“Si quieres llegar bien a los 100 años, debes empezar ya”
Así lo advirtió uno de los principales especialistas en longevidad
Alexandre Kalache fue director de Envejecimiento de la OMS y está de visita en Buenos Aires; afirma que leer es el mejor estímulo contra el deterioro cognitivo
LA NACIONEvangelina Himitian

“Si quieres llegar bien a los 100 años, empieza a prepararte ya. Si tienes 20 años, genial. Si tienes 55, hazlo; si tienes 75, no pierdas un solo día. Cuanto más temprano, mejor, pero nunca es demasiado tarde para hacer cambios”, dice el epidemiólogo Alexandre Kalache, brasileño, uno de los especialistas que más estudiaron el envejecimiento. Él mismo transita sus 81 años en plena actividad y, por estos días, está de visita en Buenos Aires.
Médico y gerontólogo, Kalache preside el Centro Internacional de Longevidad Brasil y codirige la Age Friendly Foundation. Tiene un doctorado en Oxford, es fundador de la Unidad de Epidemiología del Envejecimiento de la Universidad de Londres y creador del primer máster en Promoción de la Salud de Europa. Por muchos años, dirigió el Departamento de Envejecimiento y Curso de Vida de la Organización Mundial de la Salud (OMS): allí concibió y publicó, en 2002, el Marco Político para el Envejecimiento Activo y, en 2005, la iniciativa Ciudades Mayores Amigables. Integra consejos en diferentes partes del mundo, trabaja como consultor en diferentes países y da clases en cinco universidades en el extranjero.
A Buenos Aires llegó para participar del seminario internacional “Envejecimiento poblacional y agenda urbana. Nuevos riesgos, sociabilidades actualizadas y nuevas respuestas”, organizado por el Consejo Económico y Social de Buenos Aires (Cesba) con apoyo de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso).

Cuando se le pregunta si imaginaba una vida menos activa a los 81 años, sonríe. Su agenda no para. Los organizadores de su visita tuvieron que reorganizar algunos de sus compromisos porque, además de participar de conferencias, Kalache quería poder pasear un poco por Buenos Aires. Sentado en una sala de juntas en el Cesba, desde el piso 11 contempla el ritmo frenético de la avenida 9 de Julio, justo delante del Teatro Colón. “Qué hermoso es. No importan los años que tenga, siempre está vigente”, resume.
–¿Cómo es una ciudad amigable con las personas mayores?
–El término se entiende mejor en inglés, “age friendly”. En realidad, es una ciudad amiga con la idea de que todos tenemos distintas edades. Si es bueno para mí, una persona mayor, es bueno para ti, para una mujer embarazada, para una persona que tenga alguna discapacidad, para un joven que tiene una mochila, es amigable para todos. Cuando yo era director [del Departamento de Envejecimiento] de la OMS, hicimos un estudio en Copacabana, para escuchar qué esperaban las personas mayores de su ciudad. Ya que en 2050, Brasil va a tener la misma tasa de envejecimiento que Copacabana. Después hicimos el mismo estudio en Vancouver, Canadá y en 130 ciudades. En la Argentina, fue en La Plata. Y el pedido de las personas mayores coincide. Piden que se respeten sus derechos, no solo acceder al sistema de salud, quieren ser parte de la vida urbana. Entonces se diseñaron ocho pilares de las áreas fundamentales, desde accesibilidad en espacios públicos, en edificios, acceso a la cultura, a la educación, a la salud, a ser respetados sus derechos y a tomar decisiones económicas. Hoy hay más de 1750 ciudades en la red oficial de la OMS y otras 1000 en proceso de incorporarse.
–¿El envejecimiento de la población es el mayor desafío de las grandes ciudades?
–Hoy hay dos grandes movimientos demográficos en simultáneo. Por un lado, el envejecimiento, que se suma a la caída de la fecundidad, y por el otro lado, la urbanización. Desde 2007, por primera vez en la historia hay más personas viviendo en zonas urbanas que rurales a nivel mundial. La pregunta es: ¿las ciudades están preparadas? Lo que estamos viviendo en países como Brasil y como la Argentina es un proceso nuevo y acelerado. Francia tardó 145 años en duplicar su población de personas mayores de 60 años. Brasil lo hará en 19 años, entre 2011 y 2030. Francia ya era un país rico y tuvo un envejecimiento gradual. Nosotros vamos a envejecer antes de lograr riqueza. Esto plantea enormes desafíos. Por eso es urgente adaptar las ciudades al envejecimiento acelerado y a las desigualdades sociales.

–El aumento de la esperanza de vida todavía tiene una deuda enorme con la calidad de vida. Las personas dicen “No quiero llegar a los 100 años, prefiero vivir hasta los 80, pero bien”.
–El envejecimiento de la población es la gran conquista del último siglo. Sin embargo, no es visto así. Nadie quiere ser viejo. Llegar a viejo, ser una persona mayor se asocia al deteriorarse, a dejar de ser. Cuando yo nací, la esperanza de vida en mi país era de 46 años. Hoy supera los 75 y yo tengo 81. Pero no alcanza con vivir más. Siempre lo digo, yo soy privilegiado: tengo recursos económicos para transitar esta etapa, tengo dónde vivir, tengo un techo sobre mi cabeza, comida en la heladera, una buena medicina prepaga… pero realmente soy la excepción. Hasta ahora, añadimos años a la vida. Ahora hay que aportar mejor vida a esos años. Para que no sean vividos como problemas individuales o problemas del futuros, se necesitan políticas públicas que tengan en cuenta que hoy más del 40% de la población de una gran ciudad vive esa realidad. El edadismo es una gran barrera y la falta de perspectiva de los políticos también, que siguen pensando que envejecimiento es algo que va a ocurrir en el futuro. Piensan que ellos mismos nunca serán viejos. Las personas mayores dicen: “Yo no quiero que tú me trates bien porque soy viejo. Yo quiero que tú me trates bien porque soy un ciudadano y tengo derechos, como tú”.
–Hay una generación intermedia, la llamamos la generación lasagna, que vive tironeada por las demandas de cuidado de la generación de sus padres y las de sus hijos. Ellos no le tienen miedo a la muerte, le temen al deterioro. ¿Cómo evitarlo? ¿Es simplemente una lotería genética?
–La genética es lo que menos influye. En América Latina, los estudios señalan que el principal factor de riesgo para el deterioro cognitivo, por ejemplo, Alzheimer, es la edad. A partir de los 80 años, el 40% de la población lo tendrá. Algunos leve, otros más importante. El nivel educativo es uno de los factores preventivos que más pesan. No es solo saber leer. Hoy tenemos muchas personas mayores que son analfabetos funcionales. Saben leer, pero no generaron una reserva cognitiva significativa. Y después, el estilo de vida es fundamental: tener hipertensión, tener alto el colesterol, no seguir una dieta saludable, falta de actividad física y pocos vínculos sociales son todos factores que aumentan las posibilidades de desarrollar un deterioro cognitivo.
–A veces, los cambios en el estilo de vida que se proponen resultan poco realizables para esa generación intermedia, que vive tironeada por el cuidado de otros y a la vez en una etapa laboral muy activa. Dicen “Quisiera ir al gimnasio, o comer más sano, pero…»
-Que el estilo de vida sea clave en el deterioro cognitivo no es equivalente a decir, es tu culpa. No, para que esto sea posible, necesitas de políticas públicas que lo acerquen, que lo hagan posible. Esta es la clave, lo que pueden hacer los gobiernos para que las decisiones saludables sean accesibles a todos.

–¿A qué edad deberíamos empezar a desacelerar la vida para lograr llegar en mejores condiciones a la vejez?
–No hay una edad. Yo prefiero pensar en cambiar de hábitos. Cuanto más temprano, mejor. Pero nunca es demasiado tarde, ese es mi mantra. Si quieres llegar bien a los 100 años, empieza ya. Si empiezas a los 20, estupendo. Pero si no te ha ocurrido prepararte para una longevidad, a los 60, los 70, 80, siempre un cambio de estilo de vida resulta beneficioso. Si fumaste toda la vida y ahora tienes 75, ¿es demasiado tarde para dejarlo? No. Es fundamental hacerlo cuanto antes.
–¿Existe una fórmula para garantizar una buena longevidad?
–No. Pero una buena clave es nunca dejar de aprender. Seguir aprendiendo aleja la obsolescencia frente a los cambios tecnológicos. Tú tienes que aprender desde la niñez hasta la vejez porque si paras de aprender, en cinco o seis años, estarás totalmente obsoleto. Imaginemos un mecánico: pensó que con su saber alcanzaba. Nunca se le ocurrió hacer un curso sobre electrónica, sus empleadores no se lo sugirieron. Llega un momento en que levanta el capot y no entiende nada. Solo podrá manejar un auto de aplicación, vivir precarizado. Pero esta no es una decisión individual. Ser amigables con la idea de la edad es crear condiciones para que todos los ciudadanos vivan en un estado de aprendizaje continuo.
–En las próximas generaciones, ¿el uso cotidiano de la IA acentuará el deterioro cognitivo y la pérdida de memoria?
–No hay estudios todavía, es una hipótesis, pero todo indica que sí. Eso es lo que está sucediendo. Hace 20 años, Noruega les dio tablets y dispositivos a todos los estudiantes. Hoy, decidió retirarlas. ¿Por qué? Estamos dándonos cuenta de que el patrimonio intelectual cognitivo no se forma igual si solamente tiene un estímulo visual. Lo que se aprende en una tablet no alcanza para generar otras ramificaciones cognitivas que el cerebro necesita desarrollar. No solo eso, probablemente vamos a llegar a esa edad con menor reserva cognitiva por el uso de estas herramientas. Todavía es una hipótesis, todavía estamos especulando. Pero yo tengo miedo. Lo digo y lo repito siempre: hay juegos para estimular lo cognitivo, talleres de memoria y todo. Pero nada brinda un estímulo tan completo como leer.
Fuente: La Nación