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  • «El Tano» arma las valijas rumbo a la temporada en Carlos Paz.
  • Cuenta qué hace para lograr «una tercera juventud» en lugar de una tercera edad.

Hubo un tiempo en que Rodolfo Ranni espantaba al Clero y a la Liga de Madres de Familia y era citado por la Justicia. Una era en que le comía la boca a Gerardo Romano en cámara e impulsaba al Cardenal Quaracino a pedir a los cuatro vientos el levantamiento de la miniserie Zona de riesgo.

De aquel escándalo que hoy parece un chiste pasaron poco más de 30 años y varias vidas para «El Tano». Tiene 88 años, más de 1.000 personajes en el lomo, 44 años de casado en segundas nupcias, «36 libre de humo» y varios paradigmas sociales atravesados.

«¿Que por qué sigo trabajando? ¿Qué voy a hacer sentado?», pregunta y teoriza sobre el descanso. «Los actores dejan de actuar solamente cuando se mueren. Hay que trabajar, no queda otra, porque sigue costando comprar las cosas en el chino de la esquina y porque es un privilegio actuar: hay actores que ahora están manejando un Uber».

Ranni habla con los pulmones a media máquina por una neumonía a la que los medicamentos están atacando y, sin embargo, no hay medias tintas. Toma partido, saca aire de donde no tiene, marca tonos, sube la intensidad. Está en su paraíso de Ingeniero Maschwitz, la chacra en la que ama perder la señal de celular y en la que pocos lo ubican.

Anda girando con Negociemos, una comedia dirigida por Ernesto Medela con Marta González, y poco más de un mes llegará a Córdoba para hacer temporada. «Vamos a Carlos Paz, pero también a toda la provincia, pueblo por pueblo. Me gusta eso de llevar el teatro a la vuelta de la casa de la gente que tal vez nunca fue a un teatro porque no hay teatro. Yo amo hacer funciones en la canchita de básquet«.

Dice que la juventud está en su voz, en las cuerdas inalterables. Que no hay secretos anti-age, ni fórmulas de eterna juventud. «Como bien, me tomo mi vinito, casi no tomo remedios. En mi familia había dos bandos: o se morían jóvenes o muy viejos. Yo soy parte de la banda longeva«.

La longevidad tiene también un precio: la piel curtida por múltiples dolores, el recuerdo fundacional de ese hábitat de muerte en el que pasó sus primeros diez años hasta que un barco que surcó el mar 35 días lo trajo a la Argentina.Rodolfo Ranni de niño junto a su madre y su hermano mayor.Rodolfo Ranni de niño junto a su madre y su hermano mayor.

Criado en Trieste, el pueblo de Fažana (hoy Croacia), creció frente al agua con el paisaje de los cadáveres de la Segunda Guerra Mundial flotando. Uno se pregunta cómo se ordena la psiquis de un niño que juega en medio del horror, que naturaliza las armas, los bombardeos, la sangre mientras juega a las escondidas. «Aunque jugaba con granadas era feliz pese a todo. Lo cotidiano era amanecer con los muertos, e ir viendo si tenían las manos atadas con alambre de púa. Pasó hace tanto y no puedo quedarme en eso, pero lo recuerdo exactamente».

«Llegué el 13 de diciembre de 1947. En el barco, desde Génova, viajamos mamá, papá, hermano y hermana. Mi padre tenía en Argentina dos hermanos que eran dueños de restaurantes. Al año de vivir en este país, papá murió de cáncer de hígado. Yo lloraba todos los días, porque quería volver a casa. No tengo dudas de que esta es mi casa. Soy argentinísimo«.

Su argentinismo se cuenta en escenas magistrales de cine. Una para enmarcar, por ejemplo, la de El arreglo, de Fernando Ayala, en la que interpreta a un capataz de una empresa estatal que soborna a los vecinos para instalar agua corriente. Pero es en la película En retirada en la que genera una repulsión suprema. Compone a «El Oso», un monstruo torturador y violador al que se le acaba la «ocupación» llegada la democracia.Rodolfo Ranni en la película "En retirada".Rodolfo Ranni en la película «En retirada».

No quiere hablar de política, pero en un punto, lo hace. «No soy analista de nada, pero te cuento una anécdota de la Argentina de 1947, cuando llegué, y eso te lo va a decir todo«, propone. «En el restaurante de mi tío en Paraguay y Alem, se comía primer plato, plato principal, postre y se tomaba un cuarto de vino y un café, todo por un peso. Accesible».

-A la vez, muchos niños tenían que salir a trabajar para ayudar en sus casas…

-Sí, yo a los diez, recién llegado, pedí trabajo a un comerciante. «¿Qué sabés hacer?», me preguntó y me ofreció una changa. «No tengo baño y hago pis en un tacho. Si cada mañana vas y tirás el pis en la boca de tormenta, te doy 50 centavos». Le pedí que en lugar de eso me pagara con una galletita Tita. Mi primer sueldo fue una Tita.

-¿Siente que sus 88 años duraron un parpadeo o tiene una noción extensa del tiempo?

-No pienso en eso, pero tengo una teoría: el futuro no existe, solo existe el pasado. Y yo no sé que voy a hacer en un rato, pero sí sé que tengo muchos pasados por vivir todavía. Le prometí a mi hija Estefanía que voy a vivir hasta los 105. Y soy un hombre que cumple sus promesas.

Secretos de nuestro Mastroianni

La definición más acertadamente graciosa la hizo alguna vez Gerardo Romano. Se refirió al hombre como «el mejor puteador de la Argentina». Rodolfo lanza la carcajada, agradece y admite que le divierte, pero quiebra el mito. «No soy puteador en lo cotidiano. Y cuando puteo, lo hago en italiano. «Cazzo (carajo) o stronzo (Mierda) son livianos. No pienso reproducir cuáles digo»."Sibarita y fisfrutador de la vida", lo definen los colegas a Ranni.«Sibarita y fisfrutador de la vida», lo definen los colegas a Ranni.

Luego de que María Valenzuela abandonara la dupla con Ranni en la obra La noche de la basura No recibí buen trato de parte de él. Su personalidad me estaba haciendo daño», confesó), muchos colegas hacen hincapié en su carácter. Su virtud o defecto, según se mire, es la honestidad brutal. Lo certifica Iliana Calabró, que en sus inicios compartió elenco en la obra Potiche, en la que encarnaba a su hija, junto a Mirtha Legrand y a Juan Carlos Calabró.

«Lo suyo es el buen comer, una buena mesa, un buen vino. Es capaz de estar en Córdoba e irse hasta Alta Gracia para comer unas buenas rabas. En un momento hacía sus propios embutidos en su chacra. Es un gran disfrutador de la vida. Un sibarita, relajado, de bajo perfil. Disfruta sin parafernalia».

En 2006 Iliana fue su «enemiga», finalista junto a Rodolfo del Cantando por un sueño. «El Tano canta muy bien y yo le terminé ganando. Eso le daba mucha vergüenza a mi papá, que un día antes había llamado a Tinelli para pedirle que el premio fuera para los dos», se ríe. «Ranni quedó con bronca y está bien. Dice de frente todo lo que siente. Admiro que no tenga doble cara».

Al principio no había una marcada vocación artística, sino una fantasía sobre el dinero en el rubro. Era cadete de la Compañía de Seguros Franco Argentina cuando a los 15 lo capturó el teatro. Con un agujero paterno y la necesidad de ser escuchado, se metió en un grupo independiente en el que estaban Onofre Lovero y Haydeé Padilla: terminaron fundando el Payró.

Al tipo que fue Enzo Ferrari en la serie de Coppola, que fue Intendente y miembro de una Logia en Herederos de una venganza y el mandamás de un club nocturno en La jaula de las locassu arte le valió elogios presidenciales impensados, pero también algún susto policial.Ranni con su mujer Silvia y algunas de sus cuatro hijasRanni con su mujer Silvia y algunas de sus cuatro hijas

En 1984, por ejemplo, visitó Casa de Gobierno invitado por Raúl Alfonsín, por el Oso de Plata en el Festival Internacional de Cine de Berlín al filme No habrá más penas ni olvido. En 1992, en cambio, lo fue a buscar la Policía a Canal 13.

Con Zona de riesgo, ciclo en el que encarnaba a Alberto, un señor enamorado de Juan Carlos capaz de dejar entrever su ternura y susurrar sensualmente al oído «también yo te amo, tontito», Ranni formaba parte de lo que las revistas definían «la TV chancha». El tema llegó a la Justicia.

La jueza Amelia Berraz de Vidal ordenó el secuestro del tape en el que Romano consumía droga. Acusaban a los artistas de «apología del delito». Finalmente el tema quedó en la nada, y en los semanarios empezó a hablarse de su «panza erótica»: «No ando con un detector de ratones», respondía a cara de perro.

Cuatro hijas, dos matrimonios

«Perito» de tucos, Ranni es un «capotavola». En italiano, significa el cabeza de la mesa, el que reúne a la familia y los amigos como con un imán. La Redonda, su chacra desde hace medio siglo en hectáreas que compró para recrear parte de su infancia en Italia, es el punto de unión del clan.

De los dos «matrimonios con papeles» que atravesó nacieron Estefanía, Eleonora, Carolina y Victoria. Las dos primeras son fruto de la relación con la actriz Alejandra Da Passano (quien murió en 2014). Las dos menores, de su amor con Silvia.

De Maschwitz se fue en 1987, después de un robo, y se instaló en San Isidro, pero la paz del lugar lo hizo volver y poblar su espacio de gallinas, caballos, chanchos, gansos. En 2001 se mudó a España y regresó en 2005, convencido de que quiere morirse en la Argentina.Con Marta González en la obra que protagonizan, "Negociemos".Con Marta González en la obra que protagonizan, «Negociemos».

«La intimidad de mi familia me la guardo. Hay cuestiones que no me gusta compartir, porque en el fondo soy realmente vergonzoso», jura.

-¿Vergonzoso? Nunca se notó…

-Siempre fui así. De chico unos parientes me hacían cantar canzonettas y lo hacía detrás de la puerta de la vergüenza. Eso no cambió. Como no cambió a esta altura el ponerme nervioso cuando estreno. Ese es el momento en que me gustaría que estrenase otro y yo pudiera ir al otro día.

-¿Eso es miedo al rechazo, al error o qué?

-Es el miedo a defraudar, a no cumplir con la responsabilidad. Pero enseguida me olvido. Puedo tener 42 de fiebre, subir al escenario y como el personaje no tiene fiebre, te juro que lo que dura la obra yo no tengo fiebre. Además, soy actor de la puerta para afuera.

-¿Qué significa eso? ¿Jamás se mareó?

-No, soy actor solamente cuando actúo. No me gusta la gente que tiene cara de lo que hace. El verdadero reconocimiento es estar desde hace 70 años en las cocinas de la gente. Hago una vida normal. Me gusta usar alpargatas y caminar sobre la bosta.

Fuente: https://www.clarin.com/historias/rodolfo-ranni-recuerdos-nino-jugaba-cadaveres-vida-88-edad-piensa-vivir_0_MMJCIO1oxr.html