciona Martínez.
“La casa principal tenía un living de unos ocho metros por ocho, con una gran chimenea. Con la remodelación posterior, ese espacio se transformó en un salón con una escalera que no existía en mi infancia”, dice Mariana. Además de la casa principal, había otras construcciones en la estancia como una casa de administración con cuatro dormitorios grandes y la casa de los caseros. Más atrás estaban la cancha de paleta, los cuartos del personal de campo y un galpón donde se guardaban las herramientas y dos carruajes. Uno de estos era liviano, de un solo caballo. “Le decíamos ‘la canastita’; lo usábamos para ir a pescar”, dice Mariana. También había un palomar y corrales para caballos y vacas, y un parque de entre 40 y 60 hectáreas con una enorme pileta.

“Tengo el recuerdo vivo de una construcción a la que llamábamos “la casita de los indios”, que era para nosotros, los nietos. Mi abuela llegó a tener 24. Las paredes eran bajitas y tenía un fogón antiguo del que todavía tengo fotos”, dice la bisnieta de Estrugamou. “También me acuerdo de que le teníamos miedo a la cúpula, porque nos decían que no se podía subir ahí porque había fantasmas. La cocinera dormía ahí y nos contaba que a ella le gustaba dormir con fantasmas”, cuenta.
Asegura que la familia conservó la propiedad hasta que ella tuvo unos 15 años. “Cuando murió mi abuela, los ocho hermanos no pudieron sostenerla en conjunto y decidieron venderla. La venta habrá sido hacia fines de los años setenta”, explica. Aclara, además, que de las 400 hectáreas que tenía la propiedad cuando la heredó su abuela, en la actualidad, luego de sucesivas ventas y subdivisiones, quedaron 15.

La propiedad pasó a una familia brasileña, encabezada por una mujer de apellido Rotea, que le realizó varios cambios. Más tarde la compró un empresario italiano, que la restauró entre 2008 y 2009 y abrió allí un hotel de lujo a puertas cerradas, destinado al turismo internacional, que funcionó durante poco más de una década.
Nueva propuesta
Actualmente, la estancia tiene nuevos dueños, quienes también destinarán la propiedad al turismo. Desde la administración actual, que lleva apenas unos pocos meses de gestión, aseguran que el proyecto para la Estancia La Fortuna es de turismo rural, con una impronta ecuestre y enfocado, sobre todo, hacia los retiros de bienestar y yoga. También estará orientado al turismo corporativo para retiros de management, directorios o equipos de alta dirección que busquen alojarse unos días y tener todo incluido (gastronomía, cabalgatas, yoga, entre otros servicios). Se prevé que la propuesta comience a funcionar antes de fines de año.

Actualmente trabajan en la redecoración de la casa principal que, según detallan, se encuentra en “muy buen estado” y en la restauración de dos construcciones más antiguas, una de estilo colonial y otra campestre, que son anteriores a la casona principal, aproximadamente de mediados del siglo XIX. “Las estamos reconstruyendo casi desde cero, tratando de conservar lo que más se pueda del original”, dicen desde La Fortuna. “La gente de la zona tiene un vínculo fuerte con este lugar”, añaden.
“Nos enteramos por redes sociales de la compra de la estancia y nos emocionamos mucho. Aunque la familia no pudo conservar la propiedad, valoramos que haya nuevos dueños dispuestos a cuidarla. Es un lugar que está en mi corazón y en el que tengo recuerdos imborrables”, finaliza Mariana.
Por Silvina Vitale
Fuente: La Nación