El día que Lady Di se quedó dormida
La ‘Bella durmiente’: “Fue una imagen encantadora”
La princesa Diana llevaba apenas unos meses de casada cuando, en 1981, quedó inmortalizada en una fotografía tomada durante un evento formal, los medios la bautizaron como la ‘Bella durmiente’, un retrato icónico que, a casi 30 años de su fallecimiento, sigue demostrando su gran humanidad
Para LA NACIONJessica Blady
El 29 de julio de 1981, los ojos del mundo se posaron sobre la Catedral de San Pablo, en Londres, donde Diana Frances Spencer –con tan solo 20 años de edad– se convirtió en la princesa de Gales al casarse con, por aquel entonces, el príncipe Carlos. La boda de ensueño, incluyendo el famoso vestido diseñado por David y Elizabeth Emanuel valuado en 9000 libras esterlinas, sigue siendo uno de los acontecimientos televisivos más vistos de la historia (unos 750 millones de espectadores); un número que, lamentablemente, sería opacado años más tarde por el funeral de Lady Di y sus dos mil millones de televidentes.
Aunque se conocían previamente, el interés mutuo de la pareja se despertó en el verano de 1980, durante un fin de semana campestre. Desde ese instante, Diana se transformó en el centro de todas las miradas y el objetivo preferido de la prensa; una ‘obsesión mediática’ que la acompañaría hasta las últimas horas de su corta vida, reflejando sus altos y bajos, sus angustias, sus momentos más felices y, también, algunas de las imágenes más icónicas.
La princesa del pueblo
Como princesa de Gales, Lady Di asumió sus deberes reales, en nombre de la monarca Elizabeth II, con gracia y un enfoque muy particular. Compleja y carismática, vulnerable y empática, siempre intentó mostrar su cara más genuina, y rompió todos los moldes de la realeza británica, causando más de una polémica; pero fue esa misma autenticidad la que le valió el cariño de la gente y su apodo más célebre: “La princesa del pueblo”. Diana parecía mucho más cómoda y relajada cuando participaba de trabajos caritativos y reuniones informales, en contraste con los glamorosos eventos protocolares en los reinos de la Commonwealth. Tanto en unos como en otros, las cámaras la seguían a todas partes, documentando cada movimiento de su día a día.
El matrimonio de Diana y Carlos pronto comenzó a agrietarse y el mundo confirmó lo que las imágenes ya daban por sentado: el cuento de hadas llegaba a su fin. Tiempo después, Spencer logró liberar un poco de ese peso contando sus experiencias personales a través de la biografía Diana: Su verdadera historia, escrita por Andrew Morton y publicada en 1992; además de la escandalosa entrevista con Martin Bashir para el programa Panorama de la BBC, donde la princesa no ocultó los problemas de salud mental por los que tuvo que atravesar. A pesar de todo, el pueblo, su pueblo, nunca le dio la espalda y atesoró el recuerdo de la princesa, inmortalizado en esas imágenes que, muchas veces, significaron más que mil palabras.

La princesa durmiente
El 4 de noviembre de 1981, Diana se ganó un nuevo apodo acuñado por la prensa: la “Bella durmiente”. El simpático apelativo surgió tras una fotografía tomada por Tim Graham en el Museo Victoria y Alberto de Londres, durante la gala de la exhibición Los esplendores de los Gonzaga, a la que la joven princesa, de tan solo 20 años, había asistido junto a su flamante esposo. Lady Di lucía un elegante vestido de noche de gasa azul claro diseñado por Bellville Sassoon y, por apenas unos instantes, la cámara ‘indiscreta’ de Graham la captó dormitando en un confortable sillón rojo.
“Parece que solo se quedó dormida un segundo o dos, luego se dio cuenta y se recompuso rápidamente, pero el fotógrafo ya había tomado la foto”, analizó la experta en realeza británica y europea Marlene Koenig, autora de Queen Victoria’s Descendants. Aunque no eran tiempos de redes sociales, el momento no tardó en hacerse mediático, justamente, porque el ‘desliz’ causó un gran revuelo entre las paredes del palacio de Buckingham, los seguidores de la realeza y los periodistas, no tan acostumbrados a esos rompimientos del protocolo.
La supuesta mala educación de la joven llegó a la tapa de los diarios con el título de la “Bella durmiente”. Pero lejos de indignarse, los británicos reafirmaron su adoración por Diana, cuya siesta pública no solo dejaba en evidencia su falta de experiencia en este tipo de eventos formales, sino que escondía una razón mucho más alegre. “Fue una imagen encantadora de alguien a quien se consideraba una princesa de cuento de hadas y, al mismo tiempo, un momento tierno que demostró que, a pesar de su rol, Diana seguía siendo humana”, afirmó Koenig. La gente ya creía que Spencer era una bocanada de aire fresco entre la monarquía, así que el apodo se consideró todo un halago para la bella y dulce princesa somnolienta.
¿Qué tendrá la princesa?
A pesar de la reacción positiva, el Palacio de Buckingham tenía una contingencia. Nadie sabe a ciencia cierta por qué la princesa de Gales se quedó dormida (ella nunca hizo comentarios públicos al respecto), pero muchos concluyeron que se debió al cansancio propio de las primeras semanas del embarazo, algo que no era de carácter público todavía. “Diana se casó muy joven y, como se supo al poco tiempo, quedó embarazada del príncipe William apenas dos meses después de la boda. Estaba constantemente bajo la mirada del público y no tuvo tiempo de adaptarse a su nueva vida”, concluye la experta.
Más allá del heredero en camino, la agenda de Diana había sido bastante ajetreada desde su casamiento en el mes de julio. Una semana antes del evento en el Museo Victoria y Alberto, había completado su primera gira real por Gales, y ese mismo día había asistido a la Apertura del Parlamento británico, ceremonia principal que marca el inicio de la sesión en el Reino Unido.

Tras la publicación de la foto, Buckingham reaccionó inmediatamente y notificó del embarazo al día siguiente, el 5 de noviembre de 1981. Un anuncio único en su tipo hasta el momento, que incluyó una actualización sobre el estado de salud de la princesa y las felicitaciones de la reina Isabel II y el príncipe Felipe donde, además, pedían que se respetara la privacidad de la futura madre. El público estaba emocionado y un tanto aliviado, no solo por entender las posibles causas del letargo de Diana. Por aquel entonces, ya había problemas en el paraíso y rumores de que algo no andaba bien en el matrimonio real. ¿El bebé llegaría con un pan bajo el brazo?
Detrás de la cámara
Si la ‘bella durmiente’ fuera una fotografía actual, Tim Graham podría ser el autor de un gran meme. Su nombre, tal vez, no es de los más destacados cuando se trata de plasmar a la familia real –como Antony Armstrong Jones, más conocido como Lord Snowdon–, pero su trabajo no ha pasado desapercibido.
Graham comenzó su carrera como asistente en una agencia fotográfica de Fleet Street (Londres) y, de a poco, fue asumiendo otras responsabilidades y tomando encargos fotográficos, incluyendo a la familia real. Tenía dieciocho años cuando le tocó cubrir la llegada de la Reina Madre a un acto oficial; un comienzo accidentado –el flash de su cámara no funcionó debidamente– que no pasó desapercibido para la monarca quien, en seguida, se prestó para una nueva toma.

La pasión por viajar despertó el interés de Tim por fotografiar a la familia real. En 1968 cubrió la primera de muchas giras reales –cuando Elizabeth II y la princesa Ana visitaron Austria– y, desde entonces, acompañó a la casa Windsor por más de cien países y eventos protocolares. Su nombre ha aparecido al pie de infinidad de imágenes en las principales revistas y periódicos del mundo, sobre todo desde que empezó a trabajar de manera autónoma en 1978. Y, a lo largo de los años, también fue invitado a realizar fotografías oficiales: como el 18º cumpleaños del príncipe Eduardo en 1982; los príncipes de Gales junto al pequeño príncipe Guillermo en 1983, antes de su gira por Australia; o las fotografías del 40º aniversario de bodas de su majestad y el príncipe Felipe.
En 2002, Graham fue responsable, según sus propias palabras, de “la fotografía más difícil de su carrera” al ser invitado por la reina, en su año del Jubileo de Oro, para ser fotografiada junto a los otros seis monarcas reinantes de Europa en el Castillo de Windsor. Una imagen histórica, ya que era solo la segunda vez en cien años que se celebra una reunión de semejante magnitud. Al final del día, el fotógrafo quedó conforme y muy satisfecho de la profesionalidad de sus majestades, los que ya tenían una amplia experiencia en fotografías similares.

La vida de Diana pasó por delante de la cámara de Graham, desde su ingreso a la familia real hasta las fotos que tomó durante la celebración de su 36° y último cumpleaños en la Tate Gallery, el 1° de julio de 1997. Con el tiempo, el fotógrafo se alejó de los castillos para retratar paisajes, personas, culturas y naturaleza, además de temas de actualidad que lo siguen llevando de viaje por los diferentes continentes. Su trabajo con la realeza hoy forma parte del extenso archivo de Getty Images –incluida la ‘Bella durmiente’–, y tras la muerte de la princesa publicó Diana, Princess of Wales: A Tribute; uno de los tantos libros que celebran su vida, sus apariciones públicas y sus momentos más íntimos sin juzgarla… como esa imagen de una joven princesa que se quedó por unos segundos dormida en el trajín de sus responsabilidades.
Por Jessica Blady
Fuente: La Nación